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martes, 14 de febrero de 2012

AL PIE DE LA LETRA / EDMUNDO LÓPEZ BONILLA

El rey llamó al juglar y le dijo:
―Aldo, debo partir a la conquista de Jerusalén y te encargo la responsabilidad de cuidar y atender a la reina Clandelina tan cumplidamente como si yo mismo fuese; mira que la reina está encinta.
Partió el rey con su ejército.
Tres años estuvo ausente, tres años destelló su brillante espada por tierras lejanas en lucha esforzada contra los infieles.
Al llegar al castillo después del viaje, llamó al juglar y le preguntó:
―¿Cumpliste mi orden?
―Sire. ―Contestó el juglar―. Cabalmente―. Hizo una venia y señalando gentilmente a la reina que por una puerta aparecía, terminó diciendo al rey en tono de satisfacción―: Vos mismo podéis ver que vuestra señora, la bella y dulce reina Clandelina,  luce lozana y… que sigue encinta.

EL AGRAVIO / EDMUNDO LÓPEZ BONILLA


A
 pesar de la tenacidad con que trataba de olvidar, todas las palabras y los gestos de su gente le hacían recordar. El resquemor subía lento, desasosegador desde el vientre aposentándose en la boca, inundándola con el sabor indefinible del desconsuelo.
     Fue paciente. Desde el principio del percance trató de centrarse en la idea de que nada había perdido, y arduamente la tranquilidad ganó algún terreno en su espíritu convulso. Entonces, en un monólogo interior trató de establecer el valor real de las cosas, ya que un siglo antes, la raja de canela necesaria para una tisana era muy cara; sin embargo, toneladas de canela, de clavo y de pimienta, naufragaron junto con las naos que la transportaban. Y él se enorgullecía de muchos de aquellos hundimientos porque debido a la patente de corso, con el perjuicio colaboraba con sus reyes a obstaculizar el comercio del enemigo.
Lo sabía perfectamente, no importaba si en el abordaje, además de las vidas se perdían las mercaderías tan valiosas como un tesoro, sino aun el oro, las joyas; lo esencial estribaba en causar daño. Era una alimaña adiestrada desde grumete para devastar, a condición de hacerlo a costa del adversario y cumplía esa labor tan diligentemente como sus compinches. Por eso, a tiros de cañón acribilló las murallas de los puertos, después sus huestes asolaron a las poblaciones con el saqueo, el crimen, los excesos. Cuanta nave útil capturó, fue sometida a su uso y voluntad.
No podía ignorarlo, con la orden nefanda de arrasar Cabo Sagrez, quedaban sólo ruinas de la realización del sueño de un visionario, que con su esfuerzo y el de sus capitanes había hecho desaparecer el aura tenebrosa “al verde mar de la oscuridad”, trocando las llanuras marinas en áreas plenas de libertad. Mas como el mar es el azar mismo, ese logro resultó muy caro en tiempo, oro y vidas. Cómo no habría de saberlo: en aquel castillo estaban los mapas, los instrumentos en cuyo manejo se adiestraron los marinos que abrieron para él y su mundo, los mares de la tierra. Sin los viajes de esos pioneros, no podría haber sido el primer oficial inglés en cruzar Panamá y contemplar aquel otro mar detrás de la barrera del continente: piélago inmenso por donde navegaría posteriormente, cumpliendo inexorable su sino pernicioso. Luego: ¿Cómo no pensar que la ingratitud más densa le dictó acabar con ese símbolo?
Pero la altanería de su libertinaje no se ensombrecía con re-mordimientos. Su pesadumbre era por el menoscabo a su orgullo; mientras que el rescoldo de su yo racionalista le decía que la vida es buena; pesimista, se empeñaba en ver sólo lo malo, como Jeremías, se lamentaba del balance de sus cuentas.
Porque él: Francis Drake, el altivo, el cruel, el juramentado a defender con la espada y aun con la vida la causa del corsario; en el tráfago de una inmunda taberna de algún puertecillo, sufrió la afrenta de ser degradado por una mujerzuela ofendida, que descargó todo su desprecio al mirarlo con aire burlón, al tiempo que con lentitud, casi silabeando le llamó: ¡Pirata!

MOVIMIENTO CIUDADANO DE CULTURA, XALAPA


BOLETÍN

EVENTO: PRESENTACIÓN DE LA CONVOCATORIA DE LA 12ª BICM Y EXPOSICIÓN DE CARTELES / SANGRE HUMOR Y LÁGRIMAS EN EL CARTEL MEXICANO DE CINE.

EVENTO DE “MANANTIAL EN LA ARENA” Movimiento Ciudadano de Cultura en Xalapa.

