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sábado, 8 de marzo de 2014

EL CINE, EL ABISMO

Cuando se abrió el mercado de las videocaseteras, hace veinticinco años, poco más, la gente hablaba del cierre de las salas de cine. Abrieron tiendas de video en calles céntricas y marginales, abrió una tiendota, llegó Blockbuster. Al mismo tiempo prosperaron los lugares que concentraban salas de exhibición para menos gente. Desaparecieron las salas gigantescas, fueron fraccionadas y de una hicieron cuatro. Luego pudimos contratar televisión por cable, por satélite. Bajó la circulación de videocasetes y el precio de las películas. Blockbuster redujo su tamaño para vender o alquilar videojuegos, se volvió tienda de recuerdos y dejó de haber multitudes de alquiladores los fines de semana. La gente volvió a las salas y aumentó el tamaño de los recipientes para palomitas. En la ciudad de Veracruz hubo sustitución de lugares: los cines Costa Verde fueron demolidos para dejar lugar a edificios de departamentos y oficinas: era enorme el terreno para estacionar coches, y abrieron los Cinemex, más salas y el estacionamiento compartido con tiendas de autoservicio. En los pueblos, los pequeños cines siguen dando servicio si no han cerrado. No ha habido quienes piensen en abrir un cine.
El cine primero es un negocio. Premios y estrellas venden películas. Los productores invierten grandes cantidades de dinero para aumentar sus ingresos. Cien millones de dólares producirán doscientos millones de dólares de taquilla. Así que todo lo que se diga de las películas, buenas y menos buenas, se suma a la continuidad de una industria que no conoce las caras de sus clientes. Hay historias de grandes éxitos, como La guerra de las galaxias, que ha sobrevivido desde 1977. Y hay decenas de películas que atienden a un público caprichoso. Las películas, como los automóviles, dejan el paso a nuevos modelos, a productos que apenas recuperaran lo invertido. Aumentan las bodegas de lo que se hace cada año, películas que nadie recuerda, quizás que poca gente vio. Pero las caras que vemos tienen sonrisas de prosperidad, porque no hay límites: tenemos a netflix y podemos ver películas en el celular.
La búsqueda del aumento de las ganancias y la reducción de la inversión ha llevado al auge de las películas de “efectos especiales”, manipuladas en computadoras. Los dibujos animados son ahora más vistosos que cualquier comedia. Los superhéroes siguen siendo actores de carne y hueso, acompañados de superheroínas, mandados por un ciberdirector. Cada vez hay más actrices campeonas en aporrear a quien se deje. Y un afroamericano inocente conmueve a Hollywood. ¡Que si no!

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