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jueves, 13 de marzo de 2014

GUILLERMO JIMÉNEZ, UN GRAN ESCRITOR

JOSÉ LUIS VIVAR

¿Qué hace mejor a un escritor de otro?, es algo que constantemente se escucha decir. Como si en verdad se pudieran establecer parámetros para medir la calidad literaria. Sin embargo, ante la insistencia, algunos opinan que es la forma en que manejan el lenguaje; otros, señalan la cantidad de ejemplares vendidos en el mercado editorial; y por último, hay quienes insisten en destacar aspectos exclusivamente literarios: no venden mucho, pero son de mayor calidad.

            Verdad o mentira, al final de cuentas la fama de un escritor es tan variable como los estilos y la temática que cada uno de ellos maneja. Los gustos son diversos y a veces extraños. Aunque nadie puede negar que todos estos factores antes mencionados son eclipsados por la magia, sí la magia que tiene un escritor para tocar a sus lectores, e involucrarlos en las historias que cuenta, en el modo de describir lo que a ojos de los demás es invisible.  Uno de esos escritores es Guillermo Jiménez, oriundo de este antiguo Zapotlán el Grande, y a quien homenajeamos en su onomástico el día de hoy.
            Lejos de los falsos artificios, de las narraciones complicadas, del lenguaje inalcanzable, Jiménez es un autor que ha trascendido al tiempo, a las modas y a los ismos tan comunes en la literatura.
            En la brevedad de su obra hay una riqueza lingüística, historias inolvidables, momentos poéticos, y sobre todo, un profundo amor a la lengua en castellano. Es a todas luces un autor accesible y al mismo tiempo exquisito. Etiquetarlo en alguna corriente determinada le resta méritos, lo vuelve común; nos basta saber que es un Gran Escritor.

            Reunidos en torno a su memoria, debemos insistir en revisar su obra, promoverla entre las nuevas generaciones, permitir que con cada uno de sus textos nos entregue esa magia que lo hace inolvidable, la magia con la cual los lectores viven en sus palabras. Esto, finalmente es lo que hace más que mejor diferente  a un escritor: su capacidad para tocar almas.
            Guillermo Jiménez es uno de ellos. Se le debe leer, porque esa es la mejor forma de rendirle este homenaje.


FOTO 1. Guillermo Jiménez en un jardín de España. Una de las fotos de regalo de Constanza Jiménez de Juárez a Milton Iván Peralta. FOTO 2. Guillermo Jiménez en lajirafazapotlan.blogspot.mx

miércoles, 12 de marzo de 2014

GABRIEL FUSTER, CADA QUIEN SU CUENTO

Cuando me inicié en este oficio, hace un puñado de lunas nuevas, tuve el honor de compartir una lectura con Sergio Pitol. En esa noche de gala, escogí mis cincuenta mejores cuentos para hacer crepitar la velada a los grandes aplausos y apostar mi historia al público que asistía a escuchar al novelista. La respuesta fue la esperada, excepto por Juan Vicente Melo, quién regañó mi osadía, al final del recital. Introspectivo a la igualdad impar, Yo recordé la dura experiencia del actor mexicano Ricardo Montalbán, empezando a hacerse conocido más allá de su casa. En 1975, el actor firmó un contrato de grabación para un comercial de Chrysler Corporation, cuya división de coupés buscaba lanzar al mercado su primer auto de lujo personal, el modelo Chrysler Cordoba. Oportunidades como éstas estaban negadas a los artistas inmigrantes, especialmente latinos. Ricardo Montalbán, quién sabía lucir un esmoquin como pocos, sin parecer un pingüino prestado de otros males, tiene la postura presentadora del anuncio. El actor modifica sus límites y rodea el molde perfecto del Chryler Cordoba, exaltando la línea y los detalles de la carrocería, su motor V8, para pasar a mostrar las virtudes del revestimiento interior en “lujoso cuero corintio” con impecable inglés, la instrumentación completa del tablero, la palanca de cambios al piso y el tocacintas integrado. Al final, la grabación fue rechazada por los dueños de la empresa. En el afán de hipnotizar a la cámara con su encanto latino, éste distrajo la atención sobre el carro. No incurre en el mismo error dos veces. 

