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lunes, 16 de junio de 2014

VOLPI DESATADO EN ARGENTINA

Sin nombre del entrevistador, la página cultural del periódico argentino Clarín publicó el 3 de junio declaraciones del narrador Jorge Volpi, quien respondió como hacían los viejos patriarcas de la literatura mexicana, en el estilo de “lo que digo debe aceptarse”. Viaja como diplomático y habla como personaje de ficción. El entrevistador anónimo dice de la generación de Volpi que “hace poco eran la nueva narrativa mexicana y que hoy ocupan cargos importantes en las embajadas del mundo”. Volpi fue invitado por la Universidad Nacional de San Martín para que hablara de su libro más reciente, Memorial del engaño, el relato de un timador profesional, un estafador que opera en el corazón de Wall Street. (Y sí, Volpi vio la película de Scorsese.)

Para ahorrar tiempo de lectura, transcribo las partes que se refieren a la cultura mexicana y agrego un comentario.

A la pregunta “muchas veces se dice que los escritores mexicanos tiene una situación económica más holgada que los escritores de otros países de la región, pero al mismo tiempo tienen menos independencia con el Estado”, dicha con malicia, jiribilla o ignorancia, Volpi contestó:

–México tiene el Fonca, el sistema de apoyo a la creación más grande del mundo, junto con algunos países orientales. Hay becas a artistas de todas las disciplinas y de todas las edades. En el momento en que se creó esto, era un vehículo de legitimación que necesitaba el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) con las clases intelectuales, pero muy pronto se institucionalizó. No ha habido un solo caso en la historia del Fonca de alguien a quien no le hayan dado una beca por sus opiniones políticas. No ha pasado. Lo que sí pasa, es que hay quejas todos los años, porque los jurados tienen sus amigos. Eso es típico, pero pasa en todos lados cuando se otorga un premio.

Comentario inevitable: ¿Seguro? Las becas del gobierno federal son anteriores a 1988. Quizás se refiere al Fonca, pero antes las daba otra oficina, el INBA, que luego fue INBAL.

Otra pregunta: ¿Y el hecho de enviar a escritores como agregados culturales, ¿no se puede pensar como un modo de “comprarles” la palabra?

–Bueno, el PRI lo institucionalizó un poco desde antes, desde principios del siglo XX. Fueron de embajadores Octavio Paz, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis. Algunos más jóvenes, como Juan Villoro. Y de mi generación, a muchos NOS INVITARON del gobierno de Vicente Fox, como a Ignacio Padilla, a Jordi Soler, a mí. Y sí: siempre crea tensiones. Yo fui agregado cultural en París, y en ese momento cuatro agregados culturales nos manifestamos en contra de que México apoyase a Estados Unidos en la guerra de Irak. Y hay que decir que no les hizo gracia, pero no hubo ninguna represalia. Pero puede haber tensiones, eso es cierto.

Dudas forzosas: ¿“un poco”?, ¿”desde antes”?, ¿desde principios del siglo XX? Sí caben diferentes personas en el mismo saco, pero Volpi da una imagen distorsionada y ahistórica.

Pregunta: Mencionaste a Paz y a otros escritores mexicanos. Y otra particularidad de la escena literaria mexicana, al menos como se ve desde acá, es que el campo intelectual parece estar concentrado sobre una figura de poder durante mucho tiempo, como sucedió con Paz durante décadas. ¿Por qué sucederá eso?

–Primero, hay una cierta imitación del modelo francés, de intelectual comprometido, que funcionó durante toda la segunda mitad del siglo XX. Siempre hubo además grupos intelectuales agrupados alrededor de revistas, como pasó también en Argentina. Simplemente, creo que la existencia del PRI buscaba que se consolidaran ciertos liderazgos intelectuales con los cuales poder dialogar. Incluso siendo clara oposición al régimen priista, como fue el caso de Paz en muchos momentos. Pero también es cierto que a partir de ahí se consolidan figuras cuyo poder simbólico les trae de pronto un poder real gigantesco. Ese fue el caso de lo ocurrido con Paz: ese poder tenía consecuencias claras en la realidad. Esto ha ido desapareciendo. Esa relación perversa entre los intelectuales y el poder en México se ha ido diluyendo en los últimos años. Primero, porque el PRI dejó el poder, y el PAN ha sido un gobierno muy anti intelectual. Entonces ya no le tenían ni tanto respeto ni tanto miedo a los intelectuales. Y por otro lado, en la época priista, los intelectuales eran los únicos que tenían la capacidad de criticar al gobierno. Ahora son los expertos, politólogos y opinadores profesionales los que están en todos los medios, así que los intelectuales ya no tienen esa posición. Y, por último, está la muerte sucesiva de casi todos nuestros intelectuales paradigmáticos, que cierra una época.

