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domingo, 11 de mayo de 2014

FLEET. EL CORONEL PELÁEZ

Prólogo del libro por Jaime Velázquez

En su anterior novela, Malo, Jorge Caretta hizo un recorrido por varios escenarios donde mostró personajes que no abundan en la literatura veracruzana. La vida se torna difícil para el joven protagonista conforme avanza la trama y vemos gente (oriundos del norte del estado) cuyas peculiaridades son descritas con realismo dramático. Novela-testimonio de una época cuyas raíces rompen el tiempo: el pasado sigue intacto en el presente, lo que constituye una crítica de las simulaciones del desarrollo, personal y social, como si la pintura de las fachadas de las casas en los pueblos pudiera hacernos olvidar un interior descolorido o tremebundo, donde late el corazón inmutable de sus habitantes.


En esta nueva novela, Fleet. El coronel Peláez, dos personajes coinciden en una fiesta familiar y comparten estrategias y operativos, leemos sobre el enfrentamiento de los habitantes de dos comunidades y un dirigente cuyo don de mando es cuestionado y desemboca en uno de los conflictos. No menos intenso es lo que preocupa al otro interlocutor, que ese día fue conociendo la profundidad de las grietas en los muros que lo rodean, en su familia, en su trabajo, en su propia identidad.
Estos dos personajes comparten fragmentos del conflicto que mueve la novela y que permite el funcionamiento de la mirada crítica del autor. Úrsula Ramos, en una nota sobre Malo en El Dictamen (12 de enero de 2013), destacó “los graves errores, injusticias más bien, que el gobierno ha cometido no sólo ahí —en la sierra huasteca— sino en las diversas regiones indígenas que figuran en nuestra geografía”.
¿Cuándo incluimos las frases ¡Qué horror! y ¡Por qué! en nuestra cotidianidad? Olvidar quiere decir soportar y repetir asombros, en una vida hecha por desgarraduras, acusaciones y perdones.
Nuestra memoria es víctima en un mundo de escándalos que las agencias noticiosas proveen a los vendedores de publicidad. Estrellas no son únicamente las personas movidas por poderosas maquinarias de promoción. También son todo lo que aparece junto a accidentes, catástrofes y violencia, desde toallas sanitarias hasta perfumes, desde rasuradoras y detergentes hasta medicamentos. Las esquelas, los obituarios se reparten de acuerdo con el tamaño de la presunta fama. Las víctimas de la hiperinformación somos quienes no sabemos comprar  silencio. Hay “dramas” todos los días, pero el tiempo que hay para mostrarlo es poco, es caro. Incluso algo “grande” es convertido en una noticia mínima porque hay más asuntos que tratar.
Como insecticida —el fleet— de uso extendido en los años cincuenta, la comunicación colectiva (mata y ahuyenta) insectos mientras alguien sirve platillos sin parar para los voraces consumidores —“publívoros”, devoradores de imágenes y sonidos de publicidad—. Si no se acaban las plagas —hay más hormigas que seres humanos—, sí aumenta la contaminación y provee de pesadillas sin fin a los usuarios. En Fleet, una actriz, claro, una estrella, tiene un accidente y es llevada a un hospital donde provoca un ciclón para deleite de los reporteros, es una noticia que no puede desdeñarse.
La habilidad de Jorge Caretta para urdir e imbricar historias luce en esta novela que bien podría llegar a ser una película de éxito si nuestro cine tuviera más tiempo de pantalla.

Durante la presentación de la novela, en el Museo de la Ciudad de Veracruz, el jueves 8 de mayo, el autor se dirige al público. A su lado, María Luz Olivares Aldana, Ivonne Moreno Uscanga, Jaime Velázquez Arellano y Úrsula Ramos Ramírez.

