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domingo, 21 de septiembre de 2014

JAPI BERDEI TULLU, GABRIEL FUSTER

Hoy es nueve de noviembre y voy a tener una fiesta de cumpleaños porque cumplo ocho años este día. Mi mamá, Pilar Marta Patricia Monterroso Pons de Martínez, se halla tan debilitada de su dieta rigurosa que dice no ser capaz de mover un músculo para mostrar cortesía a nadie, por eso mi papá se hará cargo de los preparativos para la piñata, si sabe lo que le conviene. Mi mamá está acostada en su recámara con una toalla mojada sobre los ojos y desde ahí distribuye responsabilidades, algunas completamente imposibles. Se asoma al espejo, con la misma curiosidad con que espía a los vecinos. Ella dice que organizar una fiesta infantil es invento de un monosabio, que mejor debió llamarla “Fiesta brava”. La señora Escalera, la señora de la limpieza, asegura que tendré una fiesta muy bonita, que no haga caso de la filosa culpa cristiana. Ella escucha hasta el cansancio la radio, en la estación 96.2 megahertz, “La Consentida”, y, entendiendo ese mundo de soledad, sabe trapear, sabe barrer y sabe limpiar el sueño salpicado, de todas las veces que el refrigerador tiene una crisis nerviosa y se deshiela.

