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sábado, 22 de marzo de 2014

COMPLEMENTO NOTA DE ARMANDO ORTIZ

Publicada aquí el lunes 17 de marzo.

El primer día en la Cumbre Tajín me doy cuenta que todo ha cambiado. Tenía años que no iba a ese evento, pero esta vez, al cumplirse 60 años del rescate del mito del Trueno Viejo quise ir para recordar a mi amigo Roberto Williams con quien asistí en el 2000 a la primera cumbre. Para mis pulgas llegué y los policías de Bermúdez Zurita estaban obstruyendo la visión del mural de Teodoro Cano y las palabras de Williams; pusieron sus patrullas enfrente, como si lo grabado en ese muro fuera un simple grafiti y tuviera que ser ocultado.



Una foto del mural se encuentra aquí, en la entrada del 17 de marzo.

MADRID HOY. NOTA DE El PAÍS

La Marcha de la Dignidad toma el centro de Madrid con miles de personas
La protesta concluyó con 24 detenidos, de ellos tres menores, y unos 88 heridos
Los manifestantes llegados a pie no pasaron de 2.000
La protesta se inspira en el sindicato de Gordillo y en los campamentos de IU en Extremadura

Las ocho marchas por la dignidad confluyeron ayer en Madrid: unas 2.000 personas a pie y varios miles más (50.000 según la primera versión de la policía, que luego rebajó a 36.000 asistentes) que se incorporaron por otros medios, entre ellas decenas de miles de madrileños. Las ocho marchas trataban de ser una metáfora de un malestar que recorre España. Un malestar concreto sepultado bajo números escalofriantes: casi seis millones de parados, decenas de miles de desahucios y miles de millones de recortes en gasto social. La marcha desembocó en manifestación. Todo discurrió de forma pacífica y planificada hasta entrada la noche, cuando elementos radicales y policías antidisturbios entraron en acción. Pasadas las nueve de la noche, ya había 24 detenidos, de los que tres eran menores. Además, los disturbios causaron 88 heridos, de los que 55 eran policías. En total, 15 personas fueron trasladadas a hospitales para una valoración, según Emergencias Madrid.

Unos 88 heridos y 24 detenidos tras la marcha
F. J. BARROSO
La Marcha de la Dignidad fue pacífica hasta bien entrada la noche. Solo entonces elementos radicales y policías antidisturbios entraron en acción. Pasadas las nueve de la noche, ya había una veintena de detenidos, después de varias cargas policiales y el recibimiento a pedradas de los agentes. Casi en la medianoche la cifra se cerró en 24 detenidos, de los que tres eran menores.
La Delegación del Gobierno informó de que a los detenidos se les acusa de resistencia y atentado a la autoridad, vandalismo y destrozos en el mobiliario urbano.
Emergencias de Madrid ha informado también de que hay 88 heridos de carácter leve o muy leve, de los que 55 son policías (46 nacionales y 9 municipales) y, el resto, 33 ciudadanos que participaban en la marcha. Además, 15 personas han sido trasladadas a hospitales para una valoración médica. 