LUGAR: Galería Wìktor Gòrka
FECHA: Jueves 16 de Febrero 19.hrs.

Con motivo de la presentación en Xalapa de la convocatoria para participar en el concurso de la 12ª BICM hemos organizado nuestra primera exposición de este año dedicada al Cartel de Cine Mexicano 1971 – 1990. Un periodo de producción de cartel mexicano poco estudiado en donde las propuestas de los ilustradores crearon un nuevo rostro del cartel mexicano. A.M. Kacho, Kiki, Luis Carreño, L. Mendoza, “Marco”, “Pato”, F. Cerezo C., entre otros destacados ilustradores de historias dirigidas por Alfredo Gurrola, José Loza Martínez, Rafael Pérez Grobas, Germán Valdés "Tin Tan" y Federico Curiel entre otros directores de esa época.
Ilustraciones mexicanas en acuarela. gouache o técnicas mixtas y pistola de aire que describen y presentan a actores y actrices como Zulma Fayad, Santo, el enmascarado de plata, Chachita, Lin May e Hilda Aguirre, Rafael Inclán, Tin Tán así como a las famosas Sasha Montenegro o Carmen Salinas.
Con la intención de apoyar las actividades de la 12ª BICM esta colección estará a la venta como una oportunidad de conservar estas piezas cartelísticas que demuestran una gran destreza de los ilustradores de cartel del cine mexicano. Carteles como el de la película El rey de Monterrey, en donde Capulina se presenta como actor estelar, Santo, enmascarado de plata, o María Antonieta de las Nieves actuando al lado de Manuel “el loco” Valdés. Carteles de Películas de sangre, humor y lágrimas del cine mexicano.

ORGANIZADORES: Bienal Internacional del Cartel en México A.C.: Secretaría de Relaciones Exteriores de México, Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad Autónoma Metropolitana, Instituto Nacional de Bellas Artes, CONACULTA y el Gobierno del Distrito Federal.

PATROCINADORES: Papelerías Lozano Hermanos, Grupo Equipamientos Urbanos de México, Hewlett Packard e ICOGRADA
http://www.bienalcartel.org.mx/


Calle Fernando de Jesús Corona 19, a media cuadra del parque Los Berros,
Xalapa, Ver.
galeria.wiktor.gorka@gmail.com

lunes, 13 de febrero de 2012

SINCRETISMO CARNESTOLENDO / IVONNE MORENO USCANGA

EXPOSICIÓN DE NÉSTOR ANDRADE EN CASA PRINCIPAL

Todos disfrutamos del carnaval,  y cómo no, si es la fiesta de la carne. El origen es latino, la gran ciudad, la de todos los caminos convergentes, Roma, inició estas fiestas, “carnale”, como tales, las celebraciones donde se da rienda suelta a los sentidos, fuera de toda cabalidad.
En México, cuna del sincretismo, por el crisol de culturas a raíz del encuentro no sólo entre dos mundos, sino de varios, el carnaval ha tomado connotaciones especiales. Pero no debemos olvidarnos, “el carnaval también es cultura”.
Para dirimirnos esta sentencia se encuentran los enunciados y el mundo plástico de Néstor Andrade, realizador veracruzano cuya esencia visual se ha caracterizado a lo largo de una importante trayectoria, como confeccionador de máscaras y maestro de pintura.
A lo largo de su carrera, Néstor se avoca a develar el misterio de las máscaras, pues su personalidad y la de sus  ejes pictóricos esconden el misticismo del origen de la palabra “personae” es máscara y, para el pintor en este planteamiento le va su imaginación y utopía.
Andrade abre así una serie de hermenéuticas, hacia lo entendido o vivído por el carnaval. Recordemos, los carnavales se asocian a lo sagrado. En el universo católico el carnaval precede a la Semana Mayor en distintas comunidades indígenas a los ciclos de la vida-muerte, fecundidad- sequía, gozo-abstinencia, el bien y el mal.
Néstor Andrade se mimetiza con los conceptos varios del carnaval. No vemos sólo al cuerpo danzar o someterse a excesos escondido tras una máscara, sino también vemos a los individuos confeccionar una máscara como si detrás de ella, le fuera la vida misma, su motivo de existir y por ello, como el carnaval es un vestido, una danza, los contoneos alrededor de una pieza musical, la selección de colores para muchos atuendos, el carnaval también es cultura.

