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lunes, 12 de diciembre de 2011

FIL-ABUELOS / ALICIA DORANTES

El arte de envejecer, es el arte de conservar alguna esperanza
                                                   André Maurois

La mañana de aquel domingo era diáfana. Sería ése, el último día de la Feria del libro en Guadalajara, la bien llamada Perla Tapatía. Una sección de ella, la FIL-Abuelos, iniciaba a las 9.00 en punto. Para las 8:30 hrs., ya algunos de los «felices abuelos participantes» estábamos presentes. En la mesa que antecedió al auditorio, colocados en perfecto orden, se encontraban los libros que cada uno de nosotros, luego de presentarlos, pondríamos a la venta ¿Nos enriqueceríamos con dicho negocio?  Sí. Por supuesto que sí... aunque no me refiero al enriquecimiento material, me refiero a otro tipo de patrimonio: al afectivo, al espiritual. Finalizando las presentaciones, intercambiaríamos libros, sonrisas, abrazos, domicilios y experiencias vividas. Viéndolo así, por supuesto que representaba una jugosa ganancia… de esas que no compra ningún dinero.  
El organizador y alma de esta FIL-Abuelo (actualmente la número 13) es el Dr. Pepe Valencia, cuya especialidad es la geriatría y la tanatología. Pepe Plenitud, como muchos lo conocen, es un hombre transparente y jovial que ha pasado años viviendo entre ancianos, por lo que resulta un experto en el difícil arte de infundir esperanza de vida entre sus pacientes, entre sus amigos “mayores de 60 años” a los que cariñosamente llama “muchachas y muchachos”. Las anécdotas que él ha vivido son infinitas, enriquecedoras. Una de las fundadoras de tan especial grupo –cuenta Pepe– decidió, el día que cumplió sus primeros 81 años de edad, estudiar la secundaria… y lo logró; ahora, risueña y pícara, estaba en el Presídium.
Las presentaciones se sucedieron una a una… todas en orden, en un ambiente de cordialidad. Se escucharon algunas críticas, algunas preguntas ¿hechas a quien…? Abraham, uno de los ponentes, preguntó a todos y a nadie ¿Por qué en la FIL había tantos libros cuyo valor era relativamente pobre? ¿Por qué dedicar páginas y páginas a la violencia, al narcotráfico, por mencionar algunos temas, y no a inculcar o exaltar los valores morales en nuestra sociedad, en especial a los jóvenes de hoy, los hombres del ya próximo mañana? Y vinieron a mí las célebres palabras del filósofo griego Pitágoras, quien solía decir: «Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres», o aquella otra: «Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida».
Pero también recordé la presentación de un libro a la que asistimos la noche anterior. Comentaba mi padre, mucho tiempo ha, que «si no se tenía nada bueno que decir de alguien o de algo, era mejor que guardara silencio». Es por ese motivo que omito el nombre del autor del libro y el nombre de libro mismo. Sólo señalo que el primer capítulo relata con lujo de detalles las relaciones íntimas… muy íntimas, entre uno de nuestros “gloriosos” Presidentes de la República y una dama experta en las lides del amor… ¿amor? Debemos haber permanecido en el salón, que por cierto estaba lleno a toda su capacidad, unos cinco minutos.
No soy mojigata, no me asusto de nada. Respeto la conducta moral y sexual de mis congéneres, sólo que pensé que estar más tiempo escuchando sandeces, era robarle minutos a la visita de los stands de la feria. Era perder la oportunidad de encontrarme finalmente con libros como los recién re-editados cuentos de Inés Arredondo, escritora y cuentista mexicana nacida en Culiacán, Sinaloa, el 20 de marzo de 1928 y que falleció en la Ciudad de México el 2 de noviembre de 1989, o quizá la biografía de Hellen Keller y los prodigios realizados por su nana-maestra-institutriz, a la que el mundo conoció en su momento como «Ana de los Milagros», ya que logró rescatar del silencio y de la oscuridad en la que estaba inmersa a la pequeña Hellen y prepararla para que brillara en la luz de la universalidad. Helen, quien era invidente desde su nacimiento, se refería al placer de ver y admirar el mundo… como si ella pudiese ver. Dijo en cierta ocasión: «Utilizarías los ojos como nunca hasta entonces. Todo lo que sientes se convertiría en algo querido para ti. Tus ojos tocarían y abrazarían cada objeto que entrase en el radio de tu visión. Y luego, por fin, verías y un nuevo mundo de belleza se abriría ante ti».
O tal vez adquirir algunos de los libros de la laureada Herta Müller. De ella, el libro presentado en la feria se agotó ese mismo día, me refiero a El rey se inclina y mata, deduzco que llevaron pocos volúmenes y que obviamente la demanda fue mayúscula, pero aún quedaban ejemplares de En las tierras bajas y uno más reciente, Todo lo que tengo lo llevo conmigo… Sí, nos perderíamos algo de esto, entre otros autores, entre otros libros. Al día siguiente confirmé lo que había imaginado: la venta del libro cuya presentación abandonamos, fue todo un éxito… económico.
