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domingo, 29 de marzo de 2015

UN ESTANCADO GARABATEA SOBRE ARISTEGUI

Replicante, Revista de crítica y periodismo digital, publicó un texto de Rodolfo García Mateos, “¿Contra quién pelea Carmen Aristegui? Un acercamiento personal a la periodista”, en el que ella queda desdibujada porque el autor se deja llevar por sus recuerdos, sin orden e incompletos. Me preocupa porque es periodista. Me preocupa porque la revista publica un texto extenso y confuso. Podría dejar una pregunta que nadie contestará y nos evitaríamos unos minutos de lectura, pero sería injusto con los lectores de esta página de Facebook: ¿por qué García Mateos cuenta ahora las escenas de su vida que cree demeritarán la idea que tenemos de Aristegui?
Pasé horas oyendo el seguimiento que Aristegui dio a quienes denunciaron a Marcial Maciel y que el Vaticano tuvo que seguir, no por Aristegui, claro, sino porque fue un clamor que todavía no termina porque siguen apareciendo denuncias de sacerdotes.
No todos los días hay temas públicos tan importantes. Deberíamos preguntarnos cómo se deciden las notas que aparecen destacadas en los medios. Por ejemplo, estos días TVE dejó fuera otras noticias por seguir el accidente aéreo. Puede ser que hayan tenido razón. Conviene pensar que otros días las noticias que nos ofrecieron como las “más importantes” no lo eran.
Han opinado sobre Carmen Aristegui muy diversas personas, a favor y en contra de su trabajo. Yo diría que ella, como la revista Proceso desde su inicio, como algunos personajes, como Carlos Monsiváis, y quizás como la revista Replicante (guardo ejemplares de cuando se publicaba en papel y se vendía en Sanborns), son anomalías en un sistema severamente controlado por los gobiernos, tanto como lo han sido en su momento otros periodistas hoy olvidados —que así se queden—, que los lectores aprendimos a evitar, en publicaciones que no sufrieron por ello y cuyos compromisos ignoramos. Sobre Aristegui se seguirá escribiendo y un día empezará el silencio que a todos nos toca.
Me interesó el artículo de Rodolfo García Mateos porque yo tenía prisa y tardaba en acercarme al final. Más tarde regresé al texto, fui quitando la paja y me encontré con casi nada. Y, más bien, con un fallido intento de hacer algo como periodismo literario. Empieza diciendo que en 2007 fue propuesto como corresponsal de Aristegui en Guadalajara. Nunca dirá el desenlace de ese trabajo. Lo que aclarará más adelante es que había trabajado con Ricardo Rocha y que con Aristegui sería “corresponsal exclusivo”, que sería director de noticias que encabezaría un grupo de reporteros del noticiero de la W. “Le urgía —dice, ufano, a Aristegui— un interlocutor con el que pudiera extenderse, profundizar, escarbar los detalles como a ella le gusta”.
Cuando le presentaron a Aristegui, durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, ella le preguntó: “¿Y cómo se dio la salida?” Y agregó: “¿Y qué opinas: renovación total?” Y el comentario que escribe el ahora memorista es: “Carmen se refería con esa interrogante a que si tenía contemplado despedir a todos los reporteros de W Guadalajara y contratar nuevos en cuanto asumiera el cargo”. Y abunda: “y es que, además de su corresponsal exclusivo, el trabajo que se me ofrecía implicaba ser el director de noticias, encabezar a los reporteros (o descabezarlos, como Carmen sugería), conducir el noticiario local de seis a siete de la mañana y hacer un programa de entrevistas de diez a once”.
Nótese que la frase “descabezarlos, como Carmen sugería”, está entre paréntesis. Quienes lo estaban contratando eran el director de noticias, Omar Sánchez de Tagle, el productor de la emisión de Aristegui, Daniel Alvarado, avalados por el director general de W Radio en esa época, Daniel Moreno, quien “confió en sus criterios”. Entre estas cinco personas, el tema “descabezar” lo adjudica a Aristegui, a nadie más.
A continuación, Rodolfo García Mateos cuenta que pensó en su novia, Yosmar, para el cargo de coordinadora de invitados. “Siempre es importante —dice— tener a alguien con porte, personalidad y elegancia que se mueva bien, consiga teléfonos, confirme entrevistas y reciba invitados.” Y sí, digo yo, coincido, “siempre”, “siempre”. Pero el recuerdo lleva doble intención, porque le permite hacer una caricatura de Aristegui, cuando se la presentó, “Carmen volteó a verla, ubicada a mi derecha” —prueba de buena memoria, reconozco—; “en ese momento las pupilas de sus ojos rojos se dilataron y resplandecieron, la sonrisa incrementó su sensualidad y, llena de energía, se dirigió a ella: ‘¿Y tú qué vas a hacer?’ ‘Coordinadora de invitados’ —se limitó a responder Yosmar con una sonrisa amplia, correspondiéndole a Carmen con entusiasmo equivalente.”
Como no tengo otro remedio que pensar en quien tengo más cerca, yo mismo, confieso que a mí me pasa lo mismo cuando me presentan a alguien, aunque ignoro si se me nota y si habrá quien lo recuerde. Una persona desconocida es una promesa de amistad futura. Excepto para un malévolo memorista, quizás celoso hasta del aire.
Otra observación. “Aristegui es muy dada a extenderse por más de una hora en un tema hasta desgranarlo por completo y aplazar los cortes”, cuenta García Mateos. Yo no la estaba vigilando, pero de los cientos de días que oí su noticiero de MVS, Aristegui interrumpió a la persona que con la que hablaba, en el estudio o por teléfono, incluso en llamadas de larga distancia, como con la corresponsal en Estados Unidos o alguno de los colaboradores. Pero García Mateos retuerce la estaca: “hasta que se juntan veinte o veinticinco minutos de puros comerciales al final”. Lo que escribe no es verdad, o por lo menos no era una constante.
Podemos juzgar la redacción del periodista García Mateos en el siguiente pasaje: El sueldo de Aristegui “no era por méritos personales estrictamente, sino porque en MVS tenían bien medido cuánto le generaba a la empresa su sola presencia y no podían darle menos, ni prescindir de ella si no querían disminuciones pecuniarias.” Bravo. No era “mérito personal” sino por “su sola presencia. Queda aclarado: la presencia de los seres humanos no debe ser considerado “mérito personal”, sino, supongo, mérito de nuestros progenitores.
Avanza, escribe, sigue escribiendo para estimular la memoria, Rodolfo García: “que ahora no se haga la sorprendida: desde entonces [2013, Aristegui] sabía perfectamente que los Vargas estaban hasta la coronilla de ella e intentaban mantener a raya lo más posible la línea editorial de MVS”. En caso de ser cierto, ¡vaya que se tomaron su tiempo! ¡Desde 2013 estaban hasta la coronilla!
“Ultimadamente por algo eligió Aristegui reventar la nota de la ‘Casa Blanca’ en su portal de internet un sábado por la mañana […] por algo dejó a MVS para el tercer día, en lugar de encumbrarlo en el mundo de la información como el medio que daba la nota bomba.”
La falla aquí parece cometida por un niño: por algo, por algo. Y cuando el adulto pregunta, ¿por qué, pues?, el niño sigue diciendo por algo. Es una sospecha y toda acción tiene una causa, un algo. Pero así no escriben los adultos, no se trata de adivinar, por algo.
El cronista Rodolfo sigue sus reflexiones frente a los lectores:
“entonces con mayor razón ella ya sabía”. Y, digo yo, Rodolfo, el escritor, ¿cómo sabe que sabía? Ya sabía “que su destino estaba marcado y el resto del tiempo fingió demencia, lo cual se traduce…” Ahora ya resultó traductor, aunque no aporta pruebas: “le mintió a sus seguidores, que le creen cada palabra”. Y aquí sí ya me asustó, quizás sea un inquisidor, o un diablo, porque no sé cómo sabe que los seguidores, que no simples radioescuchas, le creen cada palabra. Esto pasa siempre que alguien acusa a otro frente a un grupo, en los patios de recreo de las escuelas, en las calles, cuando hay un accidente, no le crean al otro, a mí sí, yo sí sé.
Hay más enredos en el texto de Rodolfo García. Destaca lo no dicho: trabajó con Carmen Aristegui y hoy la acusa. ¿Qué le pasó? ¿Fue maltratado por su “jefa”? Y destaca el orden de su escrito, más bien, el desorden, no hay una cronología que permita seguir la biografía de una y de otro, tampoco la de MVS.
Un lector de Replicante, Ángel Deveritas, escribió su opinión al final del texto de Rodolfo García, sirve como final feliz: “Creo que como muchas veces, el anecdotario carece de perspectiva. Muchas de las anécdotas se caen por sí mismas, otras son intrascendentes y la mayoría se pierden sin un importante análisis de lo político, una postura crítica de lo que son los medios y sin, como el autor lo reconoce, un conocimiento más profundo del personaje. Ha resultado decepcionante el manejo de este maravilloso portal sobre el tema... habiendo tanto de donde cortar, en, como se caracterizan, realizar un análisis más estructural del conflicto. Entiendo los esfuerzos por abordar el tema sobre la mitificación del personaje, pero en este momento y sobre este tema hay cosas de fondo mucho más importantes... considero, el tema ha dado luz sobre importantes problemáticas sobre los medios de comunicación, su sometimiento y el ejercicio periodístico. Sigo esperándolo, no abandonen a sus lectores.
25 de marzo de 2015