Tristeza infinita: la facilidad con que Volpi hace un resumen de más de cien años de vida cultural concuerda con la imagen limitada que tiene el entrevistador: “el campo intelectual parece estar concentrado sobre una figura de poder durante mucho tiempo, como sucedió con Paz durante décadas”. Visto así, el “poder” de Paz fuera de México podría considerarse “consolidado”. (Y otro Nobel que vivió décadas en México, ¿cuánto contaba?) Dentro de México, colaboradores y "amigos" estudiosos del fenómeno Paz admiten que se trataba de un monólogo, que la izquierda, por ejemplo, no lo tomaba en cuenta, y la derecha Volpi la considera “muy anti intelectual”, vista en el desempeño de gobierno de presidentes del Partido Acción Nacional: ¿son así todos los panistas? ¿Y qué hacemos con Manuel Gómez Morín? Y más: los expertos, los politólogos, ¿no son intelectuales? ¡Ya no tienen esa posición! Por favor, alguien que le diga a Woldenberg.

Pregunta: ¿Cómo fue tu trabajo en el canal estatal 22 de México?

–Una gran experiencia y también algo inesperado. Ese canal, que es realmente muy bueno, lo fundó un escritor, José María Pérez Gay, que murió el año pasado. Por eso había cierta tradición en que un escritor pudiera ser el director. Yo no tenía ninguna experiencia en televisión y fue realmente interesante. Hubo plena libertad de expresión y el desafío de hacer lo más posible con un presupuesto muy limitado. Pero es la única manera que tienen en ciertas zonas del país de acceder a ciertos contenidos culturales. Fue una muy buena experiencia.

Incrédulo ante tantas majaderías, pregunto a mi vez: ¿es realmente muy bueno el canal 22? ¡Cierta tradición! Fueron escritores en apoyo a gobernantes priístas los que consiguieron abrir el canal. ¡Volpi no tenía ninguna experiencia! Sería bueno para la Wikipedia saber cómo logran algunas personas brincar de una oficina a otra de gobierno. ¡Hacer lo más posible con un presupuesto muy limitado! Se ha hecho lo menos con muy poco dinero, digo yo, a juzgar por la oferta cotidiana del Canal. ¡Ay, mi querido Volpi, ex director del Canal 22! En algunas partes del país el Canal 22 se ve por televisión de paga, en muchos hogares no reciben esa señal, ni la de TVUNAM, y hacen falta datos de la cantidad de consumidores que lo ven.

Otra pregunta: Si no me equivoco, esa experiencia se cortó porque te llamaron para ser agregado cultural en Roma y finalmente no pudiste asumir el cargo. ¿Cómo podrías resumir lo que pasó ahí?

–Sí. Saliendo del canal me nombraron agregado cultural en Italia. Y simplemente tenía que dejar tres meses entre un puesto y el otro. En ese tiempo di algunas conferencias, entre ellas una en una universidad de España, inaugurando un ciclo sobre México. Ahí fui muy crítico de la guerra contra el narcotráfico, y eso me costó el puesto. Ese es el resumen de la historia.

