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domingo, 16 de marzo de 2014

RETRATO DE ITALIANA, CHINAS Y MULATO

Complemento a la nota sobre Fabio Morábito publicada aquí el 15 de marzo, transcribo este párrafo de Conrad, que puede servir a los periodistas para hacer más literarios sus textos, ya que el periodismo primero fue un arte de la escritura.

“La señora de Viola era también italiana, natural de Spezia, y, aunque bastante más joven que su marido, era mujer ya de edad madura. Era de rostro hermoso, que había tomado un tinte amarillo, porque no le probaba bien el clima de Sulaco. Tenía una voz de hermoso contralto, bien timbrada. Cuando, cruzados reciamente los brazos sobre su amplio pecho, reñía a las regordetas chinas, que trabajaban en el arreglo de la ropa blanca, o pelaban las aves destinadas a la cocina, o machacaban maíz en morteros de madera en las casetas de barro situadas detrás de la casa, lo hacía emitiendo una nota de tan apasionada, vibrante y dolorida expresión, que el perro de guarda, atado a un cuchitril, daba un salto sacudiendo rumorosamente la cadera. Y Luis, el mulato, de piel color canela, bigote incipiente y gruesos labios negruzcos, suspendía su faena de barrer el café con una escoba de hojas de palma, sintiendo correr un suave escalofrío a lo largo de su espalda, mientras sus lánguidos ojos de almendra permanecían cerrados en prolongado transporte.”


Nostromo, relato de un litoral. Joseph Conrad. Unam, México, 1970. 1a. ed. 1946. Prólogo de Sergio Pitol. Traducción de Juan Mateos de Diego. Pág. 29

MISTRAL Y EL CONOCIDO ZEGERS

“Si España no se caracteriza por la gratitud y el trato exquisito a sus figuras literarias más destacadas –por lo general  las maltrata en vida y las entierra en el olvido una vez muertas– no es la única en practicar tan injusta conducta.”

Así da inicio la nota, en uno de los blog de El Boomeran(g), de Javier Fernández de Castro, sobre el libro Vivir y escribir, colección de fragmentos de escritos de Gabriela Mistral compilados por Pedro Pablo Zegers y publicados por la Universidad Diego Portales. Zegers dio a conocer hace unos años las cartas que Mistral mandaba a su secretaria, Doris Diana.

Mistral “nunca quiso redactar una autobiografía formal” y Zegers se puso a “entresacar y ordenar cronológicamente los fragmentos [de escritos de Mistral]”, para tener una “visión de una mujer singular y poco vegetativa y que se sentía cómoda en ese caos moderado que era su cotidianidad”. Lo mismo que hizo para integrar el libro Niña errante, que la escritora no habría permitido que se publicara y que hace pensar en los huecos que de seguro hay todavía en las leyes de protección de derechos de autor. Es difícil decidir qué conservar y qué destruir de los papeles que dejan los escritores (caso actual de Julio Cortázar; la que fue su esposa sigue publicando papeles que el escritor quizás habría destruido). Conflicto ante el cual los escritores deberían dedicar un tiempo, a tiempo, para hacer una limpieza profunda en sus escritorios. Zegers consiguió las 230 cartas de Mistral “sin fecha y escritas con lápiz de grafito” con los “herederos” de Doris Dana, al ser el intermediario con el estado chileno. Dana murió en 2007. (Un caso patético es el de una estudiosa que se aprovechó de Elena Garro.)

Zegers dice que le ha dedicado su vida a Mistral, así que dice tener derecho y se puso a preparar otro libro con las cartas de Mistral con su secretaria mexicana, Palma Guillén. Recordemos que Mistral vivió un tiempo en Xalapa.

Otras citas del artículo de Fernández de Castro

“Desde luego que este libro de prosas autobiográficas no excusa de leer paralelamente una biografía tradicional. Al revés, yo casi diría que es un estímulo para conocer mejor a esta mujer hoy bastante olvidada.”

“Es enternecedora su sorpresa [la de Mistral] cuando, al llegar a Madrid, descubre que la lengua que le enseñó su madre, perdida entre las montañas y a resguardo de modas e influencias extrañas,  era descendiente directa de quienes la llevaron allí y que, en cierto modo, incluso estaba mejor conservada.”

“Son continuas las trifulcas con sus compañeros de profesión, que nunca le perdonaron que ejerciera el magisterio sin tener título (como si para enseñar a unos niños olvidados de la mano de Dios en uno de los más inhóspitos confines del mundo se necesitase empapelar las paredes de diplomas); también con la prensa nacional, las autoridades y algunas figuras señeras, concretamente con Neruda, maestro, rival y protegido al mismo tiempo. Pero también con paisajes, costumbres y grandes hombres de otros países y continentes.”

“Son muchas las causas que se han aducido para explicar su lucha a brazo partido para asegurarse un lugar bajo el sol…fuera de los Andes.  Era mujer (“sin mucha gracia humana y sin mucha comunicación”), mestiza, de miras independientes (religiosa pero con ramalazos budistas,  y conservadora pero con convicciones en favor de las mujeres, los desprotegidos y determinadas estructuras sociales que impedían a las autoridades encontrarle un acomodo a gusto de todos).”