Jorge Caretta es un charlista notable, con una memoria que le permite mezclar con eficacia sus vivencias en el norte de Veracruz con las prisas de las grandes urbes. La sirena que pudo haber soñado en Tuxpan es también la sirena de una ambulancia que pasa por las calles donde un mar de gente trata de llegar a los noticieros. Ver y ser visto.
En cuanto al fleet, bajo los nombres y con las sustancias que estén de moda, no es necesario subrayar las advertencias y limitaciones que se conocen sobre los peligros de su uso y sobre todo por el abuso de aerosoles, asesinos del clima, éste cada vez más deteriorado por ellos. Un final sorpresivo que terminará por unirnos a todos.

lunes, 5 de mayo de 2014

PERIODISMO Y CULTURA

Panorámica de los años recientes, el artículo de Jorge Alberto González (ver aquí, o en facebook.com/Jorge Alberto González o en facebook.com/ jorge glezz ), y lo que falta es la frase que se me ocurre a cada paso en esta vida lenta y encerrada, o veloz y abierta, aquí o fuera de aquí. Lo que falta es el presente, incluso el nombre, que ya incluye la palabra Facebook.
En tiempos en que los periódicos se ocupaban de algunas aportaciones de artistas —cuadros, libros, obras— e intelectuales —los propios colaboradores de los medios, profesores universitarios—, uno no pensaba en lo que falta, tiempo y espacio, y el porvenir, porque funcionaba el correr la voz y las fiestas culturales eran cosa privada, de pocos amigos. Lo sigue siendo. Cámaras, todos tienen un celular e informan a la velocidad de la luz; micrófonos: la memoria es selecta y conserva y va desvaneciendo rostros y actos, lo que se dijo, lo que se oyó, o bien el gusto: me gusta, ya no me gusta. No se echa de menos el texto que falta y se rinde homenaje a la imagen.
La vida privada se ha estado haciendo pública en Facebook porque se adjuntan fotos familiares junto a otros asuntos de interés —compartir la lectura de una revista inabarcable: ¿de dónde sale tanta información? (allí estaba, pero fuera de nuestro alcance); lo que se comparte es el asombro momentáneo, que suplimos al rato siguiente—, invitaciones que son desatendidas porque ocurren en muy diversos sitios al mismo tiempo y sigue quedando fuera el texto, incluso los nombres de los personajes del álbum de fotos. Gana la vieja práctica: tratar la información como nota de sociales, los rostros que estuvieron presentes, la fiesta sin fin, las conversaciones tipo café, o lechero; todo y nada, lo del día con una canilla que es plataforma de la todología, el pasado como una gota salpicada en la mesa.
El acto llamado cultural —lo es— y social, convocado por el acto artístico, sigue siendo un regocijo que no nos perdemos, a veces con retumbos de política. Ahora va acompañado de fotografías y videos, música para acompañar la lectura. En el mundo Facebook todos somos reporteros. Un lugar por lo pronto fuera del alcance de los periódicos, que siguen seleccionando, jerarquizando.
Jorge Alberto González levanta el dedo índice y clama por historiadores, ¿clama en el desierto? No. Se para en una realidad difícil de fijar. Antes, el papel periódico (guardado en microfilm, espero, en el Archivo General de la Nación) permitía la investigación, siempre tardía. La pantalla donde Facebook nos ilumina va acumulando material que será irrecuperable para los investigadores comunes, que vuelven a buscar a los testigos (dice Jorge Alberto), como si acabara de pasar el hecho, como si la memoria retuviera pelos y señales, como si no dijera una cosa por otra. Material que siempre fue más que el incluido en los periódicos y se vuelve nada en la memoria infiel.PERIODISMO Y CULTURA
Panorámica de los años recientes, el artículo de Jorge Alberto González (ver aquí, o en facebook.com/Jorge Alberto González o en facebook.com/ jorge glezz ), y lo que falta es la frase que se me ocurre a cada paso en esta vida lenta y encerrada, o veloz y abierta, aquí o fuera de aquí. Lo que falta es el presente, incluso el nombre, que ya incluye la palabra Facebook.
En tiempos en que los periódicos se ocupaban de algunas aportaciones de artistas —cuadros, libros, obras— e intelectuales —los propios colaboradores de los medios, profesores universitarios—, uno no pensaba en lo que falta, tiempo y espacio, y el porvenir, porque funcionaba el correr la voz y las fiestas culturales eran cosa privada, de pocos amigos. Lo sigue siendo. Cámaras, todos tienen un celular e informan a la velocidad de la luz; micrófonos: la memoria es selecta y conserva y va desvaneciendo rostros y actos, lo que se dijo, lo que se oyó, o bien el gusto: me gusta, ya no me gusta. No se echa de menos el texto que falta y se rinde homenaje a la imagen.
