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domingo, 16 de febrero de 2014

LA CELESTINA

Otro libro por rescatar, el de Pablo Fernández Márquez, Los personajes de la Celestina (Alejandro Finisterre Editor, 1970). Tiene un "prólogo" facsimilar de León Felipe, de 1967, e lustraciones cuya procedencia no se indica y que son una maravilla. Tiene una dedicatoria: "A Eugenio Méndez, hombre noble y amigo generoso". Es una pena que no se haya escrito el segundo apellido, pues podría tratarse de un veracruzano atento a las vicisitudes de la cultura desde la capital de la república.
Ciertas noticias de estos días, provenientes de España, que divulgan el llamado del gobierno a los israelíes, a quienes les han ofrecido pasaporte si comprueban que sus antepasados habitaron en la península (ver nota en elpais.com: Añoranza por Sefarad, pero no para volver", artículo de David Alandete, Jerusalén, 15 de febrero, y decenas de cartas-polémicas), y respuestas diversas, de israelíes y de lectores.
Complemento pertinente nos parecen las palabras de Fernández Márquez en este libro "viejo".

"España hubiera sido el país más transigente en religión, y en ella hubieran convivido tres creencias, si por un lado, la alta dirección del Estado no hubiera creído esto peligroso para la naciente unidad nacional, y, por otro, si al morir el poder feudal, no hubiera sido el alto clero el mayor detentador de riquezas, y el elemento social más culto y preparado políticamente. Y entonces, en aquel momento crucial, vinieron las conversiones en masa, la expulsión, el incumplimiento de tratados que permitían la existencia de templos mahometanos y hebraicos. Un furor fanático se había enseñoreado de la iglesia dominante. Y España fue intransigentemente católica, aunque muchos ciudadanos en lo íntimo de su ser, fueran escépticos. Condición que, desde entonces acá, llevan en el alma miles de españoles."
"Indudablemente, Rojas [autor de La Celestina] es un escéptico, pero también lo fueron muchos de los escritores españoles que le precedieron inmediatamente, sin haber pasado del judaísmo al cristianismo, y de los que Menéndez Pelayo dice: 'pero no es difícil encontrar en poetas y prosistas de los más afamados, indicios de una cierta licencia de pensar, y más aún, de extravagante irreverencia en la expresión'."

No debemos seguir dándole la espalda a la cultura cuya lengua y más señas culturales tenemos en nosotros, porque hablar español implica hablar una historia. ¿Cuánto tiempo más vamos a dejar que priven los motivos de dejadez por los que Menéndez Pelayo, y muchos autores más, sean lecturas inalcanzables.
Por lo pronto, en rtve.es pudimos ver tanto a un judío como a un católico a los lados de Isabel, en una segunda temporada de especial interés para nosotros, latinoamericanos. Terrible la actuación de la Inquisición y de la propia reina, de Fernando, pues por conseguir dinero hicieron y deshicieron.

LIBROS DE LA TERCERA EDAD

Algunos empleados de industria y comercio nos fueron convenciendo con el paso de los años que debíamos consumir lo nuevo, sin garantía de que fuera mejor. Hay asilos de ancianos pero las familias siguen optando por cuidar a sus padres o abuelos viejos en casa. Un buen paso fue inventar lo de "tercera edad", aunque excepto para descuentos no se para qué sirva el rótulo, quizás para no ser desechados tan rápido, o para ayudar en algo a quienes ya no consiguen trabajo, o se emplean como empacadores de mercancías en algunas tiendas. ¿De verdad tuvieron poca educación y en la vejez no pueden vender algo de lo que saben?
Y los libros. Es desagradable pasar el día criticando todo lo que ocurre cerca o lejos de nosotros. Compramos libros viejos sin pensar en cómo habían llegado a los estantes o mesas de los vendedores. ¡Libros viejos! Un libro no envejece. Se le desprende la cubierta, se deshoja, se manchan sus hojas por la humedad, la polilla hace túneles dentro de los libros viejos. ¡Sí! Pero los editores jóvenes, si es que no son de costumbres viejas, deberían hacer un movimiento en pro de la recuperación de los libros viejos. Y los lectores deberíamos hacer un movimiento en pro de los libros muy valiosos.
Para decretar el olvido de un libro deberá constar que hay un libro nuevo que es mejor que el que lo antecedió. Así no se pierde el respeto por los viejos muertos. Un libro que ya no sirve sólo es de interés para los coleccionistas. Y un libro nuevo recibe la promoción de editores y libreros, quienes no saben si es mejor, igual o no que el clásico que no han vuelto a imprimir, que quizás no conocen.
Y en esta parte aparecen los principales asesinos de libros viejos. Los maestros. Su preparación es deficiente y su sabiduría es minusválida.


Pongo por caso un profesor que no conoce el libro de María Rosa Lida sobre La Celestina. Después de indagar un poco (¿ah, la policía del pensamiento!) descubrimos que no ha leído La Celestina. El título del libro de María Rosa Lida es Dos obras maestras españolas. ¿Qué pasa en las clases de Literatura que los profesores ignoran dos obras maestras?

Lo primero es que no hay librerías en la ciudad de Veracruz, que en Xalapa o Puebla es posible que tengan nuevas ediciones de La Celestina. Que quizás haya que trasladarse al Distrito Federal para buscarlo, o asomarse a Internet. Conclusión: los profesores omiten los libros que no conocen y evitan que sus alumnos los conozcan. Y si no está el libro La Celestina al alcance, no creo que esté el libro de María Rosa Lida. ¿Y la Editorial Universitaria de Buenos Aires, que publicó en 1966 el libro de Lida protestará porque fotocopiemos este libro, cuya cubierta se romperá en el proceso y algunas de sus hojas se desprenderán, por el buen fin de compartir un libro que es una obra maestra de una estudiosa argentina que nació en 1910 y que murió en EU, donde pudo vivir a salvo de lo que ocurría en su país?
Pedimos respeto por los libros viejos, para los que proponemos el adjetivo CLÁSICOS. Y, si no son clásicos, la frase de tercera edad.

En el taller de creación literaria de la USBI-UV Boca del Río, Veracruz, iniciamos el viernes pasado (16:30 a 18:30 los viernes) el estudio de los libros La Celestina y Dos obras maestras (tercera edición, junio de 1971. El libro de Eudeba costaba en 1974 16 pesos e hicieron el 20% de descuento: 3.20, total: 12.80 pesos. La nota la extendió la Librería de El Colegio de México, que entonces estaba en Guanajuato 131, colonia Roma, D.F. Si alguien quisiera comprarlo, no lo vendería.