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domingo, 13 de abril de 2014

JARA Y HUERTA

Los datos biográficos de Heriberto Jara Corona están en Internet, donde localicé un libro. Nació en Nogales, Veracruz, en 1879 y murió en la ciudad de México en 1968. Fue diputado al Congreso Constituyente (1916), gobernador de Tabasco, de Veracruz (1924-1927) y del D. F. Fue Inspector General del Ejército en el gobierno de Lázaro Cárdenas (1935). En 1939 fue presidente del Partido de la Revolución Mexicana. En el gobierno de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) fue el primer Secretario de Marina. En los años cincuenta fue presidente del Comité Nacional por la Paz y miembro del Consejo Mundial por la Paz.
            Mónica Mansur recogió en el libro de fotos y papeles de Efraín Huerta, Absoluto amor (1984, página 110), una carta de Heriberto Jara, de 1965:

“Aunque tarde, recibí por conducto de un buen amigo nuestro su “Fábula del Viejo León y del Cordero”, en la que todos deducen de qué León y de qué Cachorro se trata.
Mucho agradezco a usted su recuerdo y más en esa forma, que pone de manifiesto su afecto a este “viejo león” —que ya se quedó sin colmillos, que felizmente no le hacen falta porque nunca le ha agradado la ‘mordida’.
Marcho sin deseos voraces aunque a usted le parezco yo un león, pasos cansados, pero firmes, que quieren cortarme no sólo un cachorro sino otros falderillos; pero más que por mi sordera, que hace que me lleguen débiles los ladridos, apenas si me doy cuenta de su presencia por lo mucho que me cautiva esa radiante figura que se llama ‘libertad humana’, y hacia ella voy como un soldado en el Gran Ejército de Hombres que la aman y que luchan por ella.”

A lo que el poeta-periodista contestó en el Diario de México:

“Usted se merece todo el respeto; nada de un mínimo respeto. ¿Todo el respecto del mundo! En mi caso, al gran respeto que le tengo y le manifiesto, agrego el cariño. Soy, pues, un cachorro capaz de respetar a los viejos y magníficos leones, y soy también un cachorro con capacidad de sentir cariño por mis mayores. Otros cachorros no suelen ser como muchos de nosotros; antes bien, se portan a la altura de la tierra que rastrean y se engolosinan con el éxito de un momento; se meten en un lío tras otro, sin darse cuenta de los perjuicios que causan. ¿Inmadurez o impertinencia. ¿Fogosidad tropical o simple y llano exhibicionismo! Quién sabe.

El artículo es más extenso. Basta para recordar a dos grandes hombres de nuestro tiempo.

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