domingo, 1 de febrero de 2015

POR UN PERIODISMO DINÁMICO

El reportero va a la fuente y toma el agua que encuentra. El jefe de información envía a otro reportero a la vuelta de la esquina para corroborar la llamada versión oficial con los testigos e involucrados. El jefe de redacción pondera y corta los textos recibidos. Algo quedará no dicho. El lector entonces se asoma a la sección editorial, donde las mil cosas del día quedan reducidas a una o dos, las que tienen apariencia de más importantes y que al día siguiente ya nadie recuerda.
En el Excélsior de Julio Scherer, en los años setenta, yo no leía la opinión del periódico (textos sin firma) sino las colaboraciones de escritores que, por estar allí, debía leer porque representaban una calidad literaria, como Jorge Ibargüengoitia, Salvador Elizondo y otros. Jorge escribía lo que vivía en la Ciudad de México. Elizondo escribía de Paul Valéry y de Monsieur Teste, como si el periódico fuera una revista de literatura. El que fui en esos años veía las noticias de México sin atención, excepto si era algo grande. Tomás Mojarro mostraba en Radio Universidad su colección de asuntos en los que los policías algo habían hecho mal —siempre— y era algo tan distante de mí como el señor Cabeza de Elizondo, lo contrario de oír la canción de moda una vez más.
Scherer fue defenestrado, Ibargüengoitia murió con otros escritores en un accidente y los años han pasado sin que haya un periodismo distinto, excepto porque hoy leo varios periódicos de otros países en la pantalla de una computadora. Lo diferente es que ahora hay más “reporteros”, las fuentes oficiales son marginales y cada persona escribe su propio editorial al compartir, al señalar me gusta en decenas de mensajes cuya brevedad y humor son irresistibles. El agua se derrama y la opinión pública brinca en los charcos que se forman.
No hay caos porque los canales de televisión y las estaciones de radio siguen las formas de hace medio siglo. Una excepción es Carmen Aristegui, quien e recuerda aquellos programas de Mojarro sobre chapuzas policiacas, hoy con abogados y empleados de gobierno incluidos.
Quizás sirva mencionar el caso de los fotógrafos de la fuente. Las personas no cambiamos de aspecto en un día —de peinado sí, las mujeres, y locutoras como Laura Barrera de Noticias 22—, así que con una sola foto al año podrían ahorrarse el transporte al gran acontecimiento del día. Lo diferente en las fotos son las personas que acompañan al gran personaje. En busca de escenarios y de gente que los salude, los gobernantes trabajan mientras caminan en “giras de trabajo” y no en una oficina, en constante campaña, como artistas incansables ante públicos ansiosos.
En busca de un nuevo periodismo convendría hacer evidente la poca atención que obtiene la fotografía de un político o gobernante en la primera plana de los periódicos en pocas esquinas de la ciudad.Sería benéfico para todos dejar de ver y oír noticieros en los que son presencia constante los políticos, los gobernantes o los accidentes.
Sería un buen trabajo buscar noticias donde no haya fuentes cegadas. El día de los reporteros y fotógrafos volvería a ser interesante, empezaría con la pregunta: ¿Qué hago, adónde voy? Y los Ibargüengoitia y los Elizondo tendrían trabajo, las páginas de colaboraciones aumentarían, sería más apreciado el trabajo intelectual que la oratoria frente a cámaras y micrófonos donde los medios no tendrían que coincidir en que esa es la nota del día.
La manera de evitar que periódicos y noticieros desaparezcan es ampliando la oferta de asuntos hasta hoy considerados buenos para las últimas páginas, como sucede en la revista Proceso fundada por Julio Scherer, que deja cultura, espectáculos, deporte y cartas de lectores al final de “lo importante”, que lleva foto en la portada, casi siempre un político o gobernante descubierto en falta.

No sé desde cuándo creemos que lo que hace un político y un gobernante es algo que debe interesarnos a todos y que sólo es noticia verdadera cuando nos afecta, por ejemplo cuando hay un nuevo impuesto, la reducción al presupuesto, es decir, algo que al día siguiente deja de tener importancia.

lunes, 26 de enero de 2015

INFRARREALISMO, CONTINUACIÓN

FRAGMENTOS DE “El infrarrealismo contraataca”
Se presentó en México una antología. Cultura, 5 de junio de 2014.
Por Camila Pinzón Mendoza / México D.F.

