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martes, 20 de diciembre de 2011

AL PIE DE LA ESCALERA

En un volante azul que me envía el regente de la imprenta leo estas palabras escritas con lápiz: falta el programa. Calle! Es verdad. Ni mi amigo ni yo pensamos nunca en el programa.
            En los gobiernos parlamentarios, cada ministerio entrante presenta su programa. Es de rigor! Y cada uno de esos programas, se parece a muchos otros anteriores… que jamás cumplieron los gobiernos; porque la sustancia, el alma de tales documentos es un alma en pena que sufre su purgatorio en este mundo, pasando de ministerio a ministerio, y que ve siempre lejos… muy distante, el cielo en que se realizan las promesas.
            ¿Qué hay de común entre los programas y nosotros? ¿Tenemos acaso tiesura y traza de ministros? ¿Un programa…? ¡Eso no se cumple jamás!
            Somos, Carlos y yo, íntimos amigos e incurables enamorados de lo bello. Sentimos ambos la dicha de vivir porque tenemos casa, y en la casa buenos seres que amamos y buenos libros que leemos. Nos parece divinamente hermosa la naturaleza, y si no la llamamos madre es porque nos da el corazón que ese nombre almo solo es de la divinamente santa. El arte es nuestro Príncipe y Señor, porque el arte descifra y lee en voz alta el poema vivificante de la tierra y la armonía del movimiento en el espacio. La dicha de vivir, la que conlleva el trabajo y la pena, es la que nos dice sonriendo, en días serenos: –mostradme, bella como soy, a los que no me aman porque no me conocen, a los que me conocerán y me amarán cuando, por fuerza, me despida de ellos!
            Y para obedecer ese mandato galanteamos la frase, repujamos el estilo, quisiéramos, como diestros batihojas, convertir el metal sonoro de la lengua, en tréboles vibrantes y en sutiles hojuelas lanceoladas.
            Para la “loca de la casa” no teníamos casa y por eso fundamos esta REVISTA. Azul…! ¿Y por qué azul? Porque en lo azul hay sol, porque en lo azul hay sol, porque en lo azul hay alas, porque en lo azul hay nubes y porque vuelan a lo azul las esperanzas en bandadas. El azul no es solo un color: es un misterio… una virginidad intacta. Y bajo el azul impasible, como la belleza antigua, brinca del tallo la flor, abriendo ávida los labios; brota el verso, como de cuerno de oro el toque de diana; y corre la prosa, a modo de ancho río, llevando cisnes y barcas de enamorados, que sólo para alejarse de la orilla se acordaron un breve instante de los remos.


Revista Azul. El domingo de El Partido Liberal,
tomo I, número 1; México, 16 de mayo de 1894.

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