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martes, 6 de diciembre de 2011

ROCÍO DEL ALBA, HAIKÚS EN VERACRUZ / IVONNE MORENO USCANGA

¿Por qué retomar una tradición ancestral para hacer versos en una realidad como la nuestra?
¿Acaso la naturaleza necesita de nimiedades líricas para ser aclamada?
Las respuestas se abrazan como la estructura del haikú, a las centurias.
El Lejano Oriente toma como expresión poética el haikú. China y posteriormente Japón tienen el verso breve como la ubicación del 5- 7- 5 en una colocación de nombre moras.
Y con tal métrica y apegados al respeto y liturgia de cantar a los ríos, las montañas, las flores, a los cambios de estaciones, Japón encumbra al haikú a la inmortalidad. Con Basho la posibilidad de versar en mínimo se apuntala a la sobriedad y al buen gusto:

Tendido fluye  
del mar bravo a la isla
río de estrellas.

Pero son  las mujeres en Japón: Sote-jo, Sonome, Chi yo ni, quienes bordan con delicadeza exquisita estampas de primorosas moras, así también se le nombra al haikú.
El contacto y apreciación entre las culturas de Occidente y Oriente coincide en retomar al haikú como punto de partida para la expresión poética en altos niveles de pensamiento, pues versar, en síntesis, constituyó un reto a la agudeza dentro de la composición literaria.
En México la referencia clásica es José Juan Tablada, pero otros, como José Rubén Romero y, más próximo, Francisco Monterde, retoman el haikú con beligerancia discursiva.
En España, Alberti hace haikú; en Argentina, Borges; más adelante la atrincherada  pluma de Benedetti también lo utiliza con destreza locutiva y hacia nuestros días, Rafael Roldán.
En el terreno musical también el haikú  tiene lustre, con  las composiciones y arreglos del colombiano Johann Hosler y el jazzista Don Ellis entre otros. Y hasta en el cine el haikú ha entrado en  escena, durante el rodaje  de una de  las películas de la zaga de James Bond: Sólo se vive dos veces.

Ivonne Moreno Uscanga, Rocío del Alba Díaz, Ignacio García

En Veracruz, contexto tropical, la magia de la tendencia zen, respaldo filosófico del haikú, también ha tocado sensibilidades: Jorge Hernández Utrera y Rocío del Alba Díaz.
Esta última, también fotógrafa, captura la esencia de su entorno verde en la captura de árboles, cuyos frutos le revelen versos.

Huracán: oír
las sierras por los cuerpos,
polvo de árboles

De este modo Rocío cultiva sus haikús trasportando un jardín zen al puerto. Su inspiración no sólo se circunscribe a la naturaleza sino a las tradiciones de un Veracruz al parecer perdido, que sucumbe ante la urbanización y progresos galopantes. Y ante ese pretérito de personajes y  decires empapados de dulces y fuertes  anuncios, Rocío hace haikús. Asiéndose, con la publicación de haikús en Veracruz realizada por Ezra Michelet Ediciones, de la ilustración con sentido didáctico y de amplio sentido jocoso :

El nevero tan, tan.
Las hojas viejo pregón
Crac, crac, crac

Rocío del Alba no soslaya el mar de Lara, ni a los niños, ni a los relatos de infancia. La métrica de 5-7-5 para Rocío es Veracruz, su tradición y gran parte de su idiosincrasia.

La luna llena
cae sobre mi mano
            ¡Maná de arroz ¡

Bienvenido el nuevo acercamiento a la literatura milenaria a través del trópico, los pasos de la contemplación budista hoy con el libro de Rocío se salpican de sal, son de sones, aires de norte, ataviados del ritmo de un verde fandango. Cual iguana viva de nuestro trópico:

Iguana fea, ea, ea
subes al tronco
bailas son jarocho.

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