                No sé.
                Mi fiesta de siete años fue muy feliz. 
                Yo dije que quería una fiesta de etiqueta y mis papás se apresuraron a quitarle todas las pegatinas a los frascos de la alacena y las regaron como pétalos de rosas sobre una alfombra roja. Cosas de mujeres. Invité a todos mis amigos del Colegio Interamericano. Inclusive Paco de la Fuente. Paco de la Fuente suele perseguirme por todo el salón con mocos en la mano, pero mi abuela dice que la familia de Paco es gente igual de intragable, pegajosa y no te deja respirar, pero gente acomodada al fin. Mi suerte es muy diferente bajo la estrecha supervisión de un adulto, específicamente la abuela. Invité a mi mejor amiga, Lupita Garnica, que es un poco más alta que yo porque usa un aparato ortopédico de aluminio, de manera que ocupa su pupitre no muy distinto de los juegos mecánicos en los parques de diversiones. Su papá cumple condena de diez años en prisión por robo de maquinaria, propiedad de petróleos mexicanos, y su segunda mamá fue aeromoza de Aeroméxico, hasta que le quitaron el trabajo por una acusación de contrabando. La abuela siente pena por mi amiga Lupita, porque piensa que debe sentirse como la princesa encantada hasta los ánimos de sapos y culebras. Con gran satisfacción para ambas, Moloko, mi duende imaginario tiene el poder de la invisibilidad. “Habla, Moloko ¿Dónde estás?”, le digo. Muchas veces tengo miedo de chocar accidentalmente con él. Cuando el trato social toma ese rumbo, siempre cuentan las tareas del tercer grado, donde recién aprendimos a conjugar los verbos “jugar”, “crecer” y “cumplir”, excepto por Nelson Echeverría que es disléxico. La abuela dice que eso significa “adoptado” en latín. Gabriel Fuster es el niño genio. Otro caso por el estilo, en lo que se refiere a hacer monstruos a la medida. Yo pienso que es adorable, aunque muchas veces es demasiado callado, al grado que parece tener una cremallera por boca. Eventualmente, alcanza a ser parte de esa  alegría colectiva declarando a los cuatro vientos que ya los pajaritos cantan y la luna se ha metido y todavía puede leer a Camus. Aquí y allá, serpentina de colores, confeti y sombreritos cónicos para provocar a los niños de la casa de junto. Quince caritas angelicales te quedaron viendo que no tuviste invitación firmada. Un fotógrafo no entrará en escena más que para traer la luz que nos hiere a cambio de una sonrisa o un bostezo. La luz usada deja quemaduras de ámbar en la cuadratura anómala del instante fotográfico. Yo dije que quería una fiesta de disfraces y el fotógrafo mira molinos donde hay gigantes. Feliz cumpleaños, pequeña Graciela.
               Mi maestra Elsa hizo su llegada puntual. La mamá de Tomás Ortiz dice que es Katy la oruga. A ella no le gusta que la llamen gorda. Ella prefiere que la llamen a comer. Ya sea pozole, quesadillas de huitlacoche, tamales de dulce, de chile o de manteca por cualquier otro nombre. Una cosa es tener conciencia y otra tener ganas. Ella nos ha enseñado cuentos con las primeras letras y canciones divertidas, pero durante los recreos se la pasa encerrada en el baño llorando y quejándose del modo que la Secretaría de Educación trata a las mujeres con doctorados. También pregunta si el papá de Rosa Barroso está disponible para dormir juntos, desde que sabe que dejó a la esposa por una cajera de Wal Mart de 19 años, porque Rosa los ha visto ensalivándose la cara y el pecho uno al otro. Yo le pregunto a Jorge Guadarrama si está disponible el sábado en la noche para acostarnos como los adultos, pero él me indica que su hora de irse a la cama es a las siete y media. Entonces mi abuela comenta: “Marta, la boca de esta niña es un bote de basura”. Mi mamá sabía que hay enfermedades que se transmiten por las ideas, pero mi maestra Elsa sale en defensa pidiendo que no repriman mi crecimiento hormonal. No soy esa muñeca vestida de azul, porque mi mamá siempre tiene la  opinión que cualquier ropa me queda grande. No importa que este año, yo crecí más que los otros niños. Le pregunto a mamá: “Mami, cuando sea grande, ¿Seré una esposa trofeo, igual que tú?”. Por supuesto, pequeña, mira que exitosas son tus Barbies. Cierto, tengo tres muñecas Barbie; una que es modelo y entrenadora de aerobics. Otra que es exitosa abogada penalista con guardarropa de Armani y otra que es Santa Barbie de la Sagrada Iglesia de Mattel. La mayor parte del tiempo me ocupo en hablar a favor de las tres desde mi teléfono Fisher-Price, explicando al oso de peluche que no todos los buenos libretos tienen que irse con Resident Evil o Lara Croft. En otra ocasión, llamo a Paramount Pictures para avisar que Moloko ha regresado de su internado por rehabilitación y se muere por trabajar. Moloko es el próximo Henrik Ibsen de las listas navideñas. Abuela trae a su recuerdo aquellas muñecas de trapo bautizadas con todos los nombres ocurrentes, zurcidas con puntos de sutura y el habla de izquierda a derecha, al grado de servir como objetos preciados de colección. Las actuales muñecas tienen cuerpos de prostitutas. No entiendo la palabra. Mamá explica que la palabra prostituta significa actriz. Lupita Garnica y yo decidimos decirle a la maestra Elsa que queremos ser prostitutas en la pastorela de la escuela. Mejor aún, yo podría ser la agente de Lupita y cobrar el 20 por ciento de sus ganancias. La maestra responde que sí, aunque la mejor prostituta desespera por el teatro Bukkake. La voz de su conciencia replica: “¿Tú quisiste decir Kabuki?”. Bah, con los términos japoneses no se puede abrir los ojos. Papá anuncia que ha llegado el momento de abrir los regalos, así que la gritería desaparece por encanto. Los invitados se acercan pausadamente, secándose el sudor, formando un torpe círculo alrededor mío, para ver lo que contienen los envoltorios que abro. Rodrigo Zamorano tiene un mal gesto usando los listones arrebatados del moño como antifaz. Además, su regalo no me gustó mucho. Bah, un rompecabezas. Ni siquiera le giran los ojos con mi duro golpe sin aviso. Caramba, qué lástima, que lástima de dolor de cabeza. Mi regalo favorito fue el de Amanda Quiñones, porque era una lagartija roquera viva. El reptil brinca fuera de la caja y cruza la sala con paso decidido entre los festejantes hasta llegar al sofá cama y desaparecer detrás del mueble y los gritos. Mi segundo regalo favorito fue un estuche de bisutería de fantasía, conteniendo una buena cantidad de cristales rectangulares y breves, en colores rojos como los rubíes intensos, verdes como las esmeraldas, azules como los topacios, rosas como los charcos del suavizante para ropa. Leticia Espinoza me obsequió un pony de hule que permite peinar las crines para aprenderte de memoria una misma trenza. Muchos regalos son juguetes que ya poseo. Nada parecido a alguna alfombra mágica que me lleve a sobrevolar las tierras de Samarkanda. Sin embargo, la parte más divertida es el papel de los envoltorios, pues el papel produce una sensación felina al momento de desgarrarlo en mil pedazos. Mi maestra Elsa me regaló un reloj pulsera y yo le di las gracias, porque mis papas me pellizcaron de un brazo y dijeron: “¿Cómo se le dice a las personas que nos regalan figuras menores del sueño?”. No me obligaba a decir “gracias” en el intercambio de un beso. Mi hermano me regaló un pantalón de mezclilla, aunque yo imagino que el regalo más bien proviene de mis papás, por eso yo le di un beso, en lugar de reírme en su cara. La risa del payaso domina los demás ruidos. El payaso hace figuras de globos estilo Jugendstil que reparte entre los presentes. Tiene un nombre raro, Pepe Pepe, como si fuera la culpa de un volatinero tartamudo que lo bautizó, y habla como el tío Rubén, pide un aplauso para el amor y refiere su conocimiento sobre África al público que le escupe los caramelos chupados a los pies del par de zapatos fronterizos: Es verdad, soy un payaso, pero ¿Qué le voy a hacer? Piensen, ¿Cuántos niños africanos no han comido un payaso en su vida? Amanda lo corrige: Señor, no porque no puedan, sino porque saben chistoso. Anuncia un chiste, pero acaba quejándose entre dientes de tener un espectáculo exitoso en los cruceros, especialmente en el semáforo de Lafragua Y Díaz Mirón, al tiempo que no se explica qué diablos hace allí, poniendo su acto de malabares dentro de una pompa de jabón. Tenue, pero perverso. Y ya reía sin control. De pronto, tuvo una convulsión y cayó al piso. Se lo llevaron al hospital y lo pusieron en cuarentena. Dicen que muestra síntomas de courolfobia crónica. Paco de la Fuente confía a Leticia Espinoza que en su fiesta de cumpleaños tuvo un mago que saca interminables pañuelos de la manga y ayudó a desaparecer a su tía Irma con las palabras mágicas que le enseñó en escena. Leticia Espinoza presume de su fiesta de cumpleaños en que tuvo una subasta de obras de arte con piezas sumerias del año 3,300, anterior a la era cristiana. Yo escucho los susurros entre ellos y rompo a llorar, puesto que mi fiesta estaba muy simplona. Abuela dice que no tengo por qué llorar, que cuando tenga mis hijos ya entenderé el por qué los cumpleaños sirven para mantener vivo al niño que se lleva adentro, a menos que el ginecólogo anuncie gemelos. Papá pregunta: “¿Quién quiere pastel?”. Quién elige el camino de la tarta de merengue, no se equivoca nunca. El pastel tiene un palacio de azúcar como decoración y está relleno de ron, aunque el único alcohol permitido en la fiesta es desinfectante. La maestra Elsa pide una rebanada pequeña porque está a dieta, del mismo tamaño que las cinco primeras que se comió. La guerra de los pasteles aguarda la señal de soplar con saliva gorda el primer momento que las siete velitas hacen fuego. Todos los niños miran su plato y empiezan a llorar.
              Pensándolo bien, mi fiesta de siete años no fue muy feliz.
<p>             C’est fête d’anniversaire plus, nous mourrons bientôt.</p>
             La señora Escalera, la señora de la limpieza, asegura que tendré una fiesta muy bonita, que no haga caso de esa deprimente urgencia de herir sentimientos. Ella es capaz de darse cuenta que, dentro de los visualizadores de los electrodomésticos, en luces muy tenues, se puede leer la palabra “auxilio”, porque los aparatos tienen alma también. Entonces prodiga una palmadita en la cabeza porque, adquirido ese don de sanación en los muchos años de servicio, sabe trapear, sabe barrer y sabe arreglar el sueño descompuesto, de todas las veces que la plancha eléctrica entra en calor con el burro y se apaga.