Situémonos en el Distrito Federal a medidos de los años setenta. Nos encontramos con una sociedad que viene arrastrando el movimiento estudiantil de 1968, la euforia de la Revolución cubana y la politización de la cultura. Ahora pensemos en los escritores que punteaban las listas de narrativa y poesía por ese entonces en México […] Publicaban libros sin mayor dificultad, dirigían revistas, influenciaban la crítica literaria, protagonizaban varios de los eventos culturales de la ciudad y lo seguirían haciendo durante años. Eran personas admiradas y queridas por la mayoría de mexicanos que encontraban en su literatura un gran talento y compromiso con el arte. Muchos jóvenes soñaban con crear un nueva Comala o escribir un verso como Paz, pero había otros, otros jóvenes poetas que soñaban con romper esta tradición literaria y lanzarse a los caminos desconocidos.

Era un grupo pequeño que fue creciendo con el tiempo. Se fueron encontrando en los talleres de literatura, en los recitales de poesía, en los cafés y en las calles del Distrito Federal. […] Cualquiera podía entrar, bastaba con repudiar la cultura oficial y creer en otras expresiones estéticas. Les gustaban Breton, Tristan Tzara, el movimiento futurista, la generación Beat (Ginsberg, Kerouac y Burroughs), Guy Debord, Nicanor Parra, Girondo, Vallejo, Martín Adán, los poetas malditos, el rock y los hora zerianos, poetas neovanguardistas peruanos con quienes compartían conceptos e intercambiaban poemas.
[…] Como perros en manada andaban los días y las noches por las calles del Distrito Federal. A las tres de la mañana por todo el Paseo de la Reforma, absortos en discusiones sobre poesía o con los ojos fijos en el poema que alguno leía para todos; por la colonia Guerrero, que parecía “un cementerio olvidado debajo de un párpado muerto”, y por el centro, en el café La Habana, lugar de encuentro de los exiliados cubanos, donde hablaban sobre la herencia estalinista o sobre el surrealismo o sobre José Revueltas.
Juntos fueron definiendo la idea de una ética y la posición y actitud frente a la cultura oficial. Surgió la idea de crear un movimiento poético neovanguardista: el infrarrealismo. Sin proclamarse, claro, una nueva alternativa de hacer poesía, el movimiento rechazó a toda costa los sistemas de poder dentro del arte y la creación, y propuso la búsqueda continua de la alteridad, de ese otro camino, sobre el principio de que vida y poesía son lo mismo hasta donde permitan los sentidos y las formas estéticas.
La cultura oficial los atacaba: ¡jóvenes rebeldes e irreverentes que roban libros! Y ellos contraatacaban. Inventaban poetas ingleses o franceses y los “traducían” en algún suplemento literario. Se aparecían en los recitales de poesía, tomaban los micrófonos y leían sus propios poemas, poemas vitalistas que iban contra el canon, poemas que hablaban sobre las nuevas dimensiones que adquiría el cuerpo, el deseo, el cambio de la percepción de las otredades sexuales, el colapso de las fronteras entre la alta cultura y la cultura popular.
[…] Casi 40 años después de la creación del infrarrealismo, la tribu se reúne para celebrar la publicación de Perros habitados por las voces del desierto (Editorial Aldvs), una antología que reúne 19 infrarrealistas —con varios poemas inéditos— realizada por Rubén Medina, uno de los fundadores del movimiento.
“Está vivo”, me dice Medina, emocionado, refiriéndose al infrarrealismo. “Aquí estamos, míranos, con las mismas actitudes y envejeciendo”. Han venido de Francia, España, Perú, Chile y otras partes de México. Se abrazan en medio de la presentación, recuerdan a Bolaño, Mario Santiago y Cuauhtémoc Méndez, gritan y se ríen, “nos partimos la madre escribiendo poesía”, se escucha a Juan Esteban Harrington, José Peguero lee uno de sus poemas, Ramón Méndez recuerda los recitales en la Casa del Lago, se quitan el micrófono, Rafael Catana invita al público a comprar el libro o a robarlo. También están Édgar Artaud, Pedro Damián, Guadalupe Ochoa, Víctor Monjarás, José Rosas Ribeyro.
“La idea de esta antología es mostrar que ha habido un trabajo”, me dice Medina. […] “Nosotros no sólo éramos una expresión de rebeldía, escribíamos y algunos lo seguimos haciendo. La consigna del infrarrealismo nunca fue la de publicar; lo fundamental era explorar el binomio vida-escritura por medio de nuestra radicalidad, inusitada percepción y actitud frente a la realidad”.

[…] ¿Qué es el infrarrelaismo, Rubén? “Es el modo en el que decidimos vivir, comunicarnos, pensar, entendernos. La poesía es el corazón de la revuelta, de la revolución. Está en el centro de todo. Tenemos una visión poética de la vida, no soñadora o romántica, sino auténtica, compleja e intensa. Poesía no es sólo lo que escribes en un papel, poesía es este momento, y entender la vida así te exige ser más crítico frente a las poses, el engaño, la artificialidad, te exige cierta verdad, cierta autenticidad”.

domingo, 25 de enero de 2015

LA GENTE DE PAZ EN GUERRA CONTRA LOS INFRARREALISTAS

Este episodio de la historia de la literatura mexicana empezó en mayo de 2014 debido a la publicación de una antología: Perros habitados por las voces del desierto (430 páginas) en Aldus, de Rubén Medina, y siguió en agosto, con una entrevista con el compilador y en diciembre seguía resonando en las páginas de una revista del D.F., Letras libres.

UNO
Un boletín del Museo del Chopo, enviado por la oficina de difusión cultural de la Unam, informaba:

“Perros habitados por las voces del desierto: Poesía infrarrealista entre dos siglos”, de Rubén Medina, antología que reúne por primera vez a 19 de los poetas latinoamericanos pertenecientes al infrarrealismo. Incluye a José Rosas Ribeyro, Mario Santiago Papasquiaro, Roberto Bolaño, Édgar Artaud Jarry, Víctor Monjaraz, Jorge Hernández Piel Divina, Pedro Damián Bautista, Ramón Méndez, Rubén Medina, Mara Larrosa, José Peguero, Rafael Catana, Cuauhtémoc Méndez, Bruno Montané, Claudia Kérik, Óscar Altamirano, Guadalupe Ochoa, Juan Esteban Harrington y Mario Raúl Guzmán.

DOS
El lunes 19 de mayo, otra nota de prensa, más amplia, anunciaba que la presentación del libro sería el 28 de mayo, que los presentadores serían Rubén Medina, José Paguero, Guadalupe Ochoa, Pedro Damián, Mario Raúl Guzmán, Gerardo González y Juan Esteban Harrington, y que habría música interpretada por Armando Rosas, Rafael Catana y Baldíos.