    Yo conocí a Úrsula Ramos en un espacio similar a éste.

“La gente que no lee libros no tiene ventaja alguna sobre la desgraciada persona que no sabe leer y escribir”. Úrsula Ramos dijo estas palabras hace más de veinte años en la nota preliminar a un taller de ortografía y redacción impartido en la ya mítica Casa Salvador Díaz Mirón. Ella quiso decir, la gente que no lee libros es un analfabeto funcional, pero ello no es impedimento para ser un escritor o presidente de la nación, desde que el camino a la ignorancia está pavimentado con portadas pagadas de lujo. O sea, Gutenberg fue un tipo mayúsculo anudando ejes a la imprenta, pero bajo ninguna circunstancia se debe olvidar el célebre dictum lusitano: En literatura, no hay nada escrito. Ahora, el furioso futuro de las bibliotecas es el libro electrónico, pero es algo que los expertos no alcanzan a explicar en totalidad. Por mi parte, he de confesar que encontré el árbol de Clavijero y comí de su fruto, mea pulpa, pero mirar cualquier nuevo programa informático como el libro electrónico es una tarea de cuidado, igual que comer sin digerir. Actualmente, La biblioteca de Babel El libro de arena parecen más ciertos y la avalancha de herramientas de la comunicación se equiparan a los modelos que soñó Borges a partir que lo hirió la ceguera, que no puedo evitar ver convertida mi computadora en un perfecto detector de mentiras, desde que la gente lee menos libros todavía y va pesando la costumbre de hacernos cada vez más flojos para comunicarnos. En fin, el libro electrónico no tiene ventaja alguna sobre la desgraciada suerte del tradicional libro, porque nadie discute que los libros también pueden ser usados como sombreros.  

    Yo sé del beisbol en Playón de Hornos y los bailes en Villa del Mar, antes de poner un pie adentro de la Biblioteca Municipal. Sin embargo, la correcta ortografía es aplicable más que nunca a la trascendencia de la labor editorial en el puerto de Veracruz, siendo un movimiento literario que existe en el silencio. No se menciona a Díaz Mirón por problemas legales, pero se discute mucho el plan de Bellas Artes y los espacios y los caracteres, puntos suspensivos, comas y signos de admiración en ojos ajenos, del patrimonio cultural disfrazado de razón oficial. Defensa inteligente, pero equivocada, del sector turismo. Ante la estética cíclica del Carnaval, en el ejemplo más autorizado para hacer una selección representativa, los artistas de frescos instintos vienen proponiendo que se levante una barrera contra el norte de sus admirables trabajos que el calendario festivo no necesita, una tapia de sus ignorados galardones en pergamino que atraviese y divida la plaza diminuta de La Campana y recupere el viejo Veracruz intramuros, gracias a una de esas pocas cosas que uno sabe hacer en la vida por bochornos enteros de reconocimiento dominical, sin mirar que el vigía público incurre, como el gobierno paralelo, en ese vicio lógico que se llama petición de principio: para ellos, el artista per se y a pesar de su palmaria creatividad conectada a la vanguardia, es polémico y anarquista. La discusión de los apoyos se hace desde la realidad que la rodea. Si la veracidad del Carnaval es un círculo vicioso, un movimiento literario consiste en cinco o seis personas que viven en el mismo lugar y se detestan cordialmente. Un costo estrambótico por metro cuadrado.

    Más allá del bien y el mal, prefiero ocuparme de mi intimidad con Úrsula Ramos y Juan Vicente Melo. Los guardianes de Ga’Hoole, porque creo en las ilusiones intelectuales de los videojuegos.