LA VENTANA CERRADA

Publicación del Puerto de Veracruz
1994-1998

Empezó como una hoja tamaño carta impresa por ambos lados, que circulaba cada semana de mano en mano (un flyer doble). Pretendió informar de lo que ocurría en la ciudad y en otras partes en arte y cultura, además de dar a conocer poemas, relatos, dibujos y fotografías. Terminó como revista mensual, de 32 páginas, con una beca de coinversión del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y el Instituto Veracruzano de Cultura (Ivec).
La idea que nos animó no fue hacer una labor periodística consistente, sino ocupar un vacío, el de la divulgación de temas que se estaban quedando sin que nadie los registrara.
Así llegamos al número 60, el 15 de marzo de 1995. El número 61 salió trece meses después, el 15 de junio de 1996, con un editorial que titulamos “En medio de la crisis”. Entonces escribimos:
“No hubo esquela ni llantos [en el número 60], sino votos por la reaparición de estas hojas de información cultural y de arte, de literatura. A pesar del escepticismo que tuvimos hace quince meses [¿fue por un error escribir número quince o aludíamos a algo que habría ocurrido dos meses antes?], hoy podemos alegrarnos de por lo menos dos cosas: la amistad entre quienes trabajamos en la edición de esta publicación semanal sobrevivió a la violencia de la economía de México, indefensa en los mercados extranjeros —podría decirse que también sobrevivimos junto con nuestra amistad—, y además reencontramos entre estas ruinas que no se ven, a los lectores, que no quisieron olvidar el humanismo que aun en los refugios antidesastres seguimos respirando.”
Ahora diría que estas hojas tienen la resistencia de los árboles. Cortas ramas y por algún lado les salen ramas nuevas. Y ahora, veinte años después del primer número —todavía no se apellidaba “cerrada”—, lo que veo que estuvimos haciendo fue incisiones en un tronco. No queríamos guardarnos los escritos del día, sino compartirlos: nos adelantamos a Facebook con papeles donde hicimos algo parecido a llamadas telefónicas para saludar y decir ¿cómo estás? Hoy, todos lanzan selfies, o memes, si quieren decir: aquí estoy, pienso en ti, mira que hice o qué encontré. Hace veinte años todavía usábamos rollos Kodak y cámaras Polaroid. (“En febrero de 2008 Polaroid anuncia el fin de la fabricación de película para sus cámaras, que dejó de fabricar en 2007”, nos acota la Wikipedia.) Y aparecieron los “blog”. Un tipo de independecia: cada autor publica sus textos y el mundo se entera, aunque quizás no sus amigos.
Le puse a un blog Letras de Veracruz, en 2011, para facilitar su localización. Hoy registra 25,336 entradas. A otro le puse Veracruz Literario, en 2013. Ahí están, a la deriva y siguen registrando visitas. En esas visitas casi nadie deja un comentario.
La nostalgia me lleva a sugerir que abramos un blog que se llame La Ventana Cerrada, que los amigos tengan la clave y que publiquen lo del día, lo de la semana, y que lo anuncie cada quien en Facebook. Si se lee o no, como si estuviera en papel, es algo que dejaremos al azar, en un año muy de Julio Cortázar. O no, que cada quien tenga su blog, como de hecho ocurre, y que comparta sus creaciones. La ganancia será que dentro de veinte años amigos más jóvenes las encontrarán y sabrán que el día no tiene nada más sol y luna y árboles y lluvia y viento, sino gente que escribe poemas, cuentos, textos…
Como hace Gabriela Delgado, quien va anotando sus poemas en Facebook. Lo más que puede pasar es que un día encontremos un aviso como este, en donde publicaba Carlos Morán:

Estimado usuario:

EL PAÍS dejó de albergar los blogs de La Comunidad el pasado 26 de agosto. Los responsables de las bitácoras pueden exportar su contenido, para conservar todo lo publicado y seguir actualizándolas, escribiendo al correo 
atencionclientes@elpais.com antes del 15 de septiembre.