La convocatoria de la Marcha incluía tres lemas principales (“No al pago de la deuda”, “Ni un recorte más”, “Fuera los Gobiernos de la troika”). Pero de ese programa de mínimos se supo poco ayer. Palideció frente a la diversidad de reivindicaciones de las pancartas. “Si no luchas, pueden contigo”, protestaba Mamen Ruiz, murciana de 32 años con dos hijos y que se unió a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de su ciudad cuando vio cerca el desahucio. Virginia, de 47 años y funcionaria de Justicia se manifestaba “por las tasas, por la ley del aborto y para decirle a Gallardón que se vaya”. Belén Calvo, maestra, de 32 años y en paro desde hace tres, tomó un autobús en Burgos por la mañana vestida con una camiseta con la leyenda “Gamonal. Barrio vivo, barrio combativo”. “He venido porque tengo dignidad”, sentenció. En el remolino de voces decepcionadas se fundieron extrabajadores de Panrico y Coca-cola, barrenderos de Madrid, las mujeres del carbón asturiano, pequeños partidos de izquierda, miembros de las mareas antirrecortes…
Las ocho marchas que llegaron el viernes a las proximidades de Madrid se despertaron temprano ayer. Después de un tentempié de fruta y verdura en el barrio de Vallecas, la procedente de Murcia y Valencia(que durmió en el polideportivo de Rivas Vacíamadrid) fue recibida en el centro con lágrimas, bocadillos, sopa de cocido en vasos de plástico y agua. Desde allí, unas 2.000 personas continuaron hasta Atocha.
El sustrato de la protesta fueron las columnas de caminantes que siguieron el trazado de las seis carreteras nacionales que confluyen en la capital. Pero la verdadera materia prima de la concentración fueron los madrileños y los llegados en trenes, coches y autobuses desde todo el país. En Atocha todas las columnas se unieron en un brazo que avanzó hasta la plaza de Colón, donde se leyó un manifiesto.
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A las ocho y media de la tarde se registraron unas cargas en Génova después de que un grupo comenzara a lanzar objetos ante las vallas colocadas por los antidisturbios junto a la sede del PP. Fue la única acción violenta reseñable durante la marcha. La preocupación por episodios de este tipo ha sido constante. Agripa Hervás, organizador de la marcha este y miembro de Esquerra Unida del País Valencià reconocía cierta inquietud: “Tememos que grupos extremistas estropeen una marcha pacifista”. Esta alerta dio pie a un despliegue policial de récord: 1.650 antidisturbios, además de efectivos de la Guardia Civil y la policía municipal.
La manifestación entre Atocha y Colón figuraba en los permisos de la Delegación del Gobierno en Madrid a nombre de un particular. La Marcha de la Dignidad se presenta como un movimiento sin líderes que ha progresado a golpe de asambleas. En gran medida es cierto, pero eso no significa que sus inicios no hayan sido cincelados con esmero. El gran impulsor de la iniciativa ha sido el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) de Diego Cañamero y José Manuel Sánchez Gordillo, pero el germen del movimiento se plantó el año pasado en Extremadura, en los Campamentos Dignidad. Esta semilla ha ido regándose hasta ramificar en una elaborada organización que ofrece cobijo a las reivindicaciones de más de 300 colectivos y miles de ciudadanos sin ninguna adscripción.
Los Campamentos Dignidad nacieron en Mérida con una concentración frente a una oficina de empleo que exigía la creación de 25.000 puestos públicos y una renta básica. Abrazado a estas dos reivindicaciones el movimiento fue trepando con vigor, lo que le permitió entretejerse a colectivos en expansión, como la PAH.
Manuel Cañada, ex coordinador general de Izquierda Unida en Extremadura y tres veces candidato a presidir la Junta, se convirtió en cabeza visible del campamento. Cañada, miembro de la vertiente más ortodoxa del Partido Comunista (la que en Extremadura ha rehusado pactar con el PSOE) se propuso demostrar que los parados representaban una fuente de movilización social. “Los Campamentos Dignidad somos el 15-M obrero”, ha sido una de sus consignas, insistiendo en lo fértil que resulta el clima de anarquía y pluralidad para movimientos de contestación.
La estrategia de Cañada es un buen ejemplo de la gordillización de la izquierda del sur: el recurso a acciones de resistencia civil para hacer política fuera de los canales parlamentarios. El extremeño reconoce el ascendiente del alcalde de Marinaleda, ha participado en encierros y asaltos a supermercados, y colabora con los impulsores del modelo de okupación social de la Corrala Utopía, plataforma sevillana próxima al SAT.
Los Campamentos organizaron una primera Marcha Dignidad en Extremadura en septiembre de 2013. En esta fase Cañada también tendió puentes con el Frente Cívico Somos Mayoría de Julio Anguita, que ha terminado oficiando de maestro de ceremonias en los actos de presentación de la Marcha de la Dignidad.
Con estos padrinos, el mismo mes de septiembre se desarrolló una primera reunión en Madrid para planificar una marcha estatal. A partir de este pistoletazo de salida arrancó una frenética actividad marcada por la institución de pequeñas plataformas locales dedicadas a recabar apoyos económicos, difundir el proyecto por Internet y negociar con sus respectivos Ayuntamientos el alojamiento de las columnas de manifestantes.
Las asociaciones que han contado con medios (especialmente sindicatos e IU) han cedido locales e infraestructuras para las reuniones de los comités, pero el movimiento se ha basado en la autofinanciación. Por ejemplo, el viaje en los autobuses que llegaron ayer a la capital le ha costado una media 20 euros a cada viajero. Todos los detalles se han cuidado a pesar de la multicefalia imperante. Un equipo jurídico de 50 letrados voluntarios se ha movilizado para enfrentarse a previsibles problemas legales en las manifestaciones. “Si te detienen, hay que decir ‘equipo jurídico 22m”, reza su cuenta de Twitter.
El colectivo Campamento Amigo 15M, red con experiencia en movilizaciones como las mareas ciudadanas, se ha ocupado de coordinar la búsqueda de domicilios en Madrid. Esta red avisa de que no gestiona la creación de un campamento, asunto peliagudo después de que varios colectivos expresaran su ambición de repetir una instalación como la de los indignados en la puerta del Sol en 2011, algo que la Delegación de Gobierno aseguró que evitaría a toda costa.