“La antología Perros habitados por las voces del desierto. Poesía infrarrealista entre dos siglos, a cargo de Rubén Medina, reúne textos de 19 escritores pertenecientes al infrarrealismo, movimiento del que hasta hace algunos años se sabía muy poco a causa de su posición crítica y algunas veces abiertamente hostil hacia la cultura oficial. La actividad se inscribe en el marco de Literatura expandida.
Bajo el sello editorial Aldus, el libro presenta el trabajo de los poetas José Rosas Ribeyro, Mario Santiago Papasquiaro, Roberto Bolaño, Édgar Artaud Jarry, Víctor Monjarás, Jorge Hernández Piel Divina, Pedro Damián Bautista, Ramón Méndez, Rubén Medina, Mara Larrosa, José Peguero, Rafael Catana, Cuauhtémoc Méndez, Bruno Montané, Claudia Kérik, Óscar Altamirano, Guadalupe Ochoa, Juan Esteban Harrington y Mario Raúl Guzmán. Cabe mencionar que una tercera parte de los poemas incluidos se publican por primera vez.
La publicación cuenta con la introducción, selección y notas de Rubén Medina, poeta mexicano-chicano y uno de los fundadores del movimiento infrarrealista. Vive desde finales de la década de los setenta en Estados Unidos, donde es profesor en la Universidad de Wisconsin-Madison.
El movimiento infrarrealista surgió en México en 1975 durante el proceso de masificación de la educación superior, que comenzó en 1968, la politización de la cultura latinoamericana durante los setenta, la euforia por la revolución cubana y la crítica de la herencia estalinista y de la complicidad profesional de la izquierda oficial.
Para los integrantes de este movimiento las ciencias sociales no logran explicar en toda su amplitud la emergencia del infrarrealismo y de montones de subjetividades afines incluyendo la nueva dimensión que adquiere el cuerpo, el deseo, el cambio en la percepción de las otredades sexuales y étnicas, la crítica de la izquierda desde la izquierda y el colapso de las fronteras entre alta cultura y cultura popular en la transformación de los imaginarios y las estructuras de los sentimientos.
Los poemas incluidos no desmienten lo dicho ya que el sujeto lírico expresa su propia situación existencial, triangulada por las fuerzas que conforman su identidad y que incluyen las circunstancias del momento, la manera de ser y la acción ética como procedimiento vital “busco / ojeo / cavo / rasguño todo lo que sé / y lo que no sé / por encontrar las palabras exactas / las únicas / que pueden deletrear / mi auténtico aire salvaje / mi humano perdido”, Claudia Kerik.
Mara Larrosa, poeta incluida en dicha antología, escribe sobre la consideración de la vida desde su perspectiva biológica-social “no hemos alcanzado un grado superior de racionalidad para existir,  8600 millones de siglos para que tuviéramos uñas, tobillos, amor por los lápices, por la verdadera lucha social”.
Poemas de calor y de respiración entrecortada es lo que aporta Pedro Damián Bautista “A 165 kilómetros por hora me desintegraré”, así como otros de poetas salidos de las colonias-pueblo, de los hoyos de la modernidad periférica que ahora es una modernidad de contrabando.
La presentación de este libro se llevará a cabo en la cafetería del Museo Universitario del Chopo el miércoles 28 de mayo a las 20:00 horas.Entrada libre. Participan: Rubén Medina, José Paguero, Guadalupe Ochoa, Pedro Damián, Mario Raúl Guzmán, Gerardo González y Juan Esteban Harringon.

TRES
El 26 de mayo, el periódico Enfoque publicó un despacho de Notimex:

Perros habitados por las voces del desierto. Poesía infrarrealista entre dos siglos”, antología a cargo de Rubén Medina, que reúne textos de 19 escritores pertenecientes a dicho movimiento poético, se presentará el próximo 28 de mayo en el Museo Universitario del Chopo.
Bajo el sello editorial Aldus, el libro da a conocer el trabajo de poetas como José Rosas Ribeyro, Mario Santiago Papasquiaro, Roberto Bolaño, Édgar Artaud Jarry, Víctor Monjarás y Mario Raúl Guzmán, entre otros.
La publicación, un tercio de la cual es inédita, cuenta con la introducción, selección y notas de Rubén Medina, poeta mexicano-chicano y uno de los fundadores del movimiento infrarrealista fundado en la Ciudad de México, en 1975, por un grupo de poetas jóvenes.
Para los integrantes de este movimiento, las ciencias sociales no logran explicar en toda su amplitud la emergencia del infrarrealismo y de montones de subjetividades afines, incluyendo la nueva dimensión que adquiere el cuerpo, el deseo, el cambio en la percepción de las otredades sexuales y étnicas.
Mara Larrosa, poeta incluida en dicha antología, escribe sobre la consideración de la vida desde su perspectiva biológica-social y afirma que “no hemos alcanzado un grado superior de racionalidad para existir, ocho mil 600 millones de siglos para que tuviéramos uñas, tobillos, amor por los lápices, por la verdadera lucha social”.
Los poemas incluidos en la antología no desmienten lo dicho ya que el sujeto lírico expresa su propia situación existencial, triangulada por las fuerzas que conforman su identidad y que incluyen las circunstancias del momento, la manera de ser y la acción ética como procedimiento vital.
“Busco / ojeo / cavo / rasguño todo lo que sé / y lo que no sé / por encontrar las palabras exactas / las únicas / que pueden deletrear / mi auténtico aire salvaje / mi humano perdido”, expone la poeta Claudia Kerik.
Poemas de calor y de respiración entrecortada es lo que aporta el artista Pedro Damián Bautista en “A 165 kilómetros por hora me desintegraré”, así como otros poetas salidos de las colonias-pueblo, de los hoyos de la modernidad periférica que ahora es una modernidad de contrabando.
En la presentación del libro participarán Rubén Medina, José Paguero, Guadalupe Ochoa, Pedro Damián, Mario Raúl Guzmán, Gerardo González y Juan Esteban Harrington.

CUATRO
Gabriela Cervantes y Mario Castro en Scribd

Un buen día hace unos 40 años, un grupo de jóvenes (clasemedieros, izquierdosos, hartos del régimen cultural y con dos chilenos y un peruano incluidos! decidieron formar un movimiento que prometía romperle la madre a Octavio Paz, el aún monolítico poeta del México contemporáneo (como forma de romperle la madre a la cultura oficial mexicana!). Reuniéronse para recopilar su poesía, hacer lecturas que terminaban en borracheras de proporciones y atmósferas dionisiacas, irrumpir en lecturas abiertas oficiales donde las palabras, en no pocas ocasiones, se catafixiaron por puños: el movimiento comenzó a invadir los “altos y refinados círculos culturales”).
Aun así, el infrarrealismo no nació en México: su concepción, por lo menos la base teórica, fue creada por el también chileno Roberto Matta, personaje iniciado, expulsado y perdonado por el surrealismo de Bretón). A finales de123, Matta entregó al poeta francés Jean Schuster una serie de notas guía, esquema de una ponencia presentada durante un congreso en la Cuba recién encaminada al socialismo; dichas notas fueron publicadas con comentarios del francés bajo el título de Développements sur l’infra-réalisme de Matta
en1970. Esta historia se cuenta aparte)

Probablemente, Roberto Bolaño —el narrador tan aclamado como escupido— supo de la existencia de este libro casi cuando se publicó. Como sea, ambos chilenos apostaban por una misma tendencia estética: la revolucionaria en su sentido más estricto. Siendo jóvenes en una Latinoamérica gobernada por dictaduras, más o menos viles, la opresión los conduce a revertir órdenes morales y políticos: su poesía no respeta la melosidad de un López Velarde ni mucho menos el frac con que visten los versos de un Paz preNobel; se aliena a la embriaguez de la calle que acompaña a los poemas de infraín Huerta o al sentimiento de extrañeza y automarginación propia de los
beatniks.

