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sábado, 11 de octubre de 2014

EL 20 DE OCTUBRE, EN EL DISTRITO FEDERAL, MÉXICO


LAS ENTREGAS DE BASILIA, NOVELA DE PRÓXIMA APARICIÓN


Parte de los asistentes a la lectura de Concepción Olmedo (al centro, de azul) en la Biblioteca de la Mesa Redonda Panamericana Isabel Díaz de Licona, en Boca del Río, Veracruz, el jueves 25 de septiembre: Lourdes Gutiérrez, Patricia Kutz, Georgina Carrillo, Jorge Caretta, Rafael Diez, Rubén Cortés, Concepción Olmedo, Jaime Velázquez, Guillermo Gheno, Rosalía Romero, Sara Benavides, Hindra Ceballos. Fue una actividad del Taller de Creación Literaria que se reúne en la USBI-UV.
Foto de Gerardo Barradas publicada en el periódico El Dictamen, Suplemento dominical, 28 de septiembre de 2014.


lunes, 29 de septiembre de 2014

UN LIBRO DOLOROSO Y ÚTIL


Fue aquella una tibia tarde veraniega… propia de un verano que en breve daría paso a un otoño de tonos dorados y ocres, con sabor a buñuelos y a calabaza con panela y miel. Ahí, cerca del mar, en la Casita Blanca, hoy Museo de Agustín Lara, presentamos una vez más el libro “El vuelo silencioso, cartas para mi hijo médico”, cuyo producto obtenido de la venta será para las muchas necesidades de los pequeños con cáncer. Quizá sólo valoramos esta terrible enfermedad cuando toca a uno de los nuestros, ya sea que se convierta en su víctima, o ya en el médico que lucha por rescatar a los pequeños de las garras de la enfermedad, lo cual, al correr del tiempo, va mermando lentamente su salud física y mental.
Invité como maestro de ceremonias a Juan Carlos Ocampo y como presentadores del libro a dos escritores, ambos excelentes amigos: Daniel Domínguez Cuenca y Jaime Velázquez.
         Daniel habló de la vida. Y de ella dijo: «Existir es una maravilla que sorprende cada día. Cuando dejamos de sentir tal maravilla, la vida pierde brillo y color. Hace unos días tuve la fortuna de participar en una mesa de estudiosos y practicantes de las artes escénicas. Todos coincidían en algo, la vida es un festín, la vida es una celebración. La rutina empaña esa fiesta, la vuelve insulsa o gris. La muerte enluta esa fiesta, la vuelve negra.
Yo soy una persona que le canta a la vida. Todas las mañanas agradezco a los elementos que con sabiduría cósmica nos hacen placentero el despertar. Disfruto y venero al señor sol y a la señora luna. Respeto al Dios del viento, admiro su canto. Le rindo tributo a la Diosa Lluvia y a todas las entidades fluidas, a sus mares y a sus ríos. A la luz, al aire, al fuego a la madre tierra. Fertilidades planetarias. Yo le canto a la vida cada día con su cada noche, la celebro con íntima alegría. Este cuerpo que me contiene y expande irradia vida, goza de salud. Por eso no me gusta cantar a la muerte, porque bien sé que desde un inicio vivir es una batalla que se libra cada día contra la inevitable parca. Somos humanos porque podemos dejar de ser. La finitud nos define. Mas, por otro lado, ella no es mala, tan sólo es ella, tan sólo es muerte. Tan natural, tan necesaria y tan temida, porque nos aparta de la corriente energética, porque se come la vida, porque cesa el  existir.
Yo no sé si quería leer este libro. Confieso que me daba miedo, el mismo miedo que siento a veces cuando creo enfermar. Le temo a la muerte prematura, a la muerte chiquita, la que mutila a destiempo el ciclo entero de vida. Sufro con el dolor ajeno. Sufro con el llanto de otros. Porque soy humanamente empático, y si la risa contagia, si la esperanza se pega, también el mal de otros es mío. Sin embargo, este “Vuelo silencioso” no es un libro triste, sino un testimonio múltiple de lucha, es un canto de batalla, la que libramos todos los días los que celebramos la vida.
Este libro no es un libro de autor, es un canto colectivo, una suma de voces. La escritora es un medio, un canal, por el que fluyen y se plasman otras voces, de todos tamaños y tiempos, grandes, pequeñas y ancestrales; hablan los padres fundadores de la medicina, hablan los padres y las madres de los niñas y niños enfermos, hablan a través de los familiares y amigos los pequeños gigantes que se vuelven maestros, los menudos sabios curtidos en la batalla decisiva, los que miran de frente la muerte sin titubeo, sin desviar la mirada, los que asumen a cabalidad la inminente finitud del ciclo. Hablan los otros, artistas adultos de la palabra que se despiden de su público, con distintas experiencias de batalla, con diversos pronósticos de término y maneras varias de ensayar la despedida. Hablan todos, escriben cartas que son testimonios de vida, porque vivir es viajar, y este viaje no se hace en solitario, siempre están con uno los otros, los que acompañan. Por eso tenía miedo de leer este libro, porque tenía miedo de sufrir mucho con su lectura. Diría más, este libro no es un libro, es una suma de voluntades. Es un símbolo que recupera la mejor cara de la generosidad humana, el juego virtuoso en el que todos ponen por el bien del otro. No es un libro, es un signo de solidaridad, una manera gloriosa de obsequiarse todos los que testimonian, del editor y de la editorial, de los que se salvaron y de sus salvadores, y de los que se fueron luchando, librando la batalla, cantando hasta el final la hermosa vida.