La vida privada se ha estado haciendo pública en Facebook porque se adjuntan fotos familiares junto a otros asuntos de interés —compartir la lectura de una revista inabarcable: ¿de dónde sale tanta información? (allí estaba, pero fuera de nuestro alcance); lo que se comparte es el asombro momentáneo, que suplimos al rato siguiente—, invitaciones que son desatendidas porque ocurren en muy diversos sitios al mismo tiempo y sigue quedando fuera el texto, incluso los nombres de los personajes del álbum de fotos. Gana la vieja práctica: tratar la información como nota de sociales, los rostros que estuvieron presentes, la fiesta sin fin, las conversaciones tipo café, o lechero; todo y nada, lo del día con una canilla que es plataforma de la todología, el pasado como una gota salpicada en la mesa.
El acto llamado cultural —lo es— y social, convocado por el acto artístico, sigue siendo un regocijo que no nos perdemos, a veces con retumbos de política. Ahora va acompañado de fotografías y videos, música para acompañar la lectura. En el mundo Facebook todos somos reporteros. Un lugar por lo pronto fuera del alcance de los periódicos, que siguen seleccionando, jerarquizando.
Jorge Alberto González levanta el dedo índice y clama por historiadores, ¿clama en el desierto? No. Se para en una realidad difícil de fijar. Antes, el papel periódico (guardado en microfilm, espero, en el Archivo General de la Nación) permitía la investigación, siempre tardía. La pantalla donde Facebook nos ilumina va acumulando material que será irrecuperable para los investigadores comunes, que vuelven a buscar a los testigos (dice Jorge Alberto), como si acabara de pasar el hecho, como si la memoria retuviera pelos y señales, como si no dijera una cosa por otra. Material que siempre fue más que el incluido en los periódicos y se vuelve nada en la memoria infiel.
En poco más de dos meses que he andado en Facebook para compartir lo que algunos artistas ofrecen como noticia importante, en espera de testigos redactores, tengo un piadoso recuerdo del teléfono y sus limitaciones, que no lo parecían, y tengo un gran susto por el futuro que se acerca a gran velocidad, como un tren bala. Me sorprende la prisa con que los celulares hacen posible una respuesta: me gusta, que nunca tuvo el teléfono porque había que caminar hasta el sitio donde estaba llamándonos.
Mi felicidad es gigantesca cuando accedo a varios periódicos al día, de varios países, en segundos, que antes de esta época parecían un museo en el que nada pasaba más que los turistas y para los asuntos que los periódicos consideraban de interés general. Y lo que más busco en esos periódicos extranjeros y leo es la opinión de los lectores, nuevos periodistas que, tímidos todavía, se esconden tras un seudónimo, como quien quiere recuperar la apacible privacidad del teléfono de pared. ¿Y el teletipo, el telex, el fax? No creo que pronto nos vayamos a preguntar: ¿y Facebook?
En poco más de dos meses que he andado en Facebook para compartir lo que algunos artistas ofrecen como noticia importante, en espera de testigos redactores, tengo un piadoso recuerdo del teléfono y sus limitaciones, que no lo parecían, y tengo un gran susto por el futuro que se acerca a gran velocidad, como un tren bala. Me sorprende la prisa con que los celulares hacen posible una respuesta: me gusta, que nunca tuvo el teléfono porque había que caminar hasta el sitio donde estaba llamándonos.
Mi felicidad es gigantesca cuando accedo a varios periódicos al día, de varios países, en segundos, que antes de esta época parecían un museo en el que nada pasaba más que los turistas y para los asuntos que los periódicos consideraban de interés general. Y lo que más busco en esos periódicos extranjeros y leo es la opinión de los lectores, nuevos periodistas que, tímidos todavía, se esconden tras un seudónimo, como quien quiere recuperar la apacible privacidad del teléfono de pared. ¿Y el teletipo, el telex, el fax? No creo que pronto nos vayamos a preguntar: ¿y Facebook?