A las nueve de la noche se habían producido tímidos intentos de extender tiendas por Recoletos sin demasiado éxito.

lunes, 17 de marzo de 2014

ROBERTO WILLIAMS POR ARMANDO ORTIZ





En este 2014 se cumplen 60 años del rescate del mito del Trueno Viejo. Roberto Williams en aquel entonces escuchó el relato de un anciano totonaco que vivía en una colina que miraba hacia la pirámide de los nichos en Tajín. El anciano le confió a Williams, un joven etnólogo, las palabras que sus ancestros le habían dado a custodiar. En su libro Mitos Tepehuas Roberto Williams lo transcribió de la siguiente manera:

“En la región del Tajín, los totonacos relatan la existencia de un ser sobrenatural, el trueno viejo, que permanece encadenado en el fondo del mar y cuyos roncos rugidos comienzan a escucharse desde el mes de junio, prolongándose hasta julio y agosto.
Tal personaje era un huérfano errante. Cierta ocasión sus ojos maravillados vieron un hacha que, por propio impulso cortaba leña y acto seguido se hizo un atado dentro del cual se metió dicha herramienta. El muchacho siguió al “tercio” que rodaba y así llegó a una casa que era la pirámide de los nichos, donde vivían los 12 viejitos que son los señores del trueno, ellos tomaron a su servicio al huérfano, Talinmaxka o Limaxka en idioma totonaco, recomendándole que siguiera las instrucciones.


Una vez, cuando los ancianos se preparaban para salir a sus labores, el huérfano miró como de un baúl sacaban su vestimenta para el viento, la lluvia y el trueno: Se calzaron botas y se terciaron espadas, con las cuales, respectivamente, producen los truenos al removerlas sobre las nubes y los relámpagos al desenvainarlas. Recomendaron al muchacho que no tocara nada.
Los truenos andaban haciendo lluvia y el recomendado abrió el baúl, cubriéndose con la mejor vestimenta: el vestido de huracán. Salió de la casa y en el acto promovió un terrible huracán que empezó a arrasarlo todo; los árboles se derrumbaban y las chozas se caían. Los truenos al darse cuenta de la situación, persiguieron al causante, echándole encima montañas de nubes para atraparlo, tomando mucho tiempo para lograrlo, porque el muchacho fácilmente se escabullía.
Fue llevado al fondo del mar, donde lo sujetaron y está sin poder moverse. Se dice que los ruidos se producen al preguntar cuándo es el día de su santo, pero los truenos le engañan diciéndole que es unos días antes o después de la fecha verdadera: el 24 de junio. Se abstienen de manifestarle el día porque de saberlo provocaría una tremenda inundación, que acabaría con el mundo”.