Muchas gracias por su confianza. Reciba un cordial saludo,
El equipo de La Comunidad

Pero cuando eso ocurre el usuario ya se mudó a otros sitios:

Mientras retomamos el impulso de aquellos años he estado insertando noticias de parte de lo que pasa en la ciudad de Veracruz, desde el 14 de febrero de 2014, y en otras ciudades y países en:


Transcribo algunos textos, como el análisis de La Ventana Cerrada que hicieron Jesús Garrido y Luis Antonio Vázquez Heredia, publicados en el número 71-72 (28 de agosto – 4 de septiembre de 1996) y que fueron leídos en la Sala Oriente del IVEC el 23 de agosto y en la Galería del Estado, en Xalapa, el 6 de septiembre de ese año. El de Garrido lo inserté aquí, en Letras de Veracruz, en la entrada anterior.

LITERATURA Y ARTE

TEXTO DE JESÚS GARRIDO*

La Ventana Cerrada, en su nueva época, celebra hoy [septiembre de 1996] su presentación oficial, postergada algunas semanas pero, a pesar de ello, oportuna. Siempre será oportuna la existencia de una, llamémosle también, constancia, evidencia del quehacer literario y cultural del puerto de Veracruz.
La Ventana abre hacia adentro porque es allí donde transcurre el mundo verdadero. El otro, el mundo de afuera, el de las ventanas abiertas, no guarda ningún misterio.
Juan Joaquín Péreztejada escribió, con motivo del número inaugural:
“Iniciar una nueva aventura literaria siempre da un poco de miedo. Ir acompañado de Jaime Velázquez es como tomarse una dosis de meyeril de veinticinco y y vivir, como alguna vez los franceses, en la resistencia cultural. ¿Qué hay en Veracruz digno de difundirse? ¿Qué está pasando que el lector deba saber? Aquí vamos.”
Para estas fechas, agosto de 1996, reemprendemos la publicación de La Ventana Cerrada ya no más con la natural desconfianza hacia el futuro, sino con la certeza de que sí hay alternativas que ofrecer a los lectores, con gran confianza en ese extraño privilegio, la amistad.
Ya lo decía Borges, y decía muy bien: “un suplemento cultural es un grupo de amigos que se reúnen a hablar de los temas que les gustan y que los unen”.
Esto nos lleva al incómodo terreno de las definiciones. ¿Qué es La Ventana Cerrada, una revista, un suplemento, un folletín, una hoja literaria? Respuesta inmediata: es una publicación porteña semanal. En todo caso no es cuestión de formatos sino de contenido.
Pero veamos. Los antecedentes directos de La Ventana Cerrada parten de una revista, Galeón, y de La Puerta, sección cultural de Llave, revista especializada más bien en política.
Galeón surge en 1988, con una periodicidad promedio de uno o dos meses y logra subsistir cuatro números. Galeón era una revista volcada hacia la creación, cuento y poesía, con algo de crítica literaria. [Resto del párrafo, omitido.]
La Puerta aparece tres años después como consecuencia de la búsqueda de espacios del Centro Literario de Veracruz, integrado por Marisol Robles, Mary Carmen Gerardo, Jesús Garrido y Juan Joaquín Péreztejada, contando con colaboraciones permanentes de Jaime Velázquez.
La Puerta era una sección dentro de la revista Llave, fungía más bien como suplemento si nos atenemos a la opinión de Ignacio Solares, director de Diorama de la Cultura, suplemento cultural de Excélsior, de 1971 a 1976:
“La página o sección está hecha para informar de los hechos que acaecen diariamente en el ámbito cultural y el suplemento debe servir, entre otras cosas, para reflexionar sobre tal acontecer”. René Avilés Fabila, nombradso en 1985 director de El Búho, también suplemento de Excélsior, comenta al respecto:
‘A un suplemento yo le daría una vocación más de creación; es decir, más espacio para el ensayo, la crítica literaria y cinematográfica, el poema, el cuento, el fragmento de novela…’.”
La Puerta era todo eso, y dadas las posibilidades de Llave, incluyó fotografías y viñetas. De allí que otros colaboradores fueran ya no sólo escritores sino también fotógrafos y dibujantes: Genaro Aguirre, Miriam Gasperín, Ali Gardoqui, Arturo Talavera, Leonel Zárate, Rosete.
Un intento más reciente data de principios de 1993, año en que aparece Hipócrita Lector, revista con una propuesta a medio camino entre Galeón y La Puerta, que no pudo sobrevivir al primer número pese al entusiasmo de su editor, Juan Joaquín Péreztejada.
Ciertamente, el panorama literario en Veracruz presentó, en el lapso referido, 198893, otras publicaciones, escasas en número y que no podríamos llamar antecedentes directos de La Ventana Cerrada. Sin embargo, merece mención aparte Sólo para intelectuales, suplemento de Notiver dirigido en el espacio interdécadas por Carolina Cruz, el cual gozó, cosa rara en periódicos locales, del apoyo del director del periódico, más cuando sabemos que suele verse el suplemento como un añadido, un lastre que no genera aumentos significativos en las ventas.
La Ventana Cerrada, como Galeón e Hipócrita Lector es independiente y su fuerza es la voluntad de trascender de sus editores y colaboradores. Supone, además de los ya mencionados, la incorporación de otros nombres en los afanes culturales: Carla García, Erika Rocha, Óscar Reyes, Fabiola López, Ariel García, Jorge Álvarez, Zarathustra Vásquez, María Ofelia Broissin.
Por lo que hace a su contenido, en La Ventana Cerrada conviven, en el más fiel espíritu de la época, cuento y poesía, crítica y ensayo, viñetas y fotografías, música y cine, artes plásticas y escénicas.
Aunque podríamos reconsiderar esto último y marcar una tendencia común hacia los soles de arena y las flores de sal, cotos de caza, culto del poema. La poesía escribe, trata y reintenta en cada número, conviviendo siempre en armonía con las otras disciplinas. Por ello, La Ventana es un intento visual, imagen que entra por la vista pero penetra también por el oído.
Para aquellos que piensan que la literatura y el arte que no se practica, presenta o difunde en el D.F. son vanos e intrascendentes, ésta y otras muchas publicaciones mexicanas, que no de provincia, se levantan, aún con la desventaja de un centralismo inmoral, temeroso del país mismo, caen […] y vuelven a levantarse.
Podríamos resumir que La Ventana Cerrada es una publicación local, nunca localista, imbuida de una universalidad que por sí misma no pretende excluir sino asimilar, reinventar: universalidad natural, la de las almas que habitan luz adentro, detrás de las ventanas.