    Deben saber que la cosa más difícil de escribir es una recomendación para alguien que uno conoce. Úrsula Ramos y mi papá fueron vecinos en la infancia y supongo que ella vio el vivo retrato de la casa paterna en mí. Durante la primera clase, ella disipó mis dudas sobre los signos diacríticos que consumen mis largas y lentas frases. Así, la tilde diacrítica se utiliza para señalar un día muy difícil en tu vida. A la clase siguiente, me obsequió una copia de su libro “Impresiones al vuelo”. El título viene a ser una fecunda columna dominical que se instala en el suplemento dominical de El Dictamen. El libro cede su lugar a “Pinceladas”, su notable contribución a la poesía y el cuento. Treinta años más tarde, ambos libros vieron la luz de una compilación. “Impresiones al vuelo” es una manifestación clara de la constante preocupación de la autora por la correcta ortografía y el arte de la redacción. “Es un libro que yo viví en mis treinta años de servicio al Tecnológico de Veracruz. Todos los personajes que aparecen en el libro, bajo su verdadero nombre o un pseudónimo, fueron personas que compartieron mi trabajo allí con diferentes éxitos”. No es un libro de gran complicación formal, sino de trabajo minucioso y tesonero sobre la memoria cultural de esta ciudad. Pocas veces, alguien ha visto en la vida a una persona aferrarse a su memoria privilegiada.

Puedo citar las muchas oportunidades que he tenido de conversar con la maestra, quien delante del paso de los años, recuerda muchas cosas como si apenas hubieran sucedido hace pocos instantes. “Yo no sé nada de la inspiración. La he oído mencionar, pero nunca la he visto. Yo escribo para que me quieran”, repite ella. No, no hay razón para dudar de la carga acumulativa de aprecio en apoyo de su admirable vitalidad como periodista y promotora cultural, pero su propósito es menos ambicioso que eso. Úrsula Ramos aspira a ser una playa, si se quiere mirar con consigna de marinero. Úrsula Ramos no pretende defender una ideología o criticar una política a través de su escritura, sino que busca en las interacciones de sus anécdotas un acercamiento a las deudas morales que nos afectan en lo personal de nuestra experiencia. Ningún cronista de la ciudad soporta tanta precisión, tantas fechas, tantos nombres, tantos lugares. Con todo, las odiosas semejanzas encaran una fuerte corriente clásica en el arte de Úrsula Ramos, respondiendo desde Erina de Telos y sus epigramas certificados, que a veces, erróneamente, han tachado de prescindibles y accidentales. La génesis de esta actitud se encuentra en la experiencia vital de la autora, si acaso importa saberlo. Úrsula nunca renunció a la antigua caligrafía. Encuentra mejor acomodo. Su territorio interior, con las palabras escogidas más por el efecto de permanecer un larguísimo tiempo soñando que elevar su discurso apenas encima de la encantadora felicidad de la máquina de escribir, esa invención para todo aquella secretaria de oficina que no tiene tiempo para sentarse a registrar su creatividad. Punto. Yo la saludo con admiración, maestra.  

   Por otro lado, Juan Vicente Melo piensa y habla del acento dipsómano, para los versos que morirán de inmediato. Hombre armado de sintaxis, Juan Vicente me ve llegar a su departamento en compañía de dos amigos poetas. Al vernos, exclamaba:

    —Me gradué con honores en Medicina en 1956 y ese mismo año inicié mi carrera literaria, renunciando de lleno a la práctica de la obstetricia, por cuenta de los bebés que lloran mucho…

    —¿Qué bebés? —pregunto yo.

    —Yo, una copita de la botella de Rioja que oculto en la alacena. Tráela para servirnos todos. 

    El rato pasa. Vamos de un círculo de miradas al siguiente. Juan Vicente vuelve a reanudar la conversación.

    —Mi segunda novela, no me decido si titularla “El festín de la araña” o “La rueca de Onfalia”. A Tomás le agrada más el segundo…

    —¿Qué Tomás?

    —Yo, una copita de la botella de Oporto que oculto en mi recámara. Tráela para servirnos todos. 

    Al tiempo que anochece, la visita llega a su fin. Bastan trece pasos para encontrar la salida, pero Juan Vicente entretiene la despedida con sus comentarios sueltos.

    —Ustedes no están para saberlo, ni yo para contarlo, pero debido a la estrecha vigilancia de mis hermanas María Elena y Beatriz, he dejado la bebida.