CINCO
La revista Siempre! incluye el 23 de agosto una amplia entrevista de Adriana Cortés Kiloffon

Se reúne a diecinueve poetas del movimiento infrarrealista fundado en 1975 por Rubén Medina, compilador del libro Perros habitados por las voces del desierto (Aldus, 2014) y catedrático de la Universidad de Wisconsin, quien se propuso desde sus inicios confrontar a los grupos de poder literarios. Medina vive desde hace 37 años en Estados Unidos integrado a la comunidad chicana y latina. Roberto Bolaño, además de una veintena de poetas (Mario Santiago Papasquiaro, José Vicente Anaya, José Rosas Ribeyro, Bruno Montané, Juan Esteban Harrigton, Mara Larrosa, Gelles Lebrija, José Peguero, Guadalupe Ochoa, Jorge Hernández, entre otros) participaron en este movimiento y salieron de México para “buscar otros espacios de acción y supervivencia, lugares que al menos nos permitieran mantener la dignidad, y poder existir fuera o al margen de las mafias y grupos de poder literario”, de acuerdo con Medina.

—El desierto, el callejón sin salida, los márgenes son imágenes claves en el infrarrealismo, según lo dice en la introducción. ¿La poesía: una salida a ese callejón? ¿Un oasis en el desierto?

—La poesía no es una “salida” sino una forma de navegar por ese desierto, una manera de entrar al callejón sin salida y habitar los márgenes, y ocupar el centro temporalmente. La metáfora del oasis tiene una dimensión romántica en el imaginario y supone siempre una realidad de excepción a lo ordinario; es el espacio de revelación y conciencia que crea o descubre una individualidad “privilegiada” que es el poeta. Aunque, por otra parte, sí podría ser un “oasis” pero en el sentido que Baudelaire da en su poema “Le voyage”, como ese lugar del horror en el desierto del aburrimiento, un oasis de horror en el centro de la vida cotidiana. Es decir, Baudelaire invierte o convulsiona la metáfora de la tradición romántica, y tal inversión proporciona otra conceptualización del poeta.

—La vida como arte / El arte como vida: ¿la consigna del infrarrealismo?

—Se trata de mover nuevamente el arte o la poesía a la vida, de asumirlosde esa manera, pues la institución busca mayormente domesticar el arte, separarlo de lo que verdaderamente importa (y que esto implica considerar toda clase de problemas humanos y sociales).

—¿Cuál es el papel de Papasquiaro en la consolidación del infrarrealismo?

—Es, por supuesto, clave. Mario regresa de Europa e Israel a finales de 1978 y reagrupa a los infras que se habían quedado en México, cuando ya nos habíamos ido del país Bruno Montané, Roberto Bolaño, José Rosas Ribeyro y yo. La existencia y continuidad del infrarrealismo se debe mayormente a él, pues durante los años ochenta varios poetas se suman al grupo, precisamente por la labor de Mario. En los noventa asimismo crea las ediciones Al este del paraíso. Su labor es consistente durante tres décadas. Y aún antes de que emerja el infrarrealismo Mario introduce la actividad neo-vanguardista en México a principios de los setenta; de hecho en enero de 1974 publica Zarazo, una revista informada por la actividad del surrealismo, dadaísmo, los Beat, Hora Zero, los situacionistas, y la teoría marxista posterior a 1968. Mario nunca se desvía de este camino que emprende cuando apenas cuenta con dieciocho años. Por eso digo en la introducción de Perros habitados que él es la figura radical de la neo-vanguardia latinoamericana.

—¿Qué significado tiene “Déjenlo todo, nuevamente” de Bolaño para el infrarrealismo?

—Es una reconsideración crítica de las vanguardias históricas y el punto de partida del infrarrealismo como movimiento y colectivo. Ahí se expone, telegráficamente, la ética y estética del infrarrealismo. Ese manifiesto emerge durante las caminatas diarias y discusiones de varios miembros del grupo, y a la necesidad de exponer algunas ideas básicas. Roberto tomaba notas, discutía, nos leía párrafos de lo que había escrito la noche anterior, y cada uno opinaba o elaboraba a partir de lo que se decía. Lo publicamos cuando Peguero y yo sacamos el primer y único número de Correspondencia infra en 1977.

—¿La publicación de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño por una parte recrea “una mitología seductora del infrarrealismo, y por otra convierte al infrarrealismo en un hueso bastante manoseado y duro de roer”?

—La novela de Bolaño captura aspectos importantes del infrarrealismo, y cobra ahí una existencia, complejidad y proyección (si bien ficticia y por ello enormemente más poderosa) que se le había negado en México y que muchos ignoraban. La novela inmediatamente tiene una recepciónestupenda en todas partes del mundo hispánico y los lectores (sobre todo jóvenes) se entusiasman con la novela y las aventuras de sus miembros e integrantes. Se adentran en la polifonía de la novela y ésta los invita a la aventura y los caminos, a repensar la literatura, la poesía en el mundo actual, el riesgo, las cuestiones éticas, el amor y la sexualidad.

—¿Por qué Bolaño introduce en esta novela a la poeta Concha Urquiza como personaje?

—Creo que al leer a Bolaño hay que entender su inmensa habilidad y creatividad ficcional, esto es, el modo en que toma lo real o histórico y lo adapta para sus propios fines. Eso es típico de su narrativa. Cesárea como personaje en la novela ofrece una manera de reconsiderar la vanguardia histórica a través de la experiencia de una mujer y poeta marginada, perdida por el norte de México; es como imaginar la figura femenina en México de César Vallejo, el más complejo y original de los vanguardistas latinoamericanos, a la que buscan los visceralrealistas a fin de poder descifrar los misterios de la poesía y de la vanguardia. Todo esto a fin de liberarse de ese pasado, y asumir plenamente su orfandad, una nueva y emergente subjetividad. Este tránsito se puede ver al comparar esas dos figuras fundamentales en la novela: Cesárea Tinajero y María Font. Vanguardia y neovanguardia.