Sí, digo, un buen resumen, ¡fallido!, de una historia en su mayor parte secreta.

domingo, 15 de junio de 2014

ARTISTAS SIN RED PROTECTORA

Cuando en otros países o en otras ciudades los artistas, intelectuales, periodistas protestan y logran avances en las leyes creemos que un mundo mejor está cerca. Se crean institutos de protección para trabajadores, para niños, para la mujer. Aumentan las páginas de los códigos civiles y penales, aparecen reglamentos y pasan los años y sigue quedando mucho por hacer, como si no se pudiera diseñar el futuro, porque lo cómodo es ir detrás: ¿quién iba imaginar que existiría un invento como Internet? Y años después las leyes acerca de Internet en México no generan conocimiento sino intentos de restringir su uso.
Cuando los artistas alzan la voz porque no tienen seguridad social, porque nadie imagina que haya artistas jubilados, porque son maestros y están en un renglón que sí los reconoce como sujetos de derecho, porque la sociedad cree que todos los artistas son millonarios gracias a las ventas de sus obras…
¿Y qué pasa si cambiamos la palabra artista por la de poeta?
Hubo un tiempo en México que un poeta logró que un periódico le pagara por la publicación de sus obras, fue hace cien años y el que exigió remuneración se llamó José Juan Tablada. Y cien años después hay periódicos que no pagan por los textos que publican. Y no todos los conferencistas reciben honorarios. Y no son invitados a comer con los visitantes de fuera porque son gente del lugar que puede irse a su casa y regresar.
La palabra placer contribuye a esta situación. Como leer es un placer, los promotores de lectura aportan gratis su trabajo. Y no se piensa en subsidiar a los lectores, se les pide que ahorren para que compren libros, si tanto les gusta leer.
Úrsula Ramos Ramírez recibió una atención deficiente en la CLÍNICA SAN LUIS de la ciudad de Veracruz. Primero, el médico (que tiene nombre) la dejó en manos de las enfermeras (que tienen nombres). Y la lastimaron del brazo izquierdo buscándole una vena para trasfundirle sangre. La lastimaron tanto que a sus padecimientos por la edad hoy vive en un grito de dolor porque está perdiendo su brazo.
Hace años, un periodista de Notiver le atropelló un pie en la calle Canal, frente al Instituto Veracruzano de Cultura. Un accidente, como los que ocurren todos los días porque las licencias de manejar se las dan a todo mundo, porque la industria del automóvil es poderosa y las poblaciones crecen a su sombra. Y Úrsula Ramos Ramírez pasó meses encamada y después de mucho tiempo pudo volver a caminar. Desde entonces dejó de manejar y vendió su coche, para siempre.
Pero Úrsula Ramos Ramírez fue maestra en el Tecnológico de Veracruz y está jubilada, tiene atención médica del ISSSTE. Pero Úrsula Ramos Ramírez escribía notas de divulgación cultural para El Dictamen. Pero Úrsula Ramos Ramírez atendía un taller de literatura en el IVEC. Pero Úrsula Ramos es promotora de la música a través de la asociación civil Conciertos Líricos, ha sido maestra de piano y canto, y, sobre todo, es poeta: artista de la palabra.
Como persona, tiene derecho a que la Clínica San Luis responda por el daño que le causó. Como poeta, que quiere decir persona con una sensibilidad especial, diría extraordinaria, tiene derecho a ser tratada bien, como lo pediríamos para cualquier otro ser humano.
Desde aquí, por medio de las palabras que son instrumento de artistas y de sociedad, exhortamos a los legisladores para que haya protección para los artistas y resto de personas que trabajan (Úrsula Ramos Ramírez sigue escribiendo cotidianamente a sus casi noventa años de edad) y que no tienen su futuro asegurado, que dependen de sus familias. Y a un Ministerio Público que atienda este daño.

Jaime Velázquez, 14 de junio de 2014

ANIVERSARIO LUCTUOSO DE DÍAZ MIRÓN

Comentarios y fotos publicados en www.facebook.com/pcsur.veracruz

José Antonio Herrera Cerezo La obra literaria de Díaz Mirón admirada y aplaudida por generaciones. Escritores, poetas, ensayistas, críticos encabezados por Marcela Prado Revueltas, Jaime Velázquez Arellano, Ivonne Moreno Uscanga, Gerardo Soto Paz, Isabel Lorenzo, José Antonio Herrera, Alfredo Jiménez, Agustín Guerola y Mont-c David Sánchez, coordinados por Miguel Salvador Rodriguez Azueta se encargaron de compartir vida y obra del bardo veracruzano.

