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domingo, 12 de agosto de 2012

RECONCILIAR EL PASADO / MIGUEL SALVADOR RODRÍGUEZ AZUETA


“Todo  lo que soy proviene de Veracruz, hasta mi misma inconstancia”
Agustín Lara

Miguel Salvador Rodríguez Azueta / FUNDACROVER. A.C.

Hace unos días hablé en la radio sobre los objetos perdidos en la historia de la ciudad de Veracruz. Monumentos, edificios, fuentes, arte sacro y hasta las llaves de la ciudad desaparecieron en el trascurso de los ya casi 500 años de su fundación. Sin embargo, considero que hay algo más importante que estamos a punto de perder: la identidad.
La identidad es una fuerza gravitacional que nos mantiene unidos a un núcleo, a un origen, aunque los mismos átomos se vayan transformando con el tiempo, el núcleo sigue siendo el mismo. Estoy  convencido de que, para que esto no suceda, primero debemos proceder a reconciliar nuestro pasado, esto es, aceptar y reconocer que la conquista no fue hecha sólo por los españoles sino también por un nutrido grupo de etnias hartas de un imperio  abusivo, que la Guerra de Independencia fue iniciada y concluida por españoles y con fines distintos a una democracia, que la primera revuelta electoral de 1828 fue ocasionada por encumbrar a un “elegido del pueblo”, lo que nos llevó al desmembramiento y al caos, que la Reforma optó al final por conciliar, que el Porfiriato estabilizó al país y que la Revolución no fue una, sino varias, que al final también optó por la institucionalización de las inquietudes de los menos por los más.
Este proceso mental lo podemos poner en práctica con mayor facilidad si buscamos un video de youtube llamado “La vida en 45 segundos”, y aprovechar para incluir las aportaciones históricas de los veracruzanos a esta nación y al mundo. Una vez que hagamos esta catarsis histórica, con facilidad aceptaríamos que los veracruzanos tenemos mucho que ver en esos 45 segundos en la historia nacional, desde los huastecos, totonacos, olmecas, la conquista, el Puerto del Reino, baluarte de la resistencia española, insurgente, republicana, heroica, rebelde, socialista, priista, panista y lo que le siga.
Una vez logrado lo anterior, pasaríamos a un proceso íntimo: la reconciliación de nuestro pasado. Aceptaríamos que fuimos y somos varios Veracruz, no sólo uno, y que incluso hoy ya no lo somos, pero que aún nos une algo muy fuerte, un núcleo de identidad histórico, que necesita urgentemente atención, que al reconciliar nuestro pasado nos reconozcamos no como víctimas, sino responsables de ese pasado, para poder acceder a un futuro que no tenga que ver con las decisiones de personajes ajenos  a nuestra identidad.
Es cierto, el veracruzano del siglo XIX no es el mismo que el del siglo XX, ni en su primera ni en su segunda mitad, fue cambiando, transformándose, adaptándose y cambiando el entorno. Nuestro núcleo de identidad tuvo un empuje  artificial en los años 40 del siglo pasado. Por necesidades políticas al jarocho se le identificó con una indumentaria que no era la suya, atribuyéndole características típicas en su forma de hablar e identificado por su indolencia, vulgaridad y fiesta perpetua.
Tan artificial fue, que al llegar el siglo XXI nos percatamos que perdimos  nuestra fiesta popular, el Carnaval ya no es nuestro, ni el monopolio de las groserías y ni qué decir del ambiente fiestero nocturno en el bulevar, el cual fue acorralado cuando el culto a la muerte nos encerró en nuestras casas.
¡No!, definitivamente no somos los mismos, ni podemos aspirar a serlo, porque Veracruz es tierra fértil para la diversidad cultural, estoy seguro que cada 24 horas se  integra una nueva expresión, sería ilusorio sentarnos a añorar el  fandango, el danzón, sin reconocer que el reageton o la música norteña ya tienen su preferencia. No creo que los recursos de dominación colonial que señala Guillermo Bonfil Batalla se estén aplicando por algún grupo conspiratorio -estigma, violencia y la negación- para desaparecer nuestra identidad.
No le echemos la culpa a ninguna autoridad, somos nosotros, la sociedad, padres de familia y ciudadanos, los empresarios, los intelectuales que hemos dejado pasar el tiempo, los verdaderos responsables, de estar aniquilando la veracruzanidad.
Dejemos que los viejos políticos sigan con su misma fórmula, cada vez más alejados de la realidad, al fin y al cabo ellos se toparán con la sorpresa que la sociedad tampoco es la misma, por lo que respecta a nosotros. Es imperativo que nos “caiga el veinte”, esto es,  darnos cuenta que debemos fomentar la identidad como veracruzanos mediante acciones educativas en nuestra empresa o comunidad, es lo que nos debe importar, me explico, estoy seguro que a cualquier empresario veracruzano le conviene que sus empleados estén identificados con su ciudad, con su historia, reconciliados con su pasado, lo que les permite mejorar su rendimiento, productividad y arraigo a la empresa, por sólo mencionar el caso de los empresarios.
La ciudad sigue en expansión, sus átomos alejados del núcleo -Centro Histórico- están en riego de perder en corto tiempo la fuerza de atracción que los  mantiene unidos.
Estamos a tiempo, los invito a que nos reconciliemos con nuestro pasado. Yo invito a los actores sociales comprometidos con nuestra ciudad a que lo hagamos. Primero, aceptemos nuestros errores; segundo, reconozcamos que hemos sido muchos Veracruz, hoy mismo lo somos. Una vez que nos “caiga el veinte” podremos elegir entre perderlo todo o acertar a consolidar una identidad, que nos permita llegar unidos a conmemorar los 100 años de nuestra cuarta gesta heroica, y en el año 2019 nuestro gran evento de identificación, nuestra última oportunidad de mantenernos unidos, como nación jarocha.

                                                                                azueta@hotmail.com