SUPLEMENTOS CULTURALES EN EXTINCIÓN

Columna De todo y más, Imagen de Veracruz, 30 de abril 2014
Jorge A. González


Jorge A. González entre dos colegas, Claudia y Hugo


PRIMERA DE DOS PARTES
El periodismo cultural es una especie en vías extinción. Muchos de los suplementos culturales de los periódicos han desaparecido y las propias secciones culturales adelgazan cada día más.
El periodismo cultural en México tiene un panorama difícil desde muchos flancos, desde el irrisorio 15 por ciento de la población que lee periódicos (13), hasta el reducido espacio que los medios de comunicación disponen para la información cultural.
Quince años atrás, en la Ciudad de México existían siete suplementos culturales insertos en los diarios de circulación nacional y local: “Sábado” (unomásuno), “La Jornada Semanal” (La Jornada), “Arena” (Excélsior), “La Crónica Dominical” (La Crónica de Hoy), “El Ángel” (Reforma), “El Semanario Cultural” (Novedades) y “El Gallo Ilustrado” (El Día).
De todos estos suplementos nacionales en la actualidad sólo sobreviven tres: “La Jornada Semanal” (La Jornada), “Kiosco” (El Universal) y “Laberinto” (Milenio).
La situación en el estado de Veracruz no es ajena a esta crisis. Hasta donde pudimos investigar ubicamos en la ciudad de Xalapa sólo un suplemento cultural llamado “El Jiribilla”, que se publica desde hace cuatro años en el Gráfico de Xalapa.
Hay que deja claro que no debemos confundir el suplemento cultural con las páginas culturales o secciones culturales, como por ejemplo la del Diario de Xalapa, que tiene una amplia tradición y que posee información muy completa.
El suplemento es un producto cultural que se inserta en el cuerpo de un medio impreso, que cuenta con sus propios redactores sobre temas culturales a profundidad, que van desde críticas, reseñas, artículos, ensayos y demás. Las secciones culturales también son importantes, sólo que éstas forman parte del cuerpo del diario y escritas por el personal del mismo.
Hablar de los suplementos culturales en la ciudad de Veracruz es algo complicado, sobre todo porque la historia del periodismo como tal no está documentada, y menos el cultural.
Ni los investigadores ni los periodistas nos hemos tomado el tiempo para hacerlo, existen trabajos serios sobre la historia de la prensa en Veracruz, como medios impresos en general más no especializados en cultura, o bien sobre algún medio en particular que se dedicó a difundir la cultura, pero no hay una cronología histórica de los suplementos culturales en la entidad.
Por esta razón, los datos que enseguida comentaremos, fueron obtenidos de manera oral, como resultado de pláticas breves sostenidas con personajes -de los últimos 50 años- que fueron protagonistas de la información cultural en esta ciudad.

Columna De todo y más, Imagen de Veracruz, 4 de mayo de 2014

SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE
Al conversar con la maestra y periodista Marcela Prado Revuelta, quien ejerció el periodismo cultural por más de 45 años, nos habló de uno de los suplementos más importantes de esta localidad con repercusión estatal.
Fundado en 1978, “El Correo” era un suplemento dominical encartado en las páginas del diario El Dictamen, y dirigido precisamente por Prado Revuelta. En este espacio colaboraron importantes figuras de la escena cultural de la ciudad, el estado y el país.
La periodista recuerda a personajes como Sergio Galindo, Juan Vicente Melo, Sergio Dorantes, Antonio Salazar Páez, Rafael Arriola Molina, Francisco Rivera Ávila, Roberto Williams, Humberto Aguirre Tinoco (Tlacotalpan) y Fernando Bustamante (Santiago Tuxtla).
En “El Correo”, con diez años de vida, se publicaron reseñas, críticas y artículos relacionados con la literatura, la música, el cine, el teatro, así como entrevistas con personajes de la ciudad.
Prado Revuelta menciona además que antes del suplemento que ella dirigió existía ya la plana “Remate Dominical”, publicado igualmente en el diario El Dictamen, con más de 45 años de existencia que escribió muchos años el ya fallecido José Pérez de León, “Popocha”, cronista y fotógrafo.
De acuerdo con la periodista Carolina Cruz Morales, en los años 80 existió un suplemento cultural llamado “Esquife” en el diario El Dictamen, en el cual fungió como colaboradora.
Al desaparecer este suplemento, ella propone a Don Fernando Fernández responsable de El Universal en el puerto, la creación de un nuevo producto cultural impreso, que fue llamado “Azul Marino”. Cruz Hernández, con el apoyo del desaparecido escritor y promotor cultural Eduardo Sansores, fue un suplemento en el que colaboran plumas locales como Ignacio García, Juan Joaquín Pérez Tejada, Jesús Garrido y Marisol Robles, por mencionar algunos.
Es para octubre de 1987 cuando nace, a propuesta de Carolina Cruz, el suplemento “Sólo para intelectuales” en el diario Notiver, bautizado así por su director general, don Alfonso Salces Fernández. En la publicación dominical se escribía sobre literatura, teatro, cine y música; primero comenzó con una página en el cuerpo del diario, y terminó con cuatro páginas más, siendo un suplemento, según la periodista.
En “Sólo para intelectuales” participaban los escritores y periodistas de base, quienes generaban contenidos para el suplemento, entre ellos: Ignacio García, José Luis Cerdán, Arturo García Niño, Juan Vicente Melo, quienes publicaban trabajos especiales para cada domingo.
Aunque también colaboraron plumas reconocidas como Emilio Carballido, José Luis Rivas, Luis Arturo Ramos, Esther Hernández Palacios y Renato Prada.
Otro de los protagonistas del periodismo cultural en la ciudad de Veracruz es el escritor y editor Jaime Velázquez Arellano.
Fue fundador y director -en 1997- del suplemento cultural “Viernes de cultura en Sur”, en el diario Sur, hoy Imagen de Veracruz. El producto cultural duró tres años, salía a la luz todos los viernes y ahí publicaron personajes de la cultura en la ciudad de Veracruz que hasta hoy son reconocibles como: Ivonne Moreno Uscanga, quien escribía sobre Artes Plásticas, y el poeta Jorge Hernández Utrera, quien hacía crónica de la vida cotidiana.
En las ocho páginas de “Viernes de cultura en Sur”, solían abordarse temas literarios, de las artes plásticas, artículos y reseñas.
En este espacio las páginas se abrieron también para otros autores como: Jesús Garrido, Gabriel Fuster y Juan Joaquín Pérez Tejada, así como otros escritores de las ciudades de Xalapa y Orizaba.
Otro suplemento que también cobijó el diario Sur en su momento fue Paliacate (1998), el cual dirigió el escritor Jorge Moch, sobre todo con reseñas y críticas de libros.