Sesión vespertina. Conferencia magistral de Manuel Sol Tlachi. Alfredo Jiménez Torres, continuador de la Escuela de Declamación Juan Moreno en la Casa Museo Díaz Mirón; Juan Carlos Ocampo Rodríguez, promotor de lectura Veracruz 500 años; Gerardo Soto Paz, coordinador del taller de investigación literaria Clavijero que se reúne en la Casa Díaz Mirón; Jaime Velázquez Arellano, conferenciante; Miguel Salvador Rodríguez Azueta, director de la Casa Museo Díaz Mirón; Ivonne Moreno Uscanga, subdirectora de Cultura del H. Ayuntamiento de Veracruz; Manuel Sol Tlachi, catedrático de la Universidad Veracruzana y conferenciante magistral el jueves 12 de junio de 2014.

Veronica Parra Parada Cuando fui directora de Casa Díaz Mirón me tocó celebrar los 80 años de su fallecimiento y le monté un altar de muertos, invité a gran parte de su familia, una actriz de moda leyó sus versos y por un buen rato tocó Delfino, el mejor arpista de Veracruz. Encendí velas y coloqué papel picado. Fue un espectáculo de primer nivel... !!! Lo recuerdo con cariño porque fue un esfuerzo individual !!!

Sesión matutina. Miguel Salvador Rodríguez Azueta; Marcela Prado Revuelta, conferenciante; Ivonne Moreno Uscanga, Jaime Velázquez Arellano.

José Luis Yépez Sosa Siendo directora de la casa museo la Lic. Patricia Eugenia Gómez de Guerrero, allá en el final de la década de los 90s, por conducto de la Lic. Rosa María Hernández Espejo regidora de Cultura del H. Ayuntamiento en ese entonces, fui contratado para desarrollar el cartel conmemorativo del aniversario luctuoso del poeta Don Salvador Díaz Mirón, contando con la participación del maestro pintor Jaime Vega y con la supervisión del Lic. Raúl Martínez Torres, secretario técnico de la Regiduría. Realizamos la obra la cual fue del total agrado de las autoridades ya mencionadas, y del mismo presidente municipal Francisco Ávila Camberos. Me complace hacer mención que el dibujo a tinta realizado por el maestro Vega hace más de 15 años aún prevalece, y es precisamente el que se encuentra detrás del presidum en la foto que nos comparte la Lic. Glenda Castillo.

Participación de Jaime Velázquez Arellano.


Gerardo Soto Paz Aún conservo dicho cartel. Fue en el aniversario número 70.



