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domingo, 21 de septiembre de 2014

LITERATURA Y ARTE

TEXTO DE JESÚS GARRIDO*

La Ventana Cerrada, en su nueva época, celebra hoy [septiembre de 1996] su presentación oficial, postergada algunas semanas pero, a pesar de ello, oportuna. Siempre será oportuna la existencia de una, llamémosle también, constancia, evidencia del quehacer literario y cultural del puerto de Veracruz.
La Ventana abre hacia adentro porque es allí donde transcurre el mundo verdadero. El otro, el mundo de afuera, el de las ventanas abiertas, no guarda ningún misterio.
Juan Joaquín Péreztejada escribió, con motivo del número inaugural:
“Iniciar una nueva aventura literaria siempre da un poco de miedo. Ir acompañado de Jaime Velázquez es como tomarse una dosis de meyeril de veinticinco y y vivir, como alguna vez los franceses, en la resistencia cultural. ¿Qué hay en Veracruz digno de difundirse? ¿Qué está pasando que el lector deba saber? Aquí vamos.”
Para estas fechas, agosto de 1996, reemprendemos la publicación de La Ventana Cerrada ya no más con la natural desconfianza hacia el futuro, sino con la certeza de que sí hay alternativas que ofrecer a los lectores, con gran confianza en ese extraño privilegio, la amistad.
Ya lo decía Borges, y decía muy bien: “un suplemento cultural es un grupo de amigos que se reúnen a hablar de los temas que les gustan y que los unen”.
Esto nos lleva al incómodo terreno de las definiciones. ¿Qué es La Ventana Cerrada, una revista, un suplemento, un folletín, una hoja literaria? Respuesta inmediata: es una publicación porteña semanal. En todo caso no es cuestión de formatos sino de contenido.
Pero veamos. Los antecedentes directos de La Ventana Cerrada parten de una revista, Galeón, y de La Puerta, sección cultural de Llave, revista especializada más bien en política.
Galeón surge en 1988, con una periodicidad promedio de uno o dos meses y logra subsistir cuatro números. Galeón era una revista volcada hacia la creación, cuento y poesía, con algo de crítica literaria. [Resto del párrafo, omitido.]
La Puerta aparece tres años después como consecuencia de la búsqueda de espacios del Centro Literario de Veracruz, integrado por Marisol Robles, Mary Carmen Gerardo, Jesús Garrido y Juan Joaquín Péreztejada, contando con colaboraciones permanentes de Jaime Velázquez.
La Puerta era una sección dentro de la revista Llave, fungía más bien como suplemento si nos atenemos a la opinión de Ignacio Solares, director de Diorama de la Cultura, suplemento cultural de Excélsior, de 1971 a 1976:
“La página o sección está hecha para informar de los hechos que acaecen diariamente en el ámbito cultural y el suplemento debe servir, entre otras cosas, para reflexionar sobre tal acontecer”. René Avilés Fabila, nombradso en 1985 director de El Búho, también suplemento de Excélsior, comenta al respecto:
‘A un suplemento yo le daría una vocación más de creación; es decir, más espacio para el ensayo, la crítica literaria y cinematográfica, el poema, el cuento, el fragmento de novela…’.”
La Puerta era todo eso, y dadas las posibilidades de Llave, incluyó fotografías y viñetas. De allí que otros colaboradores fueran ya no sólo escritores sino también fotógrafos y dibujantes: Genaro Aguirre, Miriam Gasperín, Ali Gardoqui, Arturo Talavera, Leonel Zárate, Rosete.
Un intento más reciente data de principios de 1993, año en que aparece Hipócrita Lector, revista con una propuesta a medio camino entre Galeón y La Puerta, que no pudo sobrevivir al primer número pese al entusiasmo de su editor, Juan Joaquín Péreztejada.
Ciertamente, el panorama literario en Veracruz presentó, en el lapso referido, 198893, otras publicaciones, escasas en número y que no podríamos llamar antecedentes directos de La Ventana Cerrada. Sin embargo, merece mención aparte Sólo para intelectuales, suplemento de Notiver dirigido en el espacio interdécadas por Carolina Cruz, el cual gozó, cosa rara en periódicos locales, del apoyo del director del periódico, más cuando sabemos que suele verse el suplemento como un añadido, un lastre que no genera aumentos significativos en las ventas.
La Ventana Cerrada, como Galeón e Hipócrita Lector es independiente y su fuerza es la voluntad de trascender de sus editores y colaboradores. Supone, además de los ya mencionados, la incorporación de otros nombres en los afanes culturales: Carla García, Erika Rocha, Óscar Reyes, Fabiola López, Ariel García, Jorge Álvarez, Zarathustra Vásquez, María Ofelia Broissin.
Por lo que hace a su contenido, en La Ventana Cerrada conviven, en el más fiel espíritu de la época, cuento y poesía, crítica y ensayo, viñetas y fotografías, música y cine, artes plásticas y escénicas.
Aunque podríamos reconsiderar esto último y marcar una tendencia común hacia los soles de arena y las flores de sal, cotos de caza, culto del poema. La poesía escribe, trata y reintenta en cada número, conviviendo siempre en armonía con las otras disciplinas. Por ello, La Ventana es un intento visual, imagen que entra por la vista pero penetra también por el oído.
Para aquellos que piensan que la literatura y el arte que no se practica, presenta o difunde en el D.F. son vanos e intrascendentes, ésta y otras muchas publicaciones mexicanas, que no de provincia, se levantan, aún con la desventaja de un centralismo inmoral, temeroso del país mismo, caen […] y vuelven a levantarse.
Podríamos resumir que La Ventana Cerrada es una publicación local, nunca localista, imbuida de una universalidad que por sí misma no pretende excluir sino asimilar, reinventar: universalidad natural, la de las almas que habitan luz adentro, detrás de las ventanas.


(Omitimos el epígrafe y los cuatro primeros párrafos del texto.)

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