    —¡Qué bien, muchas felicidades Juan Vicente! —le decimos.

    —Lo malo es que no sé dónde. Alguien vaya a buscarla en bien de todos….

    Mi yo sumido en la obediencia nocturna se encamina al baño para buscar la botella de californiano que Juan Vicente esconde en el interior de la tina.


    Juan Vicente se ha ido. Úrsula sigue viva y no tiene para cuando descansar de tantos honores que recibe. Yo estoy aquí, porque fui invitado para hablar de los libros que he publicado, sobre aquellas bibliotecas que han influido en mi oficio. Más, un autor que habla acerca de sus propios libros es casi tan entretenido como un padre que habla de las bondades de sus hijitos, mientras nos cruza el pensamiento que merece ser esterilizado. No incurro en el mismo error dos veces.

Texto leído por el autor en la Biblioteca Municipal de la Ciudad de Veracruz el martes 11 de marzo de 2014.

lunes, 10 de marzo de 2014

APRECIEMOS LA ESPAÑA IGNORADA

En México vivieron poetas españoles que huyeron del militar Francisco Franco*. ¿Y qué pasó con las personas que cultivaban la literatura aquellos años y que tenían una educación completa, qué pasó con los poetas que se quedaron en España, tanto los que no pudieron huir como los que no quisieron dejar su país?
La reciente muerte de Félix Grande (1937 - 4 de febrero de 2014) me impulsó a releer uno de sus libros: Apuntes sobre poesía española de posguerra (1970, basado en una conferencia que dio el autor en 1965 y en un texto publicado en Cuadernos para el diálogo en 1969). Al final, me puse a ordenar de otra manera los nombres que Grande fue anotando. Pude hacerlo gracias a los redactores anónimos de Internet y a quienes han vuelto disponibles aportaciones diversas: memorias, estudios, resúmenes.
Comparto la lista de los poetas nacidos en la primera y segunda década del siglo xx y anoto una cuestión que surge de la relectura de Grande.
La poeta que nació en 1902, Figuera, tenía treinta y cuatro años en 1936 (publicó su primer libro en 1948), y ocho quienes nacieron en 1928.
En medio de este periodo se encuentra a Luis Rosales, en cuya casa estaba escondido Federico García Lorca cuando lo apresaron, denunciado por un hermano del propio Luis, quien tenía veintinueve años en 1939, cuando terminó la guerra civil y empezó la guerra mundial.
Lo que siguió para mí fue hacer listas de las fechas de publicación de libros que no conocimos y que siguen estando lejos de nosotros. Los culpables son primero los familiares de los autores, luego los editores, admiradores, lectores y nosotros, todos quienes sólo tenemos ojos para el presente y lo que encontramos a la venta en el camino.
Hay otra relación por hacer que no se si sirva de algo en los estudios del futuro: las fechas de muerte.
La poeta nacida en 1902, Ángela Figuera, murió en 1984, a los 82 años de edad. Hubo quien murió a los 28 años, José Luis Hidalgo (1919-1947). Seis poetas murieron en la primera década del siglo xxi. El que mayor edad alcanzó, hasta hoy, fue Victoriano Cremer: 1906-2009. Ciento tres años.
La cuestión que por lo pronto me inquietó es saber por qué los poetas dejan de escribir. Y los escritores en general. ¿Qué hacen en sus últimos años de vida?
Félix Grande contó algo de la vida de Carlos Edmundo de Ory (ver en este blog, 3 de febrero), a quien visitó en los años sesenta. En aquel 1963, cuando murió Breton, De Ory tenía cuarenta años y murió casi cincuenta años después. Dice Grande que De Ory se separaría de su esposa pero no indica fecha. Y, ¿tuvo hijos?
Tendríamos que proponer un cambio en los estudios literarios y en su divulgación, en su enseñanza: hay que tomar en cuenta a los cónyuges, a los descendientes, a los herederos. La fama ha mantenido a un lado a las familias con terrible constancia. Y luego, las familias no se preocupan por promover la continuidad de las obras y figura de sus ilustres parientes. Quienes emprenden la historia de la literatura, como Max Aub, mucho hicieron pues, alejados de las fuentes naturales, las bibliotecas, escribieron teniendo que buscar en su memoria las huellas que fueron dejando personas y libros. Recuerdo la impresión que me causó un artículo de revista que publicó las fotos de los descendientes de gente que uno tenía en el pensamiento, héroes solitarios, encerrados en los libros escolares. No recuerdo ahora quiénes eran, pero como ejemplo pongo a Moctezuma, o Cuauhtémoc, pues tuvieron parientes, y sobreviven en nuestros días, igual que los descendientes de españoles que vinieron hace más de cinco siglos, y que fueron localizados y fotografiados.
Los periodistas aportan su interés cuando muere un escritor, un pintor, un músico. Pero no es mucho lo que pueden hacer debido a las exigencias de noticias que tienen las empresas donde trabajan, que necesitan una más para el día siguiente. La muerte es noticia de unas horas. La sobrevivencia de los herederos, de los deudos, es algo que se deja pasar. A menos que haya un interés nuevo. (Caso de mediana atención “mediática” reciente, la exhumación de Pablo Neruda.)