viernes, 6 de junio de 2014

UNA SOMBRA QUE SE ESCAPA, SEGUNDA PARTE

Es urgente evitar que los lectores consuman biografías fantasiosas. En Europa hay una respetable producción de libros de historia cultural, que incluye las aportaciones de escritores independientes y de escritores embelesados en la construcción de figuras míticas en el arte y la literatura, además de académicos. Recordemos el caso del libro que escribió el médico de Francois Miterrand, vetado por la familia cuando ya había circulado por Internet. Cuando se trata de escritores que vivieron hace dos siglos (The creation of Nikolai Gogol, Donald Fanger, Harvard University Press, 1979), la tarea es más complicada y también menos delicada. El libro escrito por el médico de Miterrand hace pocos años ya no tiene importancia. El libro de Fanger ha devenido clásico, como el de Douglas Day sobre Lowry (1973). Y esperamos que el libro Una introducción a Octavio Paz, de Alberto Ruy Sánchez (FCE), tenga una larga vida. No así el que podría escribir el exégeta autor de Octavio Paz: El poeta y la Revolución, quien ni suda ni se acongoja al decir, en la entrevista de Marina Gómez-Robledo: “La historia personal llegará, y quizá, alguna vez escriba yo un libro sobre Octavio Paz íntimo”.
            ¿Por qué digo esto? Porque el autor mencionado carece de sentido del equilibrio, pues da vueltas para que sus opiniones de derecha no lo parezcan tanto y porque es hábil para repartir culpas: “La izquierda mexicana y latinoamericana perdió con ello al mayor interlocutor posible. La izquierda latinoamericana no tiene todavía idea de lo que perdió al dejar de hablar con Octavio Paz”. Estas afirmaciones pudieran haberlas dicho de otra manera, escritores del bando contrario, aunque sonaran despectivas: “la izquierda descansó de las constantes intrusiones del poeta y ensayista Paz” y “la izquierda sabe muy bien lo que hubiera ganado México si Paz no hubiera sido tan entrometido”.
            Los periodistas no son ajenos a la construcción de famas y mitos que practican los escritores que entrevistan, sutiles publicistas de sus propios egos, y puede ser que lo hagan a sabiendas o no. Marina Gómez-Robledo empieza mal su nota cuando afirma que “Octavio Paz fue hijo de la Revolución mexicana. Desde su primera infancia hace ya un siglo el espíritu de transformación y guerra flotaba entre las paredes de su casa, y del mundo”. ¿De dónde sacó tal noticia? Se dejó llevar por lo que le dijo su entrevistado.
Mi abuelo vivió la revolución pues vivía en el centro de la ciudad de México, cerca del llamado Zócalo. Enviudó en los años cincuenta y murió en los años sesenta. Creo que nunca crucé una palabra con él, a pesar de que vivimos en la misma casa, él desde 1928 y yo diez años de mi vida, en San Pedro de los Pinos, barrio colindante con Mixcoac, donde vivió el abuelo de Octavio Paz y donde está la Plaza de Toros México. Mi abuelo casi nunca estaba, pues pasaba largas temporadas en Ixtapan de la Sal. Y no recuerdo haberlo visto hablar con otras gentes contando algo de aquéllos años.