Dar es dar. Yo no sé nada de esta misteriosa enfermedad. Un médico verdadero es un humanista. Un amigo es un amigo, alguien que junto con nosotros acompaña el viaje, ya sea silencioso, o bien, sea jubiloso.»  Daniel Domínguez Cuenca.
A continuación Jaime Velázquez dijo: «La alegre juventud se vuelve madurez y trabajo en los estudiantes de Medicina antes que en los demás universitarios. Y no hay por qué creer que se vuelven vanidosos, es posible que ellos avancen por la vida como si todo el mundo estuviera pasando por lo mismo, como si fuera lo mismo levantar un rascacielos que salvar una vida. Sin afán de establecer una competencia vana, cuando una construcción colapsa, lo que se necesita es el auxilio médico. La vida humana actual empieza en un quirófano y el último testigo del final de esa vida es un médico, el que firma el acta de defunción. Además, el colmo, uno quisiera no tener que ver a los médicos sino en reuniones amistosas, todos plenos de salud. Ajeno al mundo médico, lo considero un perfecto territorio donde no existen las constantes y terribles fallas que hacemos a cada paso.
Hija de médico, esposa de médico, madre de médico, Alicia Dorantes encontró una alegría de vivir dentro de la seriedad de su profesión, la escritura. Su padre, el doctor Miguel Dorantes Mesa, fundador de un centro médico para el tratamiento de la tuberculosis en Xalapa, también fue escritor. Dejó un pequeño libro de reflexiones en las que unió lo filosófico con lo científico para encontrar, diría yo, el cordón umbilical que une el universo con las personas. Algo inmenso que se alcanza con la curación de cada paciente.
Alicia viene escribiendo artículos periodísticos desde hace más de quince años, escribió también un libro “Estanzuela, 1964: Memorias de un servicio social”, donde narra sus vivencias al cumplir su servicio social lejos de toda infraestructura clínica. Es decir, la ambulancia son las piernas de la doctora atravesando cañaverales y montes para llevar auxilio a gente que parecía condenada a morir en sitios sólo cercanos a quienes allí viven y que, a veces, se enferman. Son tan diversos los destinos que siguen los egresados de Medicina, que quizás pocos profesores se aventuren a hablar en la cátedra de experiencias que no sean los personales logros por la salud de sus pacientes. Ese libro de Alicia Dorantes representa muy bien una época, los años en que ella cambió su alegre juventud por la responsabilidad de estar allí, sola, de ser la médico en muchos kilómetros a la redonda, de seguir madurando y trabajando con todo lo aprendido en sus años de estudiante en la Universidad Veracruzana, con todo lo que se ha conocido frente a sus pacientes.
Quiero agregar algo que puede aclarar mi presencia aquí, frente a este otro libro: es de utilidad indudable para todo tipo de lectores. El libro puede y debe leerse…»
Aquí me atrevo a decir… debe comprarse y leerse, pensando en la muchas carencias que esos pequeños tienen y que el dinero poco o mucho recabado con dicha venta será exclusivamente para paliar las muchas necesidades que esos niños tienen.
En lo personal agradezco a Daniel Domínguez Cuenca, a Jaime Velázquez, a Mariana Latapí y al grupo de AMANC (Asociación Mexicana para Ayuda de los Niños con Cáncer). Muchas gracias a la Lic. Ana Lilia Saldaña y al personal que labora en el Museo de Agustín Lara, a los medios de comunicación que nos ayudaron con su difusión, pero sobre todo gracias, muchas gracias a las personas que nos acompañaron y adquirieron el libro, que seguirá a la venta en el Museo Agustín Lara, en el Albergue de Amanc, y en la Librería Acuario… si usted que hoy me lee, lo adquiere, hágalo pensando en los pequeños, pero valerosos pacientes y en sus mil necesidades a cubrir: ya que todo lo que de él se obtenga, será para ellos. Muchas gracias.
Alicia Dorantes
El rincón de la abuela, Periódico Imagen de Veracruz, 26 de septiembre. 