Poetas españoles nacidos en la primera década
Angela Figuera 1902-1984
Eduardo Chicharro (hijo) 1905-1964
Victoriano Cremer 1906-2009
Luis Felipe Vivanco 1907-1975
Leopoldo Panero 1909-1962

Nacidos en la segunda década
Luis Rosales 1910-1992
Gabriel Celaya (mzo.) 1911-1991
José Luis Cano (dic.) 1911-1999
Dionisio Ridruejo 1912-1975
Ramón de Garciasol 1913-1994
José García Nieto 1914-2001
Germán Bleiberg 1915-1990
Blas de Otero 1916-1979
Ricardo Molina 1917-1968
Leopoldo de Luis 1918-2005
Salvador Pérez Valiente (ene.) 1919-2005
Rafael Morales (jul.) 1919-2005
Luis López Anglada (sept.) 1919-2007
José Luis Hidalgo (oct.) 1919-1947
Vicente Gaos 1919-1980

José Luis Prado Nogueira 1919-1990

sábado, 8 de marzo de 2014

EL CINE, EL ABISMO

Cuando se abrió el mercado de las videocaseteras, hace veinticinco años, poco más, la gente hablaba del cierre de las salas de cine. Abrieron tiendas de video en calles céntricas y marginales, abrió una tiendota, llegó Blockbuster. Al mismo tiempo prosperaron los lugares que concentraban salas de exhibición para menos gente. Desaparecieron las salas gigantescas, fueron fraccionadas y de una hicieron cuatro. Luego pudimos contratar televisión por cable, por satélite. Bajó la circulación de videocasetes y el precio de las películas. Blockbuster redujo su tamaño para vender o alquilar videojuegos, se volvió tienda de recuerdos y dejó de haber multitudes de alquiladores los fines de semana. La gente volvió a las salas y aumentó el tamaño de los recipientes para palomitas. En la ciudad de Veracruz hubo sustitución de lugares: los cines Costa Verde fueron demolidos para dejar lugar a edificios de departamentos y oficinas: era enorme el terreno para estacionar coches, y abrieron los Cinemex, más salas y el estacionamiento compartido con tiendas de autoservicio. En los pueblos, los pequeños cines siguen dando servicio si no han cerrado. No ha habido quienes piensen en abrir un cine.
El cine primero es un negocio. Premios y estrellas venden películas. Los productores invierten grandes cantidades de dinero para aumentar sus ingresos. Cien millones de dólares producirán doscientos millones de dólares de taquilla. Así que todo lo que se diga de las películas, buenas y menos buenas, se suma a la continuidad de una industria que no conoce las caras de sus clientes. Hay historias de grandes éxitos, como La guerra de las galaxias, que ha sobrevivido desde 1977. Y hay decenas de películas que atienden a un público caprichoso. Las películas, como los automóviles, dejan el paso a nuevos modelos, a productos que apenas recuperaran lo invertido. Aumentan las bodegas de lo que se hace cada año, películas que nadie recuerda, quizás que poca gente vio. Pero las caras que vemos tienen sonrisas de prosperidad, porque no hay límites: tenemos a netflix y podemos ver películas en el celular.
La búsqueda del aumento de las ganancias y la reducción de la inversión ha llevado al auge de las películas de “efectos especiales”, manipuladas en computadoras. Los dibujos animados son ahora más vistosos que cualquier comedia. Los superhéroes siguen siendo actores de carne y hueso, acompañados de superheroínas, mandados por un ciberdirector. Cada vez hay más actrices campeonas en aporrear a quien se deje. Y un afroamericano inocente conmueve a Hollywood. ¡Que si no!