(Omitimos el epígrafe y los cuatro primeros párrafos del texto.)

miércoles, 2 de julio de 2014

CULTURA: EL PÚBLICO

En la promoción de la literatura los costos son altos y las instituciones no se preocupan por comercializar, gastan un presupuesto anual. Pongo aquí el ejemplo de un amigo que invitó el IVEC hace más de veinte años. Llegó de Guadalajara en avión, lo llevé en mi coche a Xalapa donde habló en la Facultad de Letras. Algo hizo también en la ciudad de Veracruz. Creo estuvo en el hotel Prendes, que todavía era útil. Le di el dinero que le reponía el instituto, lo de un boleto de ADO. Él esperaba lo del avión. Le dije que no, que me hubiera avisado. En fin, perdí su amistad y él se quedó con una deuda.
¿Cuánto cuesta una conferencia? (¿y cómo valuar su utilidad años entonces o después en la mente de los que la reciben). Si es alguien de fuera hay que pagarle transporte, alojamiento, alimentación. ¿Cuánto se ahorra el público? Depende del número de personas que asisten, quienes además invierten tiempo, gasolina o taxis, estacionamiento o “parquímetro” (que yo llamaría alcancía callejera; cierra la boca a las ocho de la noche). Hay que sumar cenas y bebidas si se quedan a platicar en algún restaurant o bar. Digamos que la institución gastó dos mil pesos y que hubo veinte personas: son cien pesos por persona. Si hubo diez personas, son doscientos pesos. Pero hay que agregar gastos de publicidad, de invitaciones (impresión y reparto), de programas (que no se estila). Tendríamos que saber cuánto ganan mensualmente los empleados que participan, desde que se reunieron a decidir, llamadas telefónicas, atenciones para el invitado, y dividirlo por el tiempo utilizado. Y hay más gastos que considerar: los de los reporteros de la fuente, que van en otra cuenta.
Convendría hacer una encuesta para saber si a esas diez o veinte personas les interesaba realmente ver al conferenciante (podía haber hablado desde donde vive en una pantalla; así divulgaron una conferencia de Carlos Fuentes en Xalapa, a través del sistema de videoconferencias de la Universidad Veracruzana).
La oferta cultural carece de medios de difusión comerciales. Una persona famosa promovida por la televisión vende, aunque hay que poner carteles en postes y árboles por vastas zonas de la ciudad. Escritores cultos y comerciales, como el mismo Fuentes o Elena Poniatowska, consiguen más audiencias (funciona la comunicación de persona a persona) pero aumenta el costo (para ellos sí hay avión), hay que dividir entre más concurrentes, incluido un público “de altura”, como gobernantes (un alcalde) o dirigentes culturales (un rector o vicerrector).
Un visitante de lujo reciente en la USBI UV fue Fernando Savater. Habló menos de una hora frente a ¿quinientos? alumnos (ignoro cómo fueron convocados, ¿de verdad todos sabían quién era este escritor?) y ciudadanos.
Volvamos al presente, junio de 2014. El día 12 dio una conferencia Manuel Sol Tlachi, especialista en Díaz Mirón. Vino de Xalapa. Pasó la noche en el puerto. ¿Costo? ¿Número de concurrentes?
En la presentación del jueves 26 en la USBI UV hubo vino, refrescos, hielo, “bocadillos” (caros, deliciosos), vasos y platos desechables, servilletas (propina al muchacho que sirvió). ¿Costo entre concurrentes? (*) Ese día en el CEVART hubo café. Uno de los conferencistas, Horacio Guadarrama, vino de Xalapa. Los fotógrafos apuntan al público pero no las difunden. Al día siguiente, viernes 27, el poeta Mijail Lamas habló de su libro allí mismo. Me enteré al día siguiente.
Un grupo de escritores hizo varias sesiones de lectura en las semanas recientes, en las que el público fueron las personas invitadas a leer a lo largo de más de tres horas.
En la galería Casa Principal el sábado 28 a mediodía estuvo un escritor tabasqueño. Imposible asistir a esa hora, todavía laboral para muchos.
Queda mucho por decir, por lo pronto dejemos algunos temas por descifrar: la ciudad de Veracruz es una plaza apetecible, que luce bien en el currículum de poetas y artistas; el presentado responde a la llamada de la fama y se siente único; comprar el libro promovido es un buen motivo para asistir, porque si no es de la mano del autor difícilmente se encontrará después en librerías; el público siente que lleva un conocimiento nuevo e invaluable; uno va a platicar con la gente conocida, si no ¿a qué va?, no piensa comprar ese libro. Los gestores culturales se sienten satisfechos por el deber cumplido, ofrecen cultura a la población y usan el presupuesto disponible. Mañana será otro día.