Plumas de ayer
No podemos dejar de hablar de periodismo cultural en Veracruz sin mencionar a personajes claves, a quienes cito de manera dispersa:
Stuardo Ximénez, quien llevó el periodismo cultural a la radio, en Notiver-Radio y más tarde en Notiver -escrito.
El maestro, político y escritor Rafael Arreola Molina, quien como periodista escribió temas de cultura para el diario El Dictamen.
Gema Odila, quien promovió la literatura en las páginas de El Dictamen, también en su calidad de promotora cultural y como integrante del Club de Escritoras Veracruzanas.
José Peña Fentanes, Antonio Salazar Páez y Francisco Rivera Ávila “Paco Píldora”, los tres quienes dirigieron el Archivo Histórico de la Ciudad de Veracruz; personajes que publicaban para medios impresos sus crónicas sobre el acontecer popular.
Aquí debemos destacar que la décima, de origen netamente literario, fue llevada a niveles informativos-noticiosos precisamente por “Paco Píldora” y Rodrigo Gutiérrez Castellanos, quienes enviaban sus versos sobre el acontecer cotidiano a los diarios locales para su publicación periódica.
Como podrán darse cuenta, es necesaria una investigación detallada y completa ya sea desde la investigación histórica o periodística para documentar el poco o mucho periodismo cultural que se ha realizado en esta ciudad con 495 años de historia.
Hoy es de gran importancia saber cuándo se hizo por primera vez periodismo cultural en Veracruz tal como lo propuso Fernando Benítez, precursor del mismo en México.
Sería de gran aporte conocer cuánto espacio estaba disponible para los productos culturales; cuáles eran sus cualidades discursivas, quiénes eran las plumas protagonistas y los temas recurrentes.
Creo que rescatar la memoria del periodismo cultural en la ciudad de Veracruz es justo no sólo como contribución a la historia de esta profesión, sino para sentar las bases y generar nuevos productos de divulgación cultural que quizá no tengan que ser necesariamente en el papel sino a través de las nuevas tecnologías y redes sociales.

miércoles, 23 de abril de 2014

CIUDAD Y PUERTO DE VERACRUZ, 495 AÑOS

Ayer, en la Sala de Cabildos del H. Ayuntamiento de Veracruz, hubo una conmemoración por los 495 años de la fundación del primer asentamiento español en tierra continental.