CON LA PARTICIPACIÓN DEL GRUPO KBULAZ
Miércoles 15, 20:00 hrs.
Mario Molina 315, Centro Histórico, Ciudad de Veracruz

 

¡AY, DOMINGA! / VERÓNICA PARRA

Era Ia quinta hija de un matrimonio hiper católico, su papá, Juan Escobedo, médico querido por toda Ia gente,  bonachón, regordete, y Guadalupe GonzáIvez, beIIìsima mujer de Ios aItos de Jalisco, hija de españoIes y educada de forma muy estricta y reIigiosa.  Guadalupe trataba con dureza a Andrea, Victoria, Rosalina Refugio, Dominga, sus cinco hijas, y a Pedro, su único hijo varón.
Vivian en un puebIo de quince mil habitantes, según dijeron Ios deI censo. Eran señalados como una famiIia de alcurnia ya que no se mezclaban con Ia gente común. Salían a Ia botica con su papá, a Ia tienda de ropa que eIIas mismas atendían y a Ia igIesia mañana tarde y noche porque formaban parte  deI  coro.
Andrea tocaba Ia mandolina; Victoria, eI violín; Pedro, eI piano; Refugio guitarra y piano, RosaIina Ia guitarra. 
Cuando se Ie preguntaba a Dominga ¿y tú que instrumento tocas?, ella contestaba Ia puerta.
Nunca Ie gustó Ia disciplina que se Ie imponía en su casa, demasiado estricta y aburrida, Dominga hubiera querido nacer en eI seno de una familia holgada, moderna, menos  religiosa.
Dominga Escobedo no Ieia, no estudiaba, con trabajos terminó Ia primaria, no trabajaba y Ie gustaba baiIar, tomar cerveza, ir Ias fiestas. TaI vez era Ia más coqueta pero no Ia más beIIa. Tenía una nariz grande sin ser aguileña, pieI apiñonada, ojos pequeños, boca mediana, peIo ondulado,  delgada, contestona y orguIIosa en extremo.
Ya casi a Ios cuarenta años conoció a Reyes Ruiz, un artista plástico  zacatecano, aIto, deIgado, con aires de grandeza, que empalagó eI oído de Dominga. A pesar de Ias advertencias de su papá y sus hermanas, pues ya Ia mamá se había muerto, Dominga se casó, en una boda que pareció velorio.
Reyes no vendía ni un solo cuadro y Dominga tuvo que ir a trabajar a Ia tienda de Ia famiIia y dedicarse a inyectar, cosa que había aprendido bien, mínimo sacaba Io suficiente para comer.
Victoria recibió una casa, herencia de su madre, y aI ver que Dominga no tenia hechura y su marido menos, decidió  regalárseIa a Dominga, que ya esperaba a su primer y único hijo. Reyes siguió sin conseguir un trabajo digno.
El niño nació y fue bautizado con eI nombre de Salvador.
Mientras abuelito Juan vivió, Chava tuvo una infancia más o menos normaI, la famiIia Io apapachaba igual que a Ios demás sobrinos.
Pero eI médico Juan murió. Dominga y su familia quedaron a Ia deriva.   Su esposo se bebía Io poco que ganaba trabajando con eI cuñado Néstor, que Ie dio trabajo por caridad, a sabiendas que Reyes no sabía hacer nada mas que pintar cuadros que no vendía.
Y fue asi que eI zacatecano un día decidió no presentarse a trabajar y dedicarse a descansar, alegaba que Ios sacos de cemento eran muy pesados y sus manos estaban adquiriendo unos caIIos que Ie deformaban sus manos, que podrían arruinarIe su futuro en Ia vida deI arte.
SaIió de Ia cantina sin un soIo peso en Ia cartera. LIegó a su casa, no pudo abrir Ia puerta, se encontraba atrancada con una aIdaba que su esposa había coIocado cuando Ie fueron a avisar que su marido estaba emborrachándose. Decidió cerrar Ia puerta y no dejarIo entrar hasta que aprendiera que no debería beber.
Reyes tocó Ia puerta con Ia mano, Iuego con una piedra, hasta que se quedó dormido en Ia banqueta. Cuando despertó se brincó la barda que daba aI patio, entró a su casa y forcejeó con Dominga, que estaba Iavando ropa. En un descuido de su marido corrió a Ia presidencia municipaI a dar parte y acusó a su marido de maIos tratos.
En una hora Reyes estaba en una ceIda. Tenían que pagar una muIta para que saIiera y como no habría quien se acomidiera, su esposa era china Iibre. FeIiz, Dominga se fue con sus amigas a escuchar música y tomarse una cervecita y platicar tranquilamente. Por fin se respiraba un ambiente de paz en su vida.
Pasadas veinticuatro horas, Dominga saIió de Ia tienda famiIiar, bañó a su hijo, se bañó eIIa y se fueron al cine. De regreso a casa se topó con su cuñado.
Néstor: “Tú estás muy contenta mientras tu marido está sufriendo hambre en Ia  cárcel”.
Dominga: “Tú no te metas; ahí en Ia cárcel Io voy a dejar hasta que se Ie quite Io borracho”.
Néstor: “Será flojo y borracho pero es eI padre de tu hijo y no Io podemos dejar ahí, por eso ya mandé a pagar Ia muIta y aI rato va para tu casa, así que prepáraIe aIgo de cenar y atiéndelo”.
Dominga: “¿Por qué no me dejan vivir mi vida? Yo no Ios necesito a nadie de ustedes”.
Nestor: ¡Ay, Dominga!, Ia pobreza te tumba y eI orguIIo te Ievanta.