*Cálculo conservador de dinero invertido: $300.00 por cada uno de los autores del libro, que son ocho. Uno faltó, y si no cooperó, la cantidad sube a $350.00 por persona.

lunes, 16 de junio de 2014

VOLPI DESATADO EN ARGENTINA

Sin nombre del entrevistador, la página cultural del periódico argentino Clarín publicó el 3 de junio declaraciones del narrador Jorge Volpi, quien respondió como hacían los viejos patriarcas de la literatura mexicana, en el estilo de “lo que digo debe aceptarse”. Viaja como diplomático y habla como personaje de ficción. El entrevistador anónimo dice de la generación de Volpi que “hace poco eran la nueva narrativa mexicana y que hoy ocupan cargos importantes en las embajadas del mundo”. Volpi fue invitado por la Universidad Nacional de San Martín para que hablara de su libro más reciente, Memorial del engaño, el relato de un timador profesional, un estafador que opera en el corazón de Wall Street. (Y sí, Volpi vio la película de Scorsese.)

Para ahorrar tiempo de lectura, transcribo las partes que se refieren a la cultura mexicana y agrego un comentario.

A la pregunta “muchas veces se dice que los escritores mexicanos tiene una situación económica más holgada que los escritores de otros países de la región, pero al mismo tiempo tienen menos independencia con el Estado”, dicha con malicia, jiribilla o ignorancia, Volpi contestó:

–México tiene el Fonca, el sistema de apoyo a la creación más grande del mundo, junto con algunos países orientales. Hay becas a artistas de todas las disciplinas y de todas las edades. En el momento en que se creó esto, era un vehículo de legitimación que necesitaba el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) con las clases intelectuales, pero muy pronto se institucionalizó. No ha habido un solo caso en la historia del Fonca de alguien a quien no le hayan dado una beca por sus opiniones políticas. No ha pasado. Lo que sí pasa, es que hay quejas todos los años, porque los jurados tienen sus amigos. Eso es típico, pero pasa en todos lados cuando se otorga un premio.

Comentario inevitable: ¿Seguro? Las becas del gobierno federal son anteriores a 1988. Quizás se refiere al Fonca, pero antes las daba otra oficina, el INBA, que luego fue INBAL.

Otra pregunta: ¿Y el hecho de enviar a escritores como agregados culturales, ¿no se puede pensar como un modo de “comprarles” la palabra?

–Bueno, el PRI lo institucionalizó un poco desde antes, desde principios del siglo XX. Fueron de embajadores Octavio Paz, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis. Algunos más jóvenes, como Juan Villoro. Y de mi generación, a muchos NOS INVITARON del gobierno de Vicente Fox, como a Ignacio Padilla, a Jordi Soler, a mí. Y sí: siempre crea tensiones. Yo fui agregado cultural en París, y en ese momento cuatro agregados culturales nos manifestamos en contra de que México apoyase a Estados Unidos en la guerra de Irak. Y hay que decir que no les hizo gracia, pero no hubo ninguna represalia. Pero puede haber tensiones, eso es cierto.

Dudas forzosas: ¿“un poco”?, ¿”desde antes”?, ¿desde principios del siglo XX? Sí caben diferentes personas en el mismo saco, pero Volpi da una imagen distorsionada y ahistórica.

Pregunta: Mencionaste a Paz y a otros escritores mexicanos. Y otra particularidad de la escena literaria mexicana, al menos como se ve desde acá, es que el campo intelectual parece estar concentrado sobre una figura de poder durante mucho tiempo, como sucedió con Paz durante décadas. ¿Por qué sucederá eso?

–Primero, hay una cierta imitación del modelo francés, de intelectual comprometido, que funcionó durante toda la segunda mitad del siglo XX. Siempre hubo además grupos intelectuales agrupados alrededor de revistas, como pasó también en Argentina. Simplemente, creo que la existencia del PRI buscaba que se consolidaran ciertos liderazgos intelectuales con los cuales poder dialogar. Incluso siendo clara oposición al régimen priista, como fue el caso de Paz en muchos momentos. Pero también es cierto que a partir de ahí se consolidan figuras cuyo poder simbólico les trae de pronto un poder real gigantesco. Ese fue el caso de lo ocurrido con Paz: ese poder tenía consecuencias claras en la realidad. Esto ha ido desapareciendo. Esa relación perversa entre los intelectuales y el poder en México se ha ido diluyendo en los últimos años. Primero, porque el PRI dejó el poder, y el PAN ha sido un gobierno muy anti intelectual. Entonces ya no le tenían ni tanto respeto ni tanto miedo a los intelectuales. Y por otro lado, en la época priista, los intelectuales eran los únicos que tenían la capacidad de criticar al gobierno. Ahora son los expertos, politólogos y opinadores profesionales los que están en todos los medios, así que los intelectuales ya no tienen esa posición. Y, por último, está la muerte sucesiva de casi todos nuestros intelectuales paradigmáticos, que cierra una época.

