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lunes, 13 de agosto de 2012

SEBASTIÁN ROBLES, ARIEL IDEZ, MATÍAS CAPELLI, OLIVERIO COELHO


Sebastián Robles, Ariel Idez, Matías Capelli (Buenos Aires, 1982), Oliverio Coelho (Buenos Aires, 1977)
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IOSI HAVILIO, SELVA ALMADA, HERNÁN VANOLI, LUCIANO LAMBERTI


Iosi Havilio (Buenos Aires, 1974), Selva Almada (Entre Ríos, 1973), Hernán Vanoli (Buenos Aires, 1980), Luciano Lamberti (San Francisco, 1978)

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FÉLIX BRUZZONE, LEO OYOLA, NATALIA MORET, ALEJANDRA ZINA







Félix Bruzzone, Leonardo Oyola, Natalia Moret, Alejandra Zina (Buenos Aires, 1973)

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LUIS CHITARRONI. ESCRITORES ARGENTINOS DE HOY / JAIME VELÁZQUEZ


Luis Chitarroni (Buenos Aires, 1958), escritor y crítico, firma un artículo, “La figuras de la literatura del siglo XXI”, publicado hace unos días en la Revista de Cultura (Eñe) del periódico Clarín de Buenos Aires. Todo está muy bien, sabemos que es pequeño el espacio disponible en los periódicos, con los incontables temas a tratar. Así que hubo que dedicarle tiempo a buscar fotos y fechas de nacimiento de escritores y libros para completar esta, que puede ser una guía para conocer a los escritores de nuestra actualidad.
                                                                                                  
Sobre esto, como nota para agregar en el expediente que los académicos, los periodistas, sean reseñistas o críticos, y los colegas, que gustan de estar informados sobre lo que hacen sus contemporáneos, hay que insistir en un aspecto de la maravilla que es Internet: todavía le falta para ser un lugar organizado, un archivo (aunque suene a rezo burócrata) que sea útil. Mientras, comento el último párrafo del texto de Chitarroni:

“Alguna vez Ricardo Piglia apuntó que el problema de los escritores es el reconocimiento. Admitido que se trata de un fenómeno local, consiente además la impaciencia de los lectores y la invariabilidad del escenario que lo transmite: el mercado. Entre el estruendo y el fastidio, el estreno y las efemérides, el ditirambo y el olvido, las distancias locales suelen ser extremadamente pequeñas. Si se agregara la condena contigua que pesa sobre el hecho de que la literatura, por indemostrabilidad de los resultados, no acune ni evalúe niños prodigios, el porfiado escriba condenado a la madurez de esta porfiada llanura de los chistes está sometido a la repetición. Estamos. Somos, de acuerdo con las consignas escolares que nos gobiernan, repetidores. Contumaces, recalcitrantes. Hecho el alegato, el cambio que no se exige merecerá nuestra gratitud eterna.”

Yo diría que el problema de los escritores son muchos y que si a escritores de otras generaciones les preocupó el “reconocimiento”, en las décadas recientes (la última del XX, la primera del XXI) la palabra implica dinero. Reconocimiento implica aumentar las ventas, apuntarse para becas, premios, subsidios, adaptaciones cinematográficas. Al respecto es aburrido insistir en el ejemplo de Estados Unidos, aunque allí sigue. Son necesarios ejecutivos que vendan películas (éxitos o basura) a todo el mundo que produzcan mucho dinero. Etcétera.

El “reconocimiento” no es un fenómeno local. La distribución de libros es pésima, la de revistas, especializadas o no, igual, la de señales de televisión donde se entrevista a los escritores tarda en hacerse un espacio en los satélites y en el mercado (de acuerdo, aún invariable).

Por lo demás, hay que olvidarse de los resultados. La literatura es un buen negocio (hay que leer las recientes entrevistas con doña Carmen Balcells), y funciona si evita la saturación porque hay pocas medallas de oro, de Nobel… ¿Podría encargarse de la promoción la Coca Cola? Los escritores, ¿son repetidores? Sí, en tanto que la fórmula se mantiene en secreto. Supongo que los embotelladores del líquido mencionado no son despedidos sino liquidados, aunque sólo sepan una parte de la fórmula.

Y el triste final en el cierre de Chitarroni, “el cambio que no se exige merecerá nuestra gratitud eterna” es un lugar que requiere un letrero: ¡Cuidado, piso mojado! Porque, en efecto, se exija o no, el cambio seguirá dándose, porque los participantes son todos, y no sólo los escritores. Están los que hicieron posible Internet en los teléfonos adheridos a las personas. Lo más reciente que he visto se refiere a cómo hacer llegar el dinero muy merecido de los escritores cuyas obras se han sacudido de encima el papel.

Ver nota sobre el escritor estadounidense James Patterson en El País, 10 de agosto, con datos de Forbes, Patterson "ingresó unos 74 millones de euros en 2011", uno de los mejor pagados.