SEIS
Y en diciembre, David Medina Portillo publica un artículo, “Vanguardias de salón”. Sobre este autor la revista incluye una tarjeta de presentación: nació en la Ciudad de México en 1963, es poeta, ensayista y editor. Y también es “editor-in-chief de la revista bilingüe Literal: Latin American Voices”.

Como toda vanguardia que se respete, el infrarrealismo tuvo una vida breve y, según José Vicente Anaya, murió de muerte natural hacia finales de los años setenta. Sin embargo, para Rubén Medina, responsable de esta antología, el infrarrealismo no es una vanguardia cualquiera sino un fenómeno heterodoxo, una suerte de revolución permanente destinada a poner de cabeza el panorama de la poesía tal y como se concibe en nuestro medio local-global contemporáneo. Contra la realidad endémica y atávica de una tradición excluyente, mafiosa y oficiosa que durante décadas y décadas ha contado con “todos los recursos de una nación” (sí, señor) y que, en esa medida, se reparte puestos y canonjías perpetuándose dentro de las intrincada redes del poder en México, el infrarrealismo se ha propuesto, desde su fundación en 1975, como “la aventura, el callejón sin salida, una nueva ética del escritor, el nomadismo, el constante movimiento entre los márgenes y los centros, la crítica y la autocrítica; experiencias todas ellas que deben definir más profundamente a los poetas y la poesía en la época contemporánea”. Todo un plan de acción maestro, como se ve, lo suficientemente espeso como para que cualquiera entienda lo que sea; entre otras cosas que el infrarrealismo no-está-de-vuelta porque, para ser honestos, nunca se fue.

En efecto, la intención principal –si no es que única– de Perros habitados por las voces del desierto es llamar la atención sobre cómo el infrarrealismo es capaz de reinventarse y reaparecer hoy bajo un carácter de neovanguardia post. Según Rubén Medina la revuelta de los ismos históricos (dadaísmo, futurismo, surrealismo, etcétera) nunca sobrepasó los márgenes de la página; las vanguardias sesenteras y setenteras, en cambio, pusieron todo su empeño en fundir vida y poesía. Las casi sesenta páginas del prólogo reclaman para sí esa herencia y, siguiendo en más de un sentido los ejemplos de la Internacional Situacionista, aspiran a reconstituir el infrarrealismo actualizando, en pleno siglo XXI, ya no una insurrección utópica a la vieja usanza sino un arte pro, experimental y multidisciplinario, como quizá habría querido Guy Debord. De este modo, la antología reúne a diecinueve infras con obras tan tempranas como Reinventar el amor (Martín Pescador, 1976), de Roberto Bolaño, hasta el recientísimo Mapas de bolsillo (Tajamar Editores, 2014), de Bruno Montané. En el arco que va del invisible Bolaño a Montané, Rubén Medina recurre a algunos libros marginales –de cartoneras e incluso inéditos– lo mismo que a un gran número de títulos publicados con presupuestos universitarios y del Estado y, en un solo caso, el de Bolaño, bajo sellos globales como Random House (Lumen) o independientes y trasatlánticos como Anagrama y Acantilado. En este contexto, la probable vigencia del infrarrealismo estaría en relación directa con su inquebrantable vocación nómada, la que le ha permitido no solo atravesar el siglo sino adoptar y adaptarse a los previsibles tópicos de la posestética. Qué importa si, en su momento, Bolaño y Papasquiaro hablaron del infrarrealismo como un episodio fechado y dejado atrás.

El proyecto de un infrarrealismo activo es una posibilidad tentadora. Sin embargo, apenas si resiste la prueba de un sentido común mínimo. En efecto, Rubén Medina hace hincapié en una “nueva radicalidad”, determinada por una fuerte conciencia de la realidad y del papel del “productor de cultura” en la sociedad, lo que conduciría a una “ética de la vida diaria” que, supongo, también es nueva. De acuerdo con esto, el poeta infra se definiría por “una vida precaria pero no como precondición de su verdadera identidad y búsqueda (no estamos en tiempos de san Juan de la Cruz, ni tampoco se puede entender el infrarrealismo solamente a través de un esquema de clase social), sino como resultado de mantener una ética en la impositiva economía del mundo moderno global”. Dicho de otro modo, no tenemos por qué vivir como Darío Galicia, el infra de quien corrían leyendas sobre su trepanación (por lo demás cierta, hay poema de Bolaño al respecto), y al que solo Huberto Batis tenía la extravagancia de publicar en el suplemento Sábado de los años ochenta. Al parecer, Darío quiso fundar el primer partido comunista homosexual mexicano y alcanzó a publicar un solo libro, La ciencia de la tristeza, antes de apagarse en el anonimato, según testimonio del también infra Uriel Martínez. ¿Podríamos imaginar a Darío Galicia como autor de Perros habitados por las voces del desierto. Poesía infrarrealista entre dos siglos? Esto o algo parecido sería lo lógico. Pero no nos engañemos, en su nueva versión el infarrealismo no exige una marginalidad patética y patente. Quizá por ello, Darío ni siquiera aparece en esta antología, pese a que Bolaño lo consideraba el mejor poeta entre los infrarrealistas, junto con Mario Santiago. Aunque ya sabemos, Bolaño dijo tantas cosas, contradictorias entre sí muchas veces. La cuestión es que Rubén Medina es un PhD adscrito al área internacional de la Universidad de Wisconsin, en donde asiste como director del Global Cultures Certificate Program. Ejerciendo una ley no escrita característica de la academia en general y de la norteamericana en particular, desde ahí puede suscribir el discurso de la marginalidad y hasta manifestarse como antisistémico, siempre y cuando sea gracias al mismo sistema. ¿Hace falta decirlo? Si al igual que las vanguardias de principios del siglo XX el infrarrealismo “histórico” emergió espontáneamente, las neovanguardias de hoy parecen inconcebibles fuera del claustro universitario, las fundaciones y demás circuitos institucionales encargados de la “producción de cultura”. Para algunos de los fans del infrarrealismo la antología de Rubén Medina es todo un acontecimiento. Heriberto Yépez ha celebrado el volumen como una de las “obras literarias más importantes publicadas en México en esta época”, junto con su prólogo, “uno de los ensayos más completos que haya escrito un poeta mexicano en los últimos cuarenta años. […] Sospecho que vienen en camino otros ovnis”. Sin embargo, ahí donde Yépez ha comenzado a presentir ovnis yo apenas si puedo ver algo más que los despropósitos de una vanguardia de salón.

José Vicente Anaya dejó atrás el infrarrealismo y siguió escribiendo ya solo como José Vicente Anaya. Por simple lógica no cupo en esta antología. A Darío Galicia, acaso igual que a otros infras excluidos por Rubén Medina, lo condenó su propia radicalidad extenuada hasta el anonimato. Con Roberto Bolaño sucedió lo contrario: la demasiada fama nos privó de verlo aparecer en esta antología y de sus poemas aparecen solo los títulos seleccionados pero no el texto. Tales ausencias me parecen un tropo estupendo: el infrarrealismo se hace a un lado..., viva el infrarrealismo.