Tristeza infinita: la facilidad con que Volpi hace un resumen de más de cien años de vida cultural concuerda con la imagen limitada que tiene el entrevistador: “el campo intelectual parece estar concentrado sobre una figura de poder durante mucho tiempo, como sucedió con Paz durante décadas”. Visto así, el “poder” de Paz fuera de México podría considerarse “consolidado”. (Y otro Nobel que vivió décadas en México, ¿cuánto contaba?) Dentro de México, colaboradores y "amigos" estudiosos del fenómeno Paz admiten que se trataba de un monólogo, que la izquierda, por ejemplo, no lo tomaba en cuenta, y la derecha Volpi la considera “muy anti intelectual”, vista en el desempeño de gobierno de presidentes del Partido Acción Nacional: ¿son así todos los panistas? ¿Y qué hacemos con Manuel Gómez Morín? Y más: los expertos, los politólogos, ¿no son intelectuales? ¡Ya no tienen esa posición! Por favor, alguien que le diga a Woldenberg.

Pregunta: ¿Cómo fue tu trabajo en el canal estatal 22 de México?

–Una gran experiencia y también algo inesperado. Ese canal, que es realmente muy bueno, lo fundó un escritor, José María Pérez Gay, que murió el año pasado. Por eso había cierta tradición en que un escritor pudiera ser el director. Yo no tenía ninguna experiencia en televisión y fue realmente interesante. Hubo plena libertad de expresión y el desafío de hacer lo más posible con un presupuesto muy limitado. Pero es la única manera que tienen en ciertas zonas del país de acceder a ciertos contenidos culturales. Fue una muy buena experiencia.

Incrédulo ante tantas majaderías, pregunto a mi vez: ¿es realmente muy bueno el canal 22? ¡Cierta tradición! Fueron escritores en apoyo a gobernantes priístas los que consiguieron abrir el canal. ¡Volpi no tenía ninguna experiencia! Sería bueno para la Wikipedia saber cómo logran algunas personas brincar de una oficina a otra de gobierno. ¡Hacer lo más posible con un presupuesto muy limitado! Se ha hecho lo menos con muy poco dinero, digo yo, a juzgar por la oferta cotidiana del Canal. ¡Ay, mi querido Volpi, ex director del Canal 22! En algunas partes del país el Canal 22 se ve por televisión de paga, en muchos hogares no reciben esa señal, ni la de TVUNAM, y hacen falta datos de la cantidad de consumidores que lo ven.

Otra pregunta: Si no me equivoco, esa experiencia se cortó porque te llamaron para ser agregado cultural en Roma y finalmente no pudiste asumir el cargo. ¿Cómo podrías resumir lo que pasó ahí?

–Sí. Saliendo del canal me nombraron agregado cultural en Italia. Y simplemente tenía que dejar tres meses entre un puesto y el otro. En ese tiempo di algunas conferencias, entre ellas una en una universidad de España, inaugurando un ciclo sobre México. Ahí fui muy crítico de la guerra contra el narcotráfico, y eso me costó el puesto. Ese es el resumen de la historia.

Sí, digo, un buen resumen, ¡fallido!, de una historia en su mayor parte secreta.