martes, 23 de septiembre de 2014

CELEBRACIÓN DE LA VENTANA CERRADA 100

OCTUBRE DE 1997


ANTONIO ARGUDÍN, ÓSCAR REYES, ARIEL GARCÍA


IGNACIO GARCÍA, ERIKA ROCHA, MANUEL SALINAS


MIROSLAVA MERCHEYER


CARLOS QUIRÓS, RICARDO RUBÍN Y DOS JÓVENES


YVONNE MORENO, YSABEL RAMÍREZ, ÚRSULA RAMOS, JORGE HERNÁNDEZ UTRERA


JESÚS GARRIDO, JUAN JOAQUÍN PÉREZTEJADA,
MARY CARMEN GERARDO, MARISOL ROBLES, BELÉN GARRIDO

Para celebrar el número 100 (octubre de 1997) de La Ventana Cerrada hubo una reunión de amigos y colaboradores en el Café Sertón (Díaz Mirón esquina Azueta).
Las fotos fueron publicadas en el número 103 (febrero de 1998) junto con las fotos con otros amigos y en otros lugares. El texto que presenta las fotos dice:
"Los escritores cumplen un arte y ejercen una profesión, dentro y fuera de casa. Estas fotografías muestran algunas intervenciones públicas, todas en 1997, de amigos y colaboradores de La Ventana Cerrada, quienes, además de escribir y leer lo escrito o hablar sobre lo que se lee y se escribe, ocupan su tiempo en imaginar el mejor de los mundos posibles. Y todo desde Veracruz, en Veracruz."

Siguen fotos de Mario Martell en Córdoba; de Mario Islasáinz en Orizaba; de Silvia Sigüenza, Ramón Rodríguez, Jorge Brash, Víctor Sandoval, Fernando Ruiz Granados, en una página; en otra: Fabiola Aranza, Lucy Virúes, Carlos Manuel Cruz Meza, Darío Carrillo, José Luis Rivas, Horacio Guadarrama en Xalapa.
En otras fotos están Gabriel Fuster, Bruno Ferreira, Lenin Luvián, José González, Rolando Torres, Francisco Morán, Guillermina Ortega, Martha Hernández, Verónica González de León, Néstor Andrade, Salvador Flores y muchos más.

LA VENTANA CERRADA, ALGUNOS AUTORES


SEPTIEMBRE DE 1996




LA VENTANA CERRADA

Lectura de autores de LA VENTANA CERRADA e invitados
en el INSTITUTO VERACRUZANO DE CULTURA, 1996.