SIETE
MENSAJES DE LOS LECTORES

Anónimo (no verificado) - Diciembre 23, 2014.
Dos modestas aclaraciones: 1. Darío Galicia nunca fue infrarrealista, sólo era un amigo. La confusión viene a partir del personaje Ernesto San Epifanio de Los detectives salvajes. La novela está inspirada en un grupo de amigos, pero no es la foto o crónica maniquea de ese grupo, ni tampoco del infrarrealismo, como casi todo el mundo, leyendo mal la novela, ha aceptado o querido creer. 2. Uriel Martínez tampoco fue infrarrealista.

Elmer Werner (no verificado) - Diciembre 19, 2014.
no poems? just gossip? Vileness.

Nibaldo (no verificado) - Diciembre 19, 2014.Sin ninguna duda, Perros habitados por las voces del desierto es una antología crítica de un alto nivel reflexivo, histórico y estético, con gestos lúdicos provocativos, como el de dejar en blanco el espacio donde debieron estar los textos de Bolaño, con un vocabulario que roza lo insurrecto y con una estructura que permite engarzar una lectura que no se detiene, como no lo hace esta poesía. Celebro la publicación de un libro de tanta potencia poética y crítica, celebro que se distancie del típico texto hecho para agradar y evitar la discusión. Celebro, por último, que haya llegado a manos de un crítico que, sin mucha astucia, a través de su desprecio, solo logra exhibir lo que el poder sigue creyendo y temiendo del Infrarrealismo.

El episodio no termina aquí, sigue con el mismo reseñista Medina Portilla, quien ya se había ocupado, en 2013, de uno de los autores infrarrealistas, Mario Santiago Papasquiaro, lo agrego. Arte & basura, selección y prólogo de Luis Felipe Fabre (Almadía, 2012, 96 pp.)


OCHO
Papasquiaro es una leyenda alentada por Bolaño, un mal sueño de Ulises Lima que –mira tú– no acredita en Anagrama. Un bardo, habitualmente convulso entre lumpen y dadá, envuelto hoy en el incienso de una mistificación que subvierte al intratable en víctima: nuestro olvidado en la república de las letras. Arte & basura, libro de Papasquiaro solo gracias a la “curaduría” de Luis Felipe Fabre, es el capítulo más reciente y más pretencioso de esta mistificación.

Qué incómodo ver al curador empeñado en acentuar la afectación retórica: “Papasquiaro es un topónimo adoptado como apellido en homenaje al escritor José Revueltas pues así se llamaba el lugar donde nació: ¡literatura!” Tras la exclamación, el personaje reaparece como un as del terrorismo cultural y el adefesio. Como si Mario Santiago Papasquiaro (Ciudad de México, 1953-1998) recayera en la lírica solo por sus azotes heavy y no como el crispado desdén, precisamente, a la literatura y sus instituciones. Arte & basura es un conjunto heterogéneo de materiales, entre textos sueltos e “intervenciones”: poemas y anotaciones escritos al margen o sobre libros, revistas, boletos, servilletas, envolturas, etc. Claro, al infrarrealista jamás se le ocurrió un paquete así. Pero el propósito de Fabre al darle forma de libro fue evidenciar que para Papasquiaro la poesía fue una manera de estar en el mundo antes que una vocación convenenciera. El resultado es una distracción estetizante. El impresentable resuelto en artista conceptual, por si las moscas. Su manera de estar en el mundo, la de un coqueto adorno para la mesilla de centro. 

Previsiblemente, Fabre no deja pasar la ocasión de amonestar y enmendar la “historia oficial” de la poesía mexicana en el último siglo. Ya se sabe, la fastidiosa lucha entre buenos y malos contada –otra vez– desde los lugares comunes de la épica contestataria. Papasquiaro es poco más que la excusa para reactivar la disputa en esa esquina tan socorrida a últimas fechas, la obra de Roberto Bolaño y su equívoca genealogía, del estridentismo al infrarrealismo.

El curador advierte en el prólogo que el texto le importa menos que el contexto: si cambia, quizá los personajes retornen transformados. Hay que renovar no solo las formas de escribir ahora, afirma Fabre, sino también la idea de cómo se escribió antes. ¿Reinventar una tradición otra, como haría un Borges trasudando postestructuralismo? Bastaría con recurrir a algunas de las santísimas oposiciones de rigor: Estridentismo vs. Contemporáneos, Efraín Huerta vs. Octavio Paz. O de otro modo: proletarios vs. exquisitos, populacheros vs. cosmopolitas. Etcétera. Con el subterfugio, claro, de suplir la historia por un puñado de anécdotas. Una cuenta que el Estridentismo fue algo más que una versión periférica de las vanguardias: una insurrección frontal a los poderes dominantes de la poesía y su filántropo mecenas, el Estado. List Arzubide puede presumir así al desinformado empíreo, en contra de Contemporáneos: “opusimos nuestra gran risa despreciativa y altanera, que todavía duele a los poetas de los ministerios que, usufructuando el favor del Estado, no fueron capaces sino de adquirir una gloria de papel” (El movimiento estridentista). Pero cualquier monografía básica registra que en 1925 Maples Arce despachaba como secretario de Estado en Veracruz y una hojeada a la revista Horizonte (1926-1927; FCE, 2011) regala al lector con loas a estadios y carreteras. El delirio más bien charro de una Estridentópolis en Xalapa, sufragado por el gobernador Heriberto Jara.

Corre la especie de que Bolaño se la jugó arrebatando del olvido la rijosa leyenda del estridentismo. Según La era de la discrepancia (2007), el libro de Cuauhtémoc Medina y Olivier Debroise sobre las vanguardias artísticas de los años setenta en México, los infrarrealistas “fueron publicados en Plural, la revista de Octavio Paz, [aunque] pronto el grupo fue marginado por su afán de provocación contra las mafias literarias”. Falso: la revista en que Bolaño firma, en los números 61 y 62, una semblanza, digamos, lírica del estridentismo y una entrevista a sus sobrevivientes no era ya la de Paz, que había renunciado varios meses antes (el último número que dirigió fue el 58, en julio de 1976). Bolaño entró por la puerta que había abierto Luis Echeverría con el golpe a Excélsior.
A juicio de Fabre La era de la discrepancia es la mejor interpretación que se ha hecho sobre el infrarrealismo y sus protagonistas. Para quien conozca esa investigación es obvio que de ahí surgió la idea de montar esta selección. Papasquiaro y el infrarrealismo tienen un lugar natural entre la insurrección contestataria y el desmadre setentero. Lástima que en las reivindicaciones de últimas fechas el radicalismo alternativo ya solo alcance para alimentar una poesía declaradamente anticanónica y antisistémica pero no menos cobijada por el Estado y la academia que por la retórica publicitaria de la rebeldía.