El relato fue publicado por primera vez en 1954 en la revista Tlatoani, editada por los alumnos de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.
Mucho le debe la zona del Tajín a Roberto Williams, porque Roberto vistió a la zona de esa mitología que hace falta para dejar de ver un lugar arqueológico como una simple zona de ruinas. Williams logró demostrarnos que en esos lugares estaba la historia de nuestros pueblos. El Tajín tiene sentido por el mito del Trueno Viejo que él rescatara.
A Roberto Williams lo conocí gracias a mi amigo Raúl Hernández Viveros. Ese día acudimos a casa de José Antonio Vicuña en Teocelo para celebrar que cien años atrás había estado el poeta Rubén Darío en esa misma casa, en una comida preparada en su honor. De ahí en adelante Roberto fue mi amigo y viajamos a muchos lugares donde disfruté de su conversación sabia y amena. Estuvimos en Landero y Coss visitando la tumba del primer emigrante, del primer hombre que se le ocurrió ir a buscar fortuna a los Estados Unidos, pero ya viejo regresó a reposar en la tierra de sus antepasados. Fuimos también a Quimixtlán a conocer a nuestros hermanos de agua. Fuimos a Coatzacoalcos con la poeta Esther Mandujano a conocer la constelación de Casiopea y estuvimos en el fin del milenio entregando una ofrenda floral a la laguna de Catemaco, por los muertos que las aguas habían arrebatado.
Había compartido muchas cosas con Roberto en nuestros viajes. La dinámica era especial, llevábamos libros y mientras uno manejaba el otro iba leyendo los relatos que explicaban la supremacía del norte sobre el sur. Leíamos también a Borges y algunos cuentos de Édgar Allan Poe.
Así se llegó la Primavera del Milenio que se celebró en el Tajín. En esa ocasión Roberto me invitó a ir con él. Yo pensé que ya conocía a Roberto Williams, pero para ese entonces yo todavía ignoraba muchas cosas de él.
Me llamaba mucho la atención las reverencias que le hacían a mi amigo a su paso por la zona arqueológica. No entendía, pensé que como ya era una persona de edad las merecía. Esa primera tarde en el Tajín una mujer italiana narraba al público el mito del Trueno Viejo. Roberto se quedó a escucharla con respeto. La mujer hablaba en su relato de siete ancianos. Esta diferencia llamó la atención de Roberto. Al terminar la mujer él se dirigió a ella y le preguntó dónde había escuchado esa versión, porque él conocía la de doce truenos. La mujer, arrogante y de manera despectiva le contestó como a un impertinente: “Lo que pasa es hay muchas versiones”.
Al día siguiente un vigilante no dejó que metiéramos el vochito blanco de Roberto al estacionamiento. Tuvimos que dejarlo en un lugar más lejos. A la entrada reparé en el mural que hiciera el maestro Teodoro Cano, donde con imágenes en bajo relieve relata el mito del Trueno Viejo. Junto a las imágenes está inscrito en piedra el mito y al final la firma de mi amigo: R. Williams.
“¿A poco tú lo hiciste?”, le pregunté a Roberto. Me dijo que sí y corrí a llamar al vigilante que no dejó meter el vochito de Roberto al estacionamiento. Henchido de orgullo le dije al policía: “Mire, mi amigo es quien rescató el mito del trueno viejo, y usted no nos dejaba entrar”.
Camino a la zona arqueológica me acordé de la italiana que lo había retado y entonces le reclamé: “¿Por qué no le dijiste a la extranjera esa que tú habías rescatado el mito original?”. Roberto siguió de largo y en el camino me dijo: “El mito no es mío, el mito es del pueblo”.
60 años del mito del Trueno Viejo y en 15 ediciones de la Cumbre Tajín no se han acordado de Roberto Williams. Yo ya le hubiera hecho un monumento, yo ya hubiera editado el mito y lo regalaría a la entrada a todos los visitantes del Tajín; yo ya hubiera puesto en escena, con luces, sonido y música totonaca el mito del Trueno Viejo, en representación teatral magnífica, todo en homenaje a Roberto Williams, en homenaje a nuestros antepasados.
Ya no podrán, ni el gobierno de Veracruz ni los organizadores de la Cumbre Tajín resarcir la omisión y la injusticia que cometieron contra Roberto Williams, porque Roberto, como su mito del Trueno Viejo, ya no pertenece a nadie en particular; Roberto, como el mito, ya pertenece al pueblo.