LITERATURA Y ARTE


LUIS ANTONIO VÁZQUEZ HEREDIA

La Ventana Cerrada es una revista que aunque joven ya tiene historia. No recuerdo la fecha en que leí el primer número, pero sí recuerdo que su lectura me dejó un buen sabor de boca pues se trataba de una publicación diferente y amena. De presentación modesta, la revista abonaba, hasta donde me acuerdo, aspectos de la vida cultural de la ciudad de Veracruz y, fundamentalmente, publicaba cuentos y poemas de escritores de esta ciudad. En ese momento no circulaba ninguna revista que diera cuenta de la vida y el quehacer cultural porteño pues algunos intentos anteriores se habían cancelado.
Mis recuerdos de la primera época son vagos debido a mi mala memoria pero también porque no llegaron a mis manos todos los números publicados pues su distribución era bastante restringida. Sin embargo, sí recuerdo que cuando se suspendió la publicación de la primera época (gracias a los horrores de diciembre), extrañé la lectura de La Ventana.
En el verano de 1994 participé en un taller de revistas y suplementos culturales, impartido por una persona tan famosa que no viene al caso mencionarla. Lo importante para nosotros es que en aquella ocasión tuvimos una pasarela de revistas y suplementos publicados en el puerto. Juan Joaquín Péreztejada, asiduo colaborador y promotor de La Ventana, mostró ejemplares. Si traigo a colación este dato, es porque me servirá de puente para mis comentarios y, además, porque en aquella sesión di mi parecer sobre La Ventana. A mi juicio La Ventana (me refiero a la primera época) se mostraba como una publicación que llenaba un vacío pues, como anoté antes, era la única revista en su género. Sin embargo también apuntaba que faltaba “profesionalización”, no en el sentido mercantil del término, sino en lo que se refería a sus entregas, pues a veces me parecía poco consistente su contenido, y podía percibir en algunas entregas poco compromiso con la publicación.
Quizá como una venganza del destino y de los editores y colaboradores, ahora comento la nueva época de La Ventana y créanme, es todo un placer.
Esta nueva época mantiene el interés inicial de los primeros números pero hay diferencias que le dan un perfil distinto. Por supuesto que la crítica que realicé en el verano del 94 ya no es sustentable.
Por otra parte, mi afirmación puede provocar inquietud entre los mismos editores y colaboradores y cabe la posibilidad de que alguno de ellos levante la mano en este momento y diga enfurecido que no pertenece ni quiere pertenecer a grupo alguno. Así que es necesario explicar mi afirmación: cuando me refiero a que La Ventana es una revista de grupo, quiero decir que es una publicación elaborada gracias a los esfuerzos y entusiasmo de varios residentes de la ciudad de Veracruz que cuando menos tienen dos rasgos en común: la amistad y el interés por la creación artística y la vida cultural de nuestra ciudad.
Aunque La Ventana es una revista cultural, es una revista miscelánica pues en ella encontramos creación literaria (poesía y cuento, fundamentalmente), análisis y crítica cultural, información cultural, chismes sociales (por cierto muy bien contados y con mucho saber porteño), caricaturas y en la medida en que los recursos técnicos lo permiten, obra plástica y fotografía.
Ahora quiero apuntar rápidamente algunos elementos que definen el perfil de la nueva época de La Ventana.
1 Aunque parece que contradigo al nombre, La Ventana Cerrada es una publicación abierta y sobre todo plural. En ella nos enteramos de los criterios y puntos de vista de los colaboradores acerca de la cida cultural de Veracruz (de la ciudad y del estado), así como de las discrepancias con otras formas de entender el quehacer cultural, sobre todo los del centro, de la capital de la república, pues.
2 La Ventana sigue siendo el único órgano informativo cultural y además muestra seriedad y constancia, lo que hace más difícil la tarea informativa (aunque parezca lo contrario) y aumenta enormidades el compromiso con los lectores.
3 La Ventana es una galería de escritores jóvenes. Es una instancia de publicación y de creación literaria lo que la convierte en un promotor del diálogo entre iguales.
4 La Ventana Cerrada es una revista de análisis y por tanto de discusión.
5 La Ventana Cerrada es una revista preocupada por mostrar las nuevas manifestaciones del arte y la cultura, por tanto, es un órgano de difusión.
6 La Ventana Cerrada es una revista de información local (lo que la convierte en un medio necesario al mostrar que la vida cultural porteña sí da nota, sólo hay que pensar un poco en eso que se llama cultura, señores periodistas), pero que se preocupa también por el contexto cultural estatal, nacional e internacional.
7 La Ventana también se encarga de recordarnos que el presente le debe mucho al pasado, por tanto, es una revista que estimula la conciencia histórica.
8 La Ventana Cerrada es una revista independiente.
Para que no crean que nada más vine a echarle porras a los amigos, ahora quiero apuntar algunos detalles que no me agradan de La Ventana. Empiezo.
1 Quizá sea un lector harto exigente o bastante tradicional pero extraño los folios en las páginas. ¿El diseñador no podría dejar un espacio en la mancha tipográfica para permitir la entrada de los humildes folios?
2 También me sorprende mucho la elasticidad de la revista, aclaro la elasticidad, no la pluralidad, pues el número que me entregó hoy, 23 de agosto [de 1996], Jaime Velázquez, tiene cuatro páginas y el anterior se revienta ¡doce!
3 Aunque en alguna ocasión ya lo comenté a Jaime Velázquez, y él me explicó, vuelvo a lo mismo: el directorio de La Ventana Cerrada es ambiguo al no marcar claramente quiénes son los editores y quiénes los colaboradores.
4 La Ventana es una publicación que debe llegar a más manos y ojos, a mi parecer su distribución sigue siendo doméstica. Sería bueno que los editores y colaboradores piensen en cómo hacer llegar más ejemplares a nuevos lectores, La Ventana lo merece.

Sólo me queda hacer público mi deseo para que esta nueva época aparezca sin interrupciones, pues a mi parecer La Ventana ya tiene bien ganado su lugar en el espacio cultural de nuestra ciudad. Ojalá los lectores tengamos la oportunidad de descifrar la forma de abrir La Ventana Cerrada por un largo, pero muy largo tiempo.

*Texto publicado en el número doble 712-72, 28 de agosto-4 de septiembre de 1996, de La Ventana Cerrada. Lo damos a conocer con motivo del vigésimo aniversario de la aparición del número 1 de La Ventana Cerrada, Ciudad de Veracruz, México.