Volvamos a la FIL, a la FIL-Abuelos y a ese domingo luminoso, cierre de la feria ¿Se registraron números de la misma? ¡Claro que sí! Asistimos 659 mil 898 amantes de los libros, entre ellos, 150 mil 201 correspondieron a la FIL Niños. Hubo 106 actividades dedicadas a los jóvenes. Por otra parte, participaron mil 935 editoriales que representaron 43 países de idiomas diferentes. En cuanto a los profesionales del libro, hubo 17 mil 800... ¿Profesionales del libro? Resulta ahora que las ediciones iberoamericanas, como en general las del mundo globalizado, enfrentan una transformación fundamental. Se vive en el umbral de una nueva forma de entenderla, de concebirla. No se trata de «declarar la muerte del libro impreso, ni de cantar las glorias de las nuevas tecnologías», pero sí de estar a la altura de los desafíos de la época actual. Es indispensable prepararse para la era de la edición digital pero también para comprender los efectos que esta irrupción tendrá en la edición tradicional. Se comenta que «Los desafíos son inmensos, al igual que las oportunidades. Se requiere una actitud audaz, abierta e informada. A ella contribuyó este año el Foro de Editores y Profesionales del Libro de la FIL Guadalajara»
En lo personal me gusta pensar que los libros como tales, esos de pasta gruesa o delgada, de colores brillantes o gastados por el tiempo; esos de páginas relucientes o amarillentas y envejecidas, esos con olor a melancolía y sabor de familia… esos no deben desaparecer. Sin lugar a dudas nuestros ancestros, los que primero escribieron en piedra, luego en tablillas de arcilla, más tarde en papel hecho con tallos del papiro, nunca pensaron en llegar a la existencia de los libros electrónicos… los que ya están entre nosotros… Me gusta pensar que alguno de mis nietos conserve un viejo libro mío, tal como yo atesoro el libro de lectura de sexto año de primaria, de ese admirable hombre, que fue mi padre…
Los eventos de la feria se difundieron a través de unos 500 diferentes medios de comunicación, entre estaciones radiofónicas, periódicos, revistas o canales televisivos ¿Qué informaron? Entre otras cosas las presentaciones de más de 150 libros, la existencia de 53 foros literarios y 22 foros académicos, actividades artísticas y musicales, premios y homenajes. Finalmente, como una curiosidad “tecnológica”, las páginas electrónicas de la feria tuvieron 3 millones 634 mil 869 vistas en el sitio web durante los nueve días de la FIL.
Sólo que todo lo que inicia concluye. Cuando regresamos al hotel el domingo por la noche, los amantes de los libros habían sido substituidos por quienes los transportan, quienes febrilmente extrajeron y acomodaron miles de libros que partían hacia su lugar de procedencia: las diferentes casas editoriales del país y fuera de él. La FIL Guadalajara, a sus 25 años de nacida, había sido un todo éxito… éxito que en nuestro interior, en nuestro yo íntimo y profundo, se despedía alegre invitándonos a volver un año más tarde. Me gustaría para entonces, aceptar dicha invitación.
Por mi parte, gracias a mi amiga Tere Irazábal, por transferirme la invitación, al Dr. José Valencia y a su eficiente equipo de trabajo, al Dr. Víctor M. Fletes, por su amistad y apoyo; al Dr. Jesús Delgadillo López, magnifico presentador de Cartas para Aimara, y a “los muchachos” que nos acompañaron: los médicos, sus compañeros de generación, de estudios, y bueno, ¿por qué no?, en su momento, compañeros también de una que otra parranda… pero sobre todo, de los amores frescos de la juventud que perduran hasta el día de hoy, convertidos en agradables y sólidas familias. Gracias a todos los que hicieron posible que se realizara este mi sueño dorado. En verdad, a todos y todas: muchas gracias.

2 comentarios:

hindra dijo...

Qué sabroso paseito por tus experiencias en la FIL, por los interesantes datos que aportas (anotados para posteriores revisiones)por tus opiniones coincidentes "me gusta pensar que los libros como tales... con olor a melancolía y sabor de familia"
Gracias Alice por compartirte con la generosidad que te distingue. Un deleite leerte. FELICIDADES

Anónimo dijo...

Me gustó, le escribiré para comprar su libro. Me recordó al señor Ochoa, que anda por todos lados poniendo ferias de libros usados. El que saca un coche de la agencia en la mañana, en la tarde ya es usado y vale menos. En las tiendas no puede uno probarse ropa interior y no puede cambiarla. Pobre don Quijote, viejo, usado.