  


aortiz52@hotmail.com 

domingo, 16 de marzo de 2014

RETRATO DE ITALIANA, CHINAS Y MULATO

Complemento a la nota sobre Fabio Morábito publicada aquí el 15 de marzo, transcribo este párrafo de Conrad, que puede servir a los periodistas para hacer más literarios sus textos, ya que el periodismo primero fue un arte de la escritura.

“La señora de Viola era también italiana, natural de Spezia, y, aunque bastante más joven que su marido, era mujer ya de edad madura. Era de rostro hermoso, que había tomado un tinte amarillo, porque no le probaba bien el clima de Sulaco. Tenía una voz de hermoso contralto, bien timbrada. Cuando, cruzados reciamente los brazos sobre su amplio pecho, reñía a las regordetas chinas, que trabajaban en el arreglo de la ropa blanca, o pelaban las aves destinadas a la cocina, o machacaban maíz en morteros de madera en las casetas de barro situadas detrás de la casa, lo hacía emitiendo una nota de tan apasionada, vibrante y dolorida expresión, que el perro de guarda, atado a un cuchitril, daba un salto sacudiendo rumorosamente la cadera. Y Luis, el mulato, de piel color canela, bigote incipiente y gruesos labios negruzcos, suspendía su faena de barrer el café con una escoba de hojas de palma, sintiendo correr un suave escalofrío a lo largo de su espalda, mientras sus lánguidos ojos de almendra permanecían cerrados en prolongado transporte.”


Nostromo, relato de un litoral. Joseph Conrad. Unam, México, 1970. 1a. ed. 1946. Prólogo de Sergio Pitol. Traducción de Juan Mateos de Diego. Pág. 29

MISTRAL Y EL CONOCIDO ZEGERS

“Si España no se caracteriza por la gratitud y el trato exquisito a sus figuras literarias más destacadas –por lo general  las maltrata en vida y las entierra en el olvido una vez muertas– no es la única en practicar tan injusta conducta.”

Así da inicio la nota, en uno de los blog de El Boomeran(g), de Javier Fernández de Castro, sobre el libro Vivir y escribir, colección de fragmentos de escritos de Gabriela Mistral compilados por Pedro Pablo Zegers y publicados por la Universidad Diego Portales. Zegers dio a conocer hace unos años las cartas que Mistral mandaba a su secretaria, Doris Diana.

Mistral “nunca quiso redactar una autobiografía formal” y Zegers se puso a “entresacar y ordenar cronológicamente los fragmentos [de escritos de Mistral]”, para tener una “visión de una mujer singular y poco vegetativa y que se sentía cómoda en ese caos moderado que era su cotidianidad”. Lo mismo que hizo para integrar el libro Niña errante, que la escritora no habría permitido que se publicara y que hace pensar en los huecos que de seguro hay todavía en las leyes de protección de derechos de autor. Es difícil decidir qué conservar y qué destruir de los papeles que dejan los escritores (caso actual de Julio Cortázar; la que fue su esposa sigue publicando papeles que el escritor quizás habría destruido). Conflicto ante el cual los escritores deberían dedicar un tiempo, a tiempo, para hacer una limpieza profunda en sus escritorios. Zegers consiguió las 230 cartas de Mistral “sin fecha y escritas con lápiz de grafito” con los “herederos” de Doris Dana, al ser el intermediario con el estado chileno. Dana murió en 2007. (Un caso patético es el de una estudiosa que se aprovechó de Elena Garro.)

Zegers dice que le ha dedicado su vida a Mistral, así que dice tener derecho y se puso a preparar otro libro con las cartas de Mistral con su secretaria mexicana, Palma Guillén. Recordemos que Mistral vivió un tiempo en Xalapa.

Otras citas del artículo de Fernández de Castro

“Desde luego que este libro de prosas autobiográficas no excusa de leer paralelamente una biografía tradicional. Al revés, yo casi diría que es un estímulo para conocer mejor a esta mujer hoy bastante olvidada.”

“Es enternecedora su sorpresa [la de Mistral] cuando, al llegar a Madrid, descubre que la lengua que le enseñó su madre, perdida entre las montañas y a resguardo de modas e influencias extrañas,  era descendiente directa de quienes la llevaron allí y que, en cierto modo, incluso estaba mejor conservada.”