Cuando su hija y yerno terminaron la construcción de su casa, mi abuelo se fue a vivir con ellos, al norte de la ciudad, cerca de la Villa de Guadalupe. Y poco después murió. Para mí el mundo exterior se reducía a la escuela, la primaria, la secundaria, y fue el 68 el que hizo que yo me enterara que había calles de la ciudad por donde uno podía marchar y gritar. Entonces yo tenía 17 años y algo puedo decir de esas jornadas. Mi padre nunca dejó de hablar de la Segunda Guerra Mundial, y los pormenores de batallas y héroes no flotaban en el ambiente, se arrastraban sobre la sangre de los muertos como los dibujos de la película The Wall. Su primera hija nació en 1939. Yo no podría escribir que mi padre fue hijo de la Revolución Mexicana, aunque nació en 1909. Y no supe qué vivió mi abuelo esos años, entre 1909 y 1914, cuando la dictadura cayó, cuando Madero, Zapata, Villa y Carranza murieron, cuando nació Octavio Paz, por lo que debemos entender cabalmente la frase “hijo de la Revolución mexicana”, y nieto, si queremos agregarle, lo cual no significa que la pólvora de las batallas le haya caído encima. Así quedan ambos, abuelo y padre, descalificados como cronistas. Sin embargo, yo podría aportar otra versión, con imaginación de novelista, aderezada con el impacto que tuvo la muerte del general Bernardo Reyes en su hijo, Alfonso, con las fechas por delante y su gran poema luctuoso de homenaje.
La periodista también escribió que el libro en cuestión es un homenaje al “difunto amigo y maestro” del autor que respondió sus preguntas.
Octavio Paz fue director de una revista literaria, Vuelta. El entrevistado trabajó en ésta muchos años y llegó a ser subdirector de la misma. Tanto él como quien fue secretario de redacción de la misma, Alberto Ruy Sánchez, siempre hablaron con el director usando el usted seguido del nombre: no era el amigo Paz, era usted, Octavio, porque eran empleados y subordinados en una empresa. El grado de cercanía de estos dos autores que han recordado a Paz en estos tiempos centenarios pudo haber aumentado con el paso de los años, pero nunca como para llamar al célebre director, antes del Nobel, “mi amigo”. El carácter del poeta lo impedía. Trabajé en la revista dos años y fui al departamento de Paz en varias ocasiones, una de ellas acompañando al subdirector y al secretario. Una vez hubo una reunión en la oficina de la revista, con los escritores del consejo editorial, y Paz hizo uso de la palabra todo el tiempo. Propuso cuestiones que los demás aprobaron sin dificultad, excepto José de la Colina, que se mostró en desacuerdo en uno de los asuntos. Igual ocurrió en su departamento. Ninguna de las personas allí presentes tuvimos un trato de “amistad” con el Director (yo menos, claro), sí de cordialidad, de amabilidad. Conservo papeles con recados de su puño y letra para cuestiones editoriales que debían atenderse.
Ahora, en cuanto a lo de maestro, habría que ver. El susodicho abrió una revista después de que al morir Paz, en conversaciones con la viuda, decidieran que se acabara Vuelta. La nueva revista ha buscado ser imitadora de su antecesora, el camino ya estaba hecho. Y en lo que se refiere a algunos temas, el “discípulo” hizo que el maestro perdiera mesura, quien fue aceptando que se incluyeran cada vez más asuntos de política, y lo llevó a que se enemistara con un “discípulo-amigo” de toda la vida, Carlos Fuentes, cuando el subdirector escribió y publicó un artículo en el que desbarató un libro reciente de Fuentes, además de que lo publicó en una revista de Estados Unidos, The New Republic, que el Secretario Ruy Sánchez caracterizó como de derecha. El acercamiento que fue teniendo Paz con el Partido Acción Nacional —tiempos de Francisco Barrios Terrazas—, que incluyó un piso completo en un edificio en una de las entradas al Pedregal de San Ángel y computadoras se debió al “discípulo”, convertido entonces en maestro del maestro. Así el subdirector volvió S.A. la A.C. de origen, incluyendo en el directorio a un banquero.