domingo, 15 de junio de 2014

ARTISTAS SIN RED PROTECTORA

Cuando en otros países o en otras ciudades los artistas, intelectuales, periodistas protestan y logran avances en las leyes creemos que un mundo mejor está cerca. Se crean institutos de protección para trabajadores, para niños, para la mujer. Aumentan las páginas de los códigos civiles y penales, aparecen reglamentos y pasan los años y sigue quedando mucho por hacer, como si no se pudiera diseñar el futuro, porque lo cómodo es ir detrás: ¿quién iba imaginar que existiría un invento como Internet? Y años después las leyes acerca de Internet en México no generan conocimiento sino intentos de restringir su uso.
Cuando los artistas alzan la voz porque no tienen seguridad social, porque nadie imagina que haya artistas jubilados, porque son maestros y están en un renglón que sí los reconoce como sujetos de derecho, porque la sociedad cree que todos los artistas son millonarios gracias a las ventas de sus obras…
¿Y qué pasa si cambiamos la palabra artista por la de poeta?
Hubo un tiempo en México que un poeta logró que un periódico le pagara por la publicación de sus obras, fue hace cien años y el que exigió remuneración se llamó José Juan Tablada. Y cien años después hay periódicos que no pagan por los textos que publican. Y no todos los conferencistas reciben honorarios. Y no son invitados a comer con los visitantes de fuera porque son gente del lugar que puede irse a su casa y regresar.
La palabra placer contribuye a esta situación. Como leer es un placer, los promotores de lectura aportan gratis su trabajo. Y no se piensa en subsidiar a los lectores, se les pide que ahorren para que compren libros, si tanto les gusta leer.
Úrsula Ramos Ramírez recibió una atención deficiente en la CLÍNICA SAN LUIS de la ciudad de Veracruz. Primero, el médico (que tiene nombre) la dejó en manos de las enfermeras (que tienen nombres). Y la lastimaron del brazo izquierdo buscándole una vena para trasfundirle sangre. La lastimaron tanto que a sus padecimientos por la edad hoy vive en un grito de dolor porque está perdiendo su brazo.
Hace años, un periodista de Notiver le atropelló un pie en la calle Canal, frente al Instituto Veracruzano de Cultura. Un accidente, como los que ocurren todos los días porque las licencias de manejar se las dan a todo mundo, porque la industria del automóvil es poderosa y las poblaciones crecen a su sombra. Y Úrsula Ramos Ramírez pasó meses encamada y después de mucho tiempo pudo volver a caminar. Desde entonces dejó de manejar y vendió su coche, para siempre.
Pero Úrsula Ramos Ramírez fue maestra en el Tecnológico de Veracruz y está jubilada, tiene atención médica del ISSSTE. Pero Úrsula Ramos Ramírez escribía notas de divulgación cultural para El Dictamen. Pero Úrsula Ramos Ramírez atendía un taller de literatura en el IVEC. Pero Úrsula Ramos es promotora de la música a través de la asociación civil Conciertos Líricos, ha sido maestra de piano y canto, y, sobre todo, es poeta: artista de la palabra.
Como persona, tiene derecho a que la Clínica San Luis responda por el daño que le causó. Como poeta, que quiere decir persona con una sensibilidad especial, diría extraordinaria, tiene derecho a ser tratada bien, como lo pediríamos para cualquier otro ser humano.
Desde aquí, por medio de las palabras que son instrumento de artistas y de sociedad, exhortamos a los legisladores para que haya protección para los artistas y resto de personas que trabajan (Úrsula Ramos Ramírez sigue escribiendo cotidianamente a sus casi noventa años de edad) y que no tienen su futuro asegurado, que dependen de sus familias. Y a un Ministerio Público que atienda este daño.

Jaime Velázquez, 14 de junio de 2014

ANIVERSARIO LUCTUOSO DE DÍAZ MIRÓN

Comentarios y fotos publicados en www.facebook.com/pcsur.veracruz

José Antonio Herrera Cerezo La obra literaria de Díaz Mirón admirada y aplaudida por generaciones. Escritores, poetas, ensayistas, críticos encabezados por Marcela Prado Revueltas, Jaime Velázquez Arellano, Ivonne Moreno Uscanga, Gerardo Soto Paz, Isabel Lorenzo, José Antonio Herrera, Alfredo Jiménez, Agustín Guerola y Mont-c David Sánchez, coordinados por Miguel Salvador Rodriguez Azueta se encargaron de compartir vida y obra del bardo veracruzano.

Sesión vespertina. Conferencia magistral de Manuel Sol Tlachi. Alfredo Jiménez Torres, continuador de la Escuela de Declamación Juan Moreno en la Casa Museo Díaz Mirón; Juan Carlos Ocampo Rodríguez, promotor de lectura Veracruz 500 años; Gerardo Soto Paz, coordinador del taller de investigación literaria Clavijero que se reúne en la Casa Díaz Mirón; Jaime Velázquez Arellano, conferenciante; Miguel Salvador Rodríguez Azueta, director de la Casa Museo Díaz Mirón; Ivonne Moreno Uscanga, subdirectora de Cultura del H. Ayuntamiento de Veracruz; Manuel Sol Tlachi, catedrático de la Universidad Veracruzana y conferenciante magistral el jueves 12 de junio de 2014.

Veronica Parra Parada Cuando fui directora de Casa Díaz Mirón me tocó celebrar los 80 años de su fallecimiento y le monté un altar de muertos, invité a gran parte de su familia, una actriz de moda leyó sus versos y por un buen rato tocó Delfino, el mejor arpista de Veracruz. Encendí velas y coloqué papel picado. Fue un espectáculo de primer nivel... !!! Lo recuerdo con cariño porque fue un esfuerzo individual !!!

Sesión matutina. Miguel Salvador Rodríguez Azueta; Marcela Prado Revuelta, conferenciante; Ivonne Moreno Uscanga, Jaime Velázquez Arellano.

José Luis Yépez Sosa Siendo directora de la casa museo la Lic. Patricia Eugenia Gómez de Guerrero, allá en el final de la década de los 90s, por conducto de la Lic. Rosa María Hernández Espejo regidora de Cultura del H. Ayuntamiento en ese entonces, fui contratado para desarrollar el cartel conmemorativo del aniversario luctuoso del poeta Don Salvador Díaz Mirón, contando con la participación del maestro pintor Jaime Vega y con la supervisión del Lic. Raúl Martínez Torres, secretario técnico de la Regiduría. Realizamos la obra la cual fue del total agrado de las autoridades ya mencionadas, y del mismo presidente municipal Francisco Ávila Camberos. Me complace hacer mención que el dibujo a tinta realizado por el maestro Vega hace más de 15 años aún prevalece, y es precisamente el que se encuentra detrás del presidum en la foto que nos comparte la Lic. Glenda Castillo.

Participación de Jaime Velázquez Arellano.


Gerardo Soto Paz Aún conservo dicho cartel. Fue en el aniversario número 70.