miércoles, 5 de marzo de 2014

GRAVE, GRAVITY

¿PELÍCULA MEXICANA? La Wikipedia dice que Universal Pictures tuvo los derechos varios años, que después la Warner Bros los compró. Que a Angelina Jolie no le quisieron pagar 20 millones de dólares y que contrataron a Sandra Bullock. Que George Clooney entró en lugar de Robert Downey Jr.
Que la película se rodó en los estudios Shepperton de Londres. Que su presupuesto inicial fue de 80 millones de dólares. Que en algún momento, Alfonso Cuarón informó que el rodaje fue algo más complicado y caro de lo que esperaba. Que el director James Cameron (“Titanic”, “Avatar”) aconsejó a Cuarón con el fin de usar las nuevas tecnologías digitales para la creación del film.
Fueron mostrados avances en la Comic-Con de San Diego, EU, en julio de 2013. La película fue inscrita en el Festival de Cine de Venecia (agosto-septiembre de 2013).
Quizás si la Selección Mexicana de Futbol se preparara en EU e Inglaterra ganaría un premio, un día. Un día.

lunes, 3 de marzo de 2014

ALAIN RESNAIS

Un artículo muy completo sobre el prodigioso cineasta Resnais, en francés, puede consultarse en el periódico liberation de ayer:

http://next.liberation.fr/cinema/2014/03/02/le-realisateur-alain-resnais-est-mort_983913

 AFP

Incluye una fotografía de Resnais con Jorge Semprún e Yves Montand.

sábado, 1 de marzo de 2014

MÁS ACERCA DE MARSÉ

Teresa, la chica rica de la novela de Marsé, va en un auto Floride al barrio del Monte Carmelo. Al buscarlo en Internet di con que la fábrica Renault ha lanzado un nuevo Floride, que retoma las líneas del viejo modelo, un sueño cuando se anunció en 1959 con la actriz Briggite Bardot, la estrella por excelencia del cine francés del siglo xx, a pesar de otras actrices.



En la sobrecubierta de Últimas tardes con Teresa, Seix Barral, 1966, hay una mujer rubia fotografiada desde arriba: "original fotográfico de Oriol Maspons". Una mujer guapa, pero que no es B.B.



La joven que imaginó Marsé era esta mujer, B.B. Por tanto, el Floride no podía existir sin ella:


Renault Mégane Coupé Cabriolet SL Floride

En la foto anterior, sin embargo, sí podemos imaginarnos la Costa Brava y, claro, a Teresa:



o a la Bardot, que le dio fama al cine francés de atrevido -o la palabra que hayan usado entonces los fanáticos del cine pudoroso de EU. 




La promoción de ayer en el tiempo de hoy: "El Floride también tenía un 'hada madrina', Brigitte Bardot. 'El viento en tu pelo, el sol en la cara y una sonrisa brillante cuando usted dirige hacia el sol y el aire libre ... ¡Aléjate de todo en un brillante coche con una sofisticada joven ...' El tono alegre de este anuncio subrayaba el estado de ánimo despreocupado de la década de 1960 y marcó el apogeo del Floride." 

Por cierto que Marsé recuerda a De Sica, director de la película Ladrón de bicicletas, cuando escribe, en una frase del personaje Manolo: "Bueno -contestó el ladrón de motocicletas-. Todos trabajamos" (p. 162). Y a su vez al Hugo de Los miserables.