Todos preferimos ver paisajes con flores y arbolitos y animalitos de cuentos infantiles. Lo que no podemos evitar es pisar un charco, o peor, un lodazal, que sólo estará seco cuando termine la temporada de lluvias. Ha habido defensores de la vida privada de los escritores y esto nos ha entregado reseñas periodísticas, artículos y libros más bien tediosos. Recuerdo a Elena Garro en su vejez declarando que una académica le había sustraído papeles. Hoy, ¿dónde están esos papeles, y otros, de muchas gentes de nuestra muy incompleta historia literaria?

domingo, 1 de junio de 2014

UNA SOMBRA QUE SE ESCAPA, PRIMERA PARTE

Marina Gómez-Robledo, entrevistadora, y Luis Sevillano, fotógrafo, dejan en El País del 30 de mayo de 2014 a un personaje extraño y malencarado. Gómez-Robledo lanza la primera pregunta: ¿Qué le faltaría a su libro [se refiere a Octavio Paz: El poeta y la Revolución, de 186 páginas] para que fuera una biografía integral? Y el entrevistado responde: “Todo el Octavio Paz más íntimo, toda su vida personal”. Y se adelanta a otra pregunta: “Toco su alma política, ideológica, de las pasiones revolucionarias, intelectuales y literarias de Paz”, y remata: “La historia personal llegará, y quizá, alguna vez escriba yo un libro sobre Octavio Paz íntimo”.
            Y el lector, en este caso yo, abre más los ojos, relee, sí, eso dijo. El famoso abogado y diplomático, poeta y ensayista Octavio Paz ha sido cortado en dos. Nos enteramos que tuvo un “alma”, que fue “política” e “ideológica”, que tuvo pasiones “revolucionarias”, “intelectuales” y “literarias”, pero la “vida personal”, “íntima”, queda para después. No es extraño, porque es más fácil tratar con libros, con los escritos de un autor, que salir a la calle a preguntar a los sobrevivientes sus opiniones, a buscar en las hemerotecas algo que pueda ser rescatado para elaborar una imagen de cuerpo entero: una respuesta política no la hace un político, sino un humano que se deja llevar o no por algo que se llama historia personal. Y hace falta reiterar que el “alma” de las personas funciona en lo público y lo privado, pues uno es lo que es debido a una unidad que no es tan sencillo partir en dos. Y claro que hay que rechazar el anacronismo de dotar de alma a los seres humanos, cuando es cerebro, memoria, cabeza lo que nos hace humanos.
            El analista de medio Paz recurre sin embargo a datos biográficos: “Ese es el río subterráneo que Octavio escuchaba, el río de la violencia, que había desgarrado la vida de su padre y había marcado la vida del abuelo. El mundo violento de 1914 donde él nació, ese mundo que temía”. Y más: “Tengo la impresión que eso tenía que ver con los más tempranos recuerdos de acompañar a su madre a la Iglesia”. El otro medio Paz, que deja el analista para otro ensayo, igual que el estudiado, nació un año después de la muerte de Francisco I. Madero, tenía cinco años cuando murió Emiliano Zapata, tenía seis años cuando murieron Francisco Villa y Venustiano Carranza.
            El abuelo Ireneo Paz nació en 1836 y murió en 1924, es decir, tenía 78 años cuando nació su hoy famoso nieto. El papá Octavio Paz Solórzano nació en 1883 y murió en 1935, tenía 21 años cuando nació su hoy famosísimo hijo. De la mamá, Josefina Lozano, hay pocos datos.
            El padre fue comisionado en Estados Unidos (1916) por Zapata, donde abrió una oficina editorial. Regresó a México en 1920. Sería interesante saber cómo fueron los primeros diez años de vida de Paz, con una estadía en Los Ángeles de ¿cuatro años? Aporto la fecha de nacimiento de mi padre, 1909. Vivió en la ciudad de México, en calles del centro. Él y su hermana recordaban algo de lo que habían oído en boca de sus padres —no andaban solos en las calles—, pero nada que imprimiera durables impresiones entre mis hermanas, nacidas en tiempos de la segunda guerra mundial. Y el pueblo de Mixcoac, donde vivió la familia Paz, no estaba nada cerca (una ayuda: Santa, de Federico Gamboa, para el caso del pueblo de San Ángel, el que sigue de Mixcoac).
            Por tratarse de algo “subterráneo”, el ensayista de marras lo deja pasar cuando es algo primordial, así como otros datos familiares en la formación de Paz. De otra manera, cómo puede sostenerse la afirmación de un miedo especial en Paz debido a “un mundo violento de 1914”. En Estados Unidos debe haber habido una gran preocupación por la Primera Guerra Mundial, que empezó en 1918. ¿Qué pasaba con el niño Paz allí, adónde regreso para escribir su laberinto de soledad? No, si no es fácil saber qué da forma a la manera de ser de las personas. Pero con esfuerzo podría hacerse un mapa.
            Marina Gómez-Robledo sigue la entrevista y pregunta sobre la izquierda en México. Ni tardo ni perezoso, el analista responde que a Paz “le habría gustado tener un diálogo con la izquierda, pero para bailar un tango se necesitan dos. Nunca hubo alguien que quisiera debatir con él, en este tango nadie quiso bailar con él”. Agregará que “ni un solo crítico estuvo a la altura del personaje. Sí puedo mencionar, por ejemplo, una obra de Jorge Aguilar Mora que criticaba la propensión a poetizar la realidad y la historia de Octavio, creo que eso es válido”. Yo también estoy de acuerdo con Aguilar Mora.
            Un escritor que transitó de la izquierda a la derecha, y que siempre intervenía en los debates, quizás porque se daba cuenta que otros generadores de opinión de la época no tenían la altura intelectual, y prestigio cultural, que se requería ante casos perdidos (el 68 por ejemplo), “entonces lo único que hicieron fue que, cada vez que los invitaba al baile de los debates, lo insultaban, lo escupían, lo calumniaban, le decían reaccionario fascista, derechista”. Que, dicho de otra manera, no le aceptaban el baile, ni a él ni a otros.
Hay que recordar que los movimientos sociales no cortan fino: frente al periódico Excélsior la muchedumbre gritaba en 1968 “prensa vendida”. No creo que nadie tuviera pruebas de que lo fuera, o puede ser que sí, por sus tratamientos de las noticias del día, y quizás allí, adentro del edificio, había gente que sí lo era, o que no lo era. Ante la duda, lo que sigue haciendo falta es gente con honestidad profesional, pues de otra manera seguiremos enterándonos a medias de la realidad, incluso en el caso de personajes tan importantes que llevan más de quince años de haber muerto.

            En cuanto a la foto de Luis Sevillano, que aclara se tomó después de la entrevista, se ve un gesto de desagrado del entrevistado, como si ya estuviera reflexionando en que el resultado final sería una mala entrevista, débil, confusa.

SEGUNDA PARTE, EN ENTRADA DEL 6 DE JUNIO 2014