domingo, 12 de febrero de 2012

EL TANGO / MARÍA DEL PILAR CAMPOS VELÁZQUEZ

Nació en el barrio de la Huaca, del puerto de Veracruz, en los años cincuenta del siglo XX. Pocos recuerdan su nombre, se llama José Candelario Moreno. Sus amigos lo conocieron primero como Tango, porque cuando era muy pequeño se le escuchaba decir:
-Tango hambe, tango fillo, tango mello.
El vecindario donde pasó su vida es habitado por gente brava, pero también de gran calidez y bullangueros de corazón. A pesar de las limitaciones económicas, las familias se organizan para participar en el carnaval y otras fiestas.
Su madre, mujer soltera con dos hijos: Alegría y Tango, lavaba y planchaba ajeno para sobrevivir y aún en estas precarias condiciones económicas, se las arregló para que sus hijos también fueran participantes de los desfiles infantiles. Ella misma fue una de las fundadoras de Las Bastoneras del 14, grupo de mujeres nacidas en los últimos años del siglo XIX que gustaban del baile y participaban en las comparsas, en las festividades del Rey Momo.
El primer disfraz que su madre le compró a Tango fue de gaucho. No ganó ningún premio en el concurso de disfraces infantiles pero obtuvo su segundo sobrenombre: “El  Che”, mismo que llevaría durante toda su vida.
En la escuela, durante las clases, lo llamaban Moreno. Al salir de clases, todos los conocidos lo nombraban por su apodo, sin embargo, en algunas ocasiones, dos o más chicos se ponían de acuerdo para gritar: “José Candelario” y por otro sitio se oía: “Tres Patines”. Si descubría a quienes habían sido los autores de la ocurrencia salía a perseguirlos y si los alcanzaba se agarraba a trancazos, que para eso él también había salido muy bueno.
            Fue un brillante alumno, le gustaba el estudio, pudo llegar hasta el primer semestre de bachillerato. La fatalidad le obligó a abandonar la escuela porque su madre murió, víctima de la tuberculosis. Él tenía 17 años.
            Para subsistir, un vecino, socio del sindicato de cargadores, lo llevó a los muelles del puerto. El primer día le tocó formar parte de la cuadrilla dedicada a descargar las bodegas de un barco granelero, en donde tenía que sacar “a lomo” costales de cincuenta kilos. Fue una jornada espantosa. Cada vez que le ponían a la espalda un bulto, sentía el gran peso asfixiante, sus piernas trémulas apenas podían dar el paso, la deshidratación en cada viaje hacía estragos en su débil cuerpo y sólo pudo trabajar medio jornal.
            Llegó agotado al cuarto de la vecindad donde vivía, le dio a su hermana el producto de su esfuerzo, bebió mucha agua, se dejó caer en el catre y se quedó dormido hasta el anochecer. Cuando despertó, devoró un plato de frijoles de la olla, tacos de chiles en vinagre con queso y un pocillo de café negro que había preparado Alegría.
            -Fue muy duro, pero voy a continuar. Hoy aguanté poco, pero mañana me preparas agua de limón para llevarme.
-Espero resistas. Llegaste muy pálido y demacrado.
-A todo se acostumbra uno, menos a no comer.
Al terminar la semana ya habían descargado varios barcos, pero él solo podía trabajar medio turno. Uno de sus compañeros le ofreció un cigarro de marihuana para resistir el turno completo, pero El Che no lo aceptó. 
            Pasó cierto tiempo y un día atracó en los muelles un barco argentino. La tripulación de la nave se sorprendió cuando escucharon que al chamaco le decían Che. Un oficial se acercó para preguntar por qué le llamaban así. El Che le contó la historia del apodo. Desde el principio se notó la empatía entre ambos, al final de la charla el argentino le propuso enseñarle a bailar tango.
            -¡Che! Tenés que bailar tango. Traé a tu pareja.
            Durante la estancia del barco rio platense, después de la jornada, El Che se acompañaba de su hermana. Cuando la embarcación partió, ya habían aprendido los pasos básicos del tango. El oficial argentino había sembrado la semilla de la danza en el corazón del Che y ahora esperaba su regreso para continuar con las lecciones de baile, lo cual no sucedería sino después de varios meses.
            Cuando atracó en el puerto un navío cargado con sal, si bien ya estaba acostumbrado al trabajo pesado, esto definitivamente no lo pudo soportar, al final de la faena tenía la espalda ulcerada por la acción corrosiva de la sal en la piel. Cuando llegó a su casa le dijo a Alegría:
            -Es el último día que voy al muelle, no regresaré nunca ahí.
-Pues a ver a qué te dedicas, tienes que traer dinero, en esta casa el que no trabaja no come.
-Ya lo pensé, haré un cajón y me iré a bolear zapatos al zócalo.
            A la mañana siguiente hizo su cajón para guardar los utensilios de lustrado, compró el betún, cepillos, brochas y por la tarde se dirigió al zócalo en donde trató de bolear zapatos ¡Oh, decepción!, Los boleros del lugar no se lo permitieron. Entonces se fue a esperar la salida del turno de los obreros portuarios, ahí pudo recuperar su inversión y un poco más, llegó contento a su “casa”, le dio dinero a su hermana y salió un rato con sus amigos.
Al regresar a su cuarto no encontró a su hermana, se sentó, prendió el radio y sintonizó la XEU. Escuchó  los primeros acordes del tango “Caminito“, abandonó la silla en la que estaba, juntó los escasos muebles cerca de la estufa y en el centro de la habitación se detuvo con los pies juntos, sus brazos simulaban abrazar a su pareja, e inició el baile, uno, dos pasos adelante, y otros para atrás, su pierna derecha entrecruzó a la de su supuesta pareja, arrastrando suavemente el cuerpo de la bailarina, gira, desliza el pie izquierdo, hace nuevamente un giro, cruza por atrás la pierna derecha, siente el contacto del cuerpo de su imaginaria pareja en su tórax, la flexiona hacia atrás, todos los sentidos se alertan, se ahonda la sensualidad con la fantasmal proximidad física. Durante los breves minutos que dura el baile vivió un momento de ensueño.
            Al finalizar la melodía se escuchó una ovación. No se dio cuenta que un grupo de vecinos se había detenido a observar su danza. Muy pronto se corrió la voz ¡El Che sabe bailar tango! ¡Y lo hace muy bien!
Ese día descubrió el amor a la milonga, quien baila hambres, tristezas, ideas y alegrías, comprendió que el mundo del tango es diferente, en él se desnuda el alma y se flota en la libertad.
A partir de esa noche, se dedicó primero a lustrar zapatos en el día y a dar clases de tango en las noches. Con el tiempo sólo enseñó tango.