Cinco comentarios
Abundio Martínez (no verificado) - Agosto 30, 2014. Se supone que esta es una revista de literatura, ¿no es cierto, David Medina Portillo? Así, pues, ¿por qué no te dedicaste a escribir sobre los poemas y no respecto de cuánto te duele y arde la publicación de un libro sobre alguien a quien crees detestar? Vaya "artículo". Con razón Villoro los dejó. Como sea, ahora tengo unas ganas desaforadas de comprar el libro. En un rato lo haré.

Bun Alonso (no verificado) - Marzo 29, 2013. Bueno sí, ¿y la sustancia de la reseña? Pura retórica cantinflesca.

Pedro Damián Bautista (no verificado) - Marzo 24, 2013 ...cuando los "liberales" ven a lopezobrador en todo

Arturo Alvar (no verificado) - Marzo 23, 2013. Jaime Labastida tomó la revista "Plural" después del golpe de Luis Echeverría a Excélsior, sería él tanto o más responsable de la publicación del artículo sobre los estridentistas. Bolaño, que en ese momento no era publicado por ningún suplemento oficial, aceptó la propuesta, porque no fue ingenuo. Si lo fuera, se hubiese ido por esa historia maniquea de los buenos y los malos. No me parece que haya entrado por la puerta grande, se coló por ahí en el caos de la lucha intestina por el poder cultural. Por cierto, Jaime Labastida se ha vuelto un monstruo semejante a Paz, en cuanto a su influencia en el aparato cultural, pero ya quisiera Labastida soportar esos premios y cargos con una obra así de consistente. Del libro "Arte & basura", no se habló más que del gesto y lo sangrón de Fabre, igualito que Yépez. ¿Dónde está la poesía de Mario Santiago?

Juan Perez - Marzo 11, 2013.Ok, muy bien todo lo que dices, pero... ¿y la crítica al libro? Y los poemas ¿qué tal?

Dejamos aquí el episodio, pues ya se alargó mucho. A mí me queda claro que el reseñista de la revista Letras libres hizo su oficio de crítico sin buscar una tierra de nadie. Y lo mejor fueron los comentarios de los lectores, que bien podrían vivir con mayor tranquilidad si dejaran de leer a Medina Portilla. Consejo que vale también para mí. Agradezco a Francisco Javier Elorriaga Barraza que me haya enviado la entrevista de Siempre!

lunes, 5 de enero de 2015

LA ESPOSA DE ALFONSO REYES

En julio pasado, Sandra Frid presentó una novela, Reina de Reyes, publicada por Planeta, en la que presenta datos de la biografía de Alfonso Reyes y la vida que pasó con su esposa, Manuela Mota, un trabajo que le llevó cuatro años. Hace unos días se cumplió un aniversario más de la muerte del más importante escritor del siglo xx en México: 27 de diciembre de 1959. Cada vez hay más personas interesadas en la vida privada de los escritores, un hueco que se irá cubriendo en la exigua historia escrita de la literatura mexicana. Un ejemplo a tener en cuenta es el libro de la viuda de José Juan Tablada, Nina Cabrera, que dedicó parte de su tiempo a poner por escrito sus recuerdos del poeta, escritor y cronista.
En notas y entrevistas de julio pasado que están en Internet, incompletas y con errores, una actitud alentada por Frid es la de llamar “secretos” a esas anécdotas por ella “descubiertas”, como le ocurrió a los que “descubrieron” América, que siempre ha estado allí. Lo que hizo Frid fue buscar en los archivos y en los libros Reyes y encontrar una veta: Reyes tuvo una novia, Manuela, cuando eran estudiantes adolescentes y tuvieron un hijo. Cuando el padre de Reyes murió en los sucesos conocidos como la Decena Trágica, en México, Alfonso obtuvo del general Victoriano Huerta, golpista, usurpador, un trabajo en la embajada en Francia. Al caer Huerta, Reyes se trasladó a España, con esposa e hijo, sin empleo. Buscó y encontró qué hacer, seguir con lo que ya hacía: cultivar la literatura e incluso escribir reseñas sobre el naciente cine. Manuela, Alfonso y su hijo pasaron frío y hambre. Y no hay alusión a esta época en las notas periodísticas que publicaron sobre el libro de Frid.
Otras vidas de artistas importantes han sido más divulgadas, la que más es la de Diego Rivera. La viuda de Siqueiros, Angélica Arenal (1909-1989), asistía a la oficina de la Sala de Arte Público legada por el pintor “al pueblo de México”. Recuerdo las veces que estuve allí, con el maestro Alberto Híjar y algunos alumnos de Filosofía de la Unam y del Taller de Arte e Ideología, Ana María Escalera y Armando Castellanos y otros. Alguien dijo que ella estaba dictando sus memorias.
Lo que a veces descubren los lectores de revistas, periódicos y libros, y los que van a presentaciones de libros, es algo que no esperaban: los escritores son humanos. Y a veces son escandalosos, como Óscar Wilde o Paul Verlaine, quien hospedó en su casa a Arthur Rimbaud sin que le importaran las quejas de la señora Verlaine.
En tiempos de la Revolución Mexicana, Alfonso Reyes se portó como cien años después no lo harían los escritores mexicanos, pero no fue el único. Salvador Díaz Mirón dirigió un periódico durante la dictadura. Al caer Huerta fueron muchos los escritores que salieron del país. Se habían equivocado de patrón.
Que Reyes fue intolerante con su esposa, que sentaba en sus piernas a las admiradoras que lo visitaban, que hizo lo que haya hecho, como desnudar en su casa a una mujer durante la ausencia de Manuela, sí, y la cuestión es ¿por qué Frid escribió sobre esto? Es posible que Reyes estuviera ejerciendo un magisterio difícil: orientar las búsquedas de los futuros investigadores de sus obras. O más bien se debe a la relevancia que han ido teniendo las mujeres en la escena cultural.
Un amigo, Héctor Perea, publicó las cartas de Reyes con Victoria Ocampo, cuando el archivo de Reyes estaba en la Ciudad de México. Ahora que está en Monterrey (¡qué bueno que no está en la Universidad de Austin, en Texas, que paga bien a los familiares por los archivos de los escritores) la investigadora Frid tomó el camino de “rescatar” a Manuela Mota.
Paulette Patout publicó en 1990 (edición en francés, 1978) un libro: Alfonso Reyes y Francia, con sello de El Colegio de México y el Gobierno del Estado de Nuevo León. Consta de 664 páginas, más 89 páginas de apéndices: dos cartas y dos textos de Reyes, una bibliografía, que va de la página 673 a la 729, y un índice onomástico, de la 731 a la 756. Y hay un libro sobre Reyes y Brasil, y volúmenes de cartas con personas de su tiempo.
Visto así, escribir una novela sin el aparato académico de la investigación realizada, es una proeza. Pero que los reporteros de periódicos y revistas no se llamen a engaño. El trabajo de Sandra Frid obligará a más trabajos de más investigadores, porque Reyes es una fuente inagotable de humanidad.