Estuvieron presentes cinco ex alcaldes acompañando al alcalde actual, Ramón Poo Gil, además del gobernador del estado, del secretario de Turismo y Cultura estatal, de responsables del ejército y la marina armada, ciudadanos, funcionarios del gobierno municipal, empleados, reporteros. Y afuera, en la Plaza de Armas, más ciudadanos.
La réplica de la Llave de la Ciudad, que había dejado de figurar en las ceremonias de los anteriores gobiernos municipales, una alta distinción, volverá a otorgarse a personas que por algún hecho relevante o por sus actividades en pro del bien común contribuyan al enaltecimiento de la convivencia en este municipio.





Fachada del Edificio Municipal y escudo de la Ciudad, ayer en la noche.

domingo, 13 de abril de 2014

EN MAYO, PALABRA EN EL MUNDO


JARA Y HUERTA

Los datos biográficos de Heriberto Jara Corona están en Internet, donde localicé un libro. Nació en Nogales, Veracruz, en 1879 y murió en la ciudad de México en 1968. Fue diputado al Congreso Constituyente (1916), gobernador de Tabasco, de Veracruz (1924-1927) y del D. F. Fue Inspector General del Ejército en el gobierno de Lázaro Cárdenas (1935). En 1939 fue presidente del Partido de la Revolución Mexicana. En el gobierno de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) fue el primer Secretario de Marina. En los años cincuenta fue presidente del Comité Nacional por la Paz y miembro del Consejo Mundial por la Paz.
            Mónica Mansur recogió en el libro de fotos y papeles de Efraín Huerta, Absoluto amor (1984, página 110), una carta de Heriberto Jara, de 1965:

“Aunque tarde, recibí por conducto de un buen amigo nuestro su “Fábula del Viejo León y del Cordero”, en la que todos deducen de qué León y de qué Cachorro se trata.
Mucho agradezco a usted su recuerdo y más en esa forma, que pone de manifiesto su afecto a este “viejo león” —que ya se quedó sin colmillos, que felizmente no le hacen falta porque nunca le ha agradado la ‘mordida’.
Marcho sin deseos voraces aunque a usted le parezco yo un león, pasos cansados, pero firmes, que quieren cortarme no sólo un cachorro sino otros falderillos; pero más que por mi sordera, que hace que me lleguen débiles los ladridos, apenas si me doy cuenta de su presencia por lo mucho que me cautiva esa radiante figura que se llama ‘libertad humana’, y hacia ella voy como un soldado en el Gran Ejército de Hombres que la aman y que luchan por ella.”

A lo que el poeta-periodista contestó en el Diario de México:

“Usted se merece todo el respeto; nada de un mínimo respeto. ¿Todo el respecto del mundo! En mi caso, al gran respeto que le tengo y le manifiesto, agrego el cariño. Soy, pues, un cachorro capaz de respetar a los viejos y magníficos leones, y soy también un cachorro con capacidad de sentir cariño por mis mayores. Otros cachorros no suelen ser como muchos de nosotros; antes bien, se portan a la altura de la tierra que rastrean y se engolosinan con el éxito de un momento; se meten en un lío tras otro, sin darse cuenta de los perjuicios que causan. ¿Inmadurez o impertinencia. ¿Fogosidad tropical o simple y llano exhibicionismo! Quién sabe.

El artículo es más extenso. Basta para recordar a dos grandes hombres de nuestro tiempo.

EFRAÍN HUERTA, CENTENARIO


Nicolás Guillén, Paul Eluard, Ángel Augier, Pablo Neruda, Efraín Huerta, Miguel Otero Silva. México, 1949. Foto incluida en el libro Absoluto amor, papeles y fotografías de Efraín Huerta, compilado por Mónica Mansur, Gobierno del Estado de Guanajuato, 1984.


Portada y contraportada diseñada por Richard Harte. Siglo xxi Editores, 1973.


Heriberto Jara Corona, al centro, en el Congreso Constitucionalista, 1916-1917. Jara fue Gobernador del Estado de Veracruz y primer Secretario de Marina. Le brindó su amistad a Efraín Huerta.


Sentados, Heriberto Jara y el ex Presidente de México Lázaro Cárdenas; en la orilla derecha, la señora Cárdenas (op. cit., Mónica Mansur, 1984). Efraín Huerta al frente, lee.


Efraín Huerta saluda al general Heriberto Jara.


Portada del libro publicado por el Fondo de Cultura Económica, editado por Rodolfo Lara Ponte.