ALMADIA. 72 MIGRANTES / ALMA GUILLERMOPRIETO, COMP.

72migrantes.com nació en medio de la angustia que surgió en tantos intelectuales, escritores, músicos y reporteros mexicanos con la noticia de la masacre ocurrida en el norte del estado de Tamaulipas, en agosto de 2010. En un país de migrantes, las víctimas –extranjeras todas– fueron asesinadas por personas que aún no han sido identificadas y en circunstancias que siguen siendo un misterio; pero que sabemos son mexicanas. Al horror del crimen siguió el humillante tratamiento que se le dio a los cuerpos: el accidente carretero que desparramó los cuerpos por las dos vías; la cobertura de prensa, con su énfasis en los cadáveres y no en las personas; la trasposición de los cuerpos de las víctimas, varios de los cuales fueron entregados a los familiares equivocados. Fuimos muchos los que nos sentimos simultáneamente afrentados, avergonzados, e impotentes.


En un intento de hallar consuelo, la periodista Alma Guillermoprieto tuvo la idea de hacer un “altar virtual” y convocar a setenta y dos participantes a escribir un texto corto dirigido a cada una de las víctimas. En busca de mantenerse fiel al propósito de los altares tradicionales de muertos, en la convocatoria explicó que en los altares se busca devolver el rostro y la individualidad a los que se han ido –y así, la vida– al mostrar sus fotos y hablar de ellos, así como ofrecer música, flores y acompañarles.



Colección: Narrativa
Género: Narrativa
ISBN: 978-607-411-083-8
Páginas: 192
P.V.P. $169
Fecha publicación: Septiembre de 2011
Encuadernación: Rústica
Tamaño: 20 x 20cm