“Son continuas las trifulcas con sus compañeros de profesión, que nunca le perdonaron que ejerciera el magisterio sin tener título (como si para enseñar a unos niños olvidados de la mano de Dios en uno de los más inhóspitos confines del mundo se necesitase empapelar las paredes de diplomas); también con la prensa nacional, las autoridades y algunas figuras señeras, concretamente con Neruda, maestro, rival y protegido al mismo tiempo. Pero también con paisajes, costumbres y grandes hombres de otros países y continentes.”

“Son muchas las causas que se han aducido para explicar su lucha a brazo partido para asegurarse un lugar bajo el sol…fuera de los Andes.  Era mujer (“sin mucha gracia humana y sin mucha comunicación”), mestiza, de miras independientes (religiosa pero con ramalazos budistas,  y conservadora pero con convicciones en favor de las mujeres, los desprotegidos y determinadas estructuras sociales que impedían a las autoridades encontrarle un acomodo a gusto de todos).”

sábado, 15 de marzo de 2014

MORÁBITO, ENTREVISTADO


Magnífico reporte. Yo dejé la ciudad de México hace más de veinticinco años y quizás se vuelve uno más sensible a lo que dejó. Por edad, Morábito no debe recordar mucho de su vida en Egipto. Y de Italia... No cabe aquí más, así que continuaré en letrasdeveracruz.blogspot.mx


Continuación del comentario publicado en elpais.com sección Cultura

Me interesa mucho el tema de los migrantes. Dice Morábito que llegó a la ciudad de México a los quince años, después de vivir en Italia (el reportero, Bernardo Marín, no dice en qué región). Las personas informadas (antropólogos, sociólogos, sicólogos) no se ponen de acuerdo. ¿En qué momento el migrante adquiere cien por ciento la cultura del lugar adonde llega? Es importante la respuesta por la situación de los exiliados y sus descendientes (españoles, argentinos, uruguayos, chilenos en México en el siglo pasado). De manera que la respuesta de Morábito es muy útil, cito:

Morábito: “Hay que jugar esa carta íntimamente, no de manera premeditada. Produce un sentimiento de desarraigo, frustrante o doloroso, pero te da también muchísimas ventajas” —y, agrega Marín— “cuenta [Morábito] en su casa, ubicada en un tranquilo complejo de edificios del sur de DF construido como villa olímpica para los deportistas de los juegos de 1968. El lugar inspira serenidad. Y él, amable, risueño, de figura juvenil bien conservada [nació en 1955; ¿qué edad tiene Marín?] por las carreras que echa de vez en cuando por el barrio, también transmite una imagen apacible.

Sigo. Esos edificios son La Villa Olímpica desde 1968. Al término de los juegos fueron vendidos como departamentos en condominio. Están rodeados por rejas, a un lado del Periférico, una vía de alta velocidad, por lo cual es un lugar poco sereno. Y su entorno, Tlalpan, con grandes árboles, es actualmente más o menos “apacible”. Esa parte del “barrio” no es la ideal para correr. Sí, puede ser el parque que está enfrente, cruzando la avenida Insurgentes hacia el este.

Morábito: “Yo llegué a México sin saber español y los 15 años ya son una edad tardía para aprender desde el punto de vista neurolingüístico. Pero cuando quise ser escritor no me quedó más remedio* que hacerlo en mi lenguaje cotidiano. Cuando uno escribe lo hace en una cultura, en un contexto, rodeado de otros autores con los que dialoga.” 

Yo: *Frase de uso auténtico en el español de la capital. Implica una aceptación resignada más que un gusto o una decisión racional. En efecto, Morábito es parte de la cultura mexicana.

Marín: “Quizá de ese trasiego provenga el carácter peculiar de sus personajes. Todos pasan por un momento de crisis, se vuelven hacia atrás y hacen balance. Hay siempre en ellos una insatisfacción que les lleva a vivir situaciones insólitas.

Morábito: “Siempre me ha gustado la experiencia de las personas que no tienen nada que ver, nada de qué hablar y quizá precisamente por esa lejanía encuentran una cercanía que no se da con las personas que nos rodean, con las que tenemos confianza, pero también nuestras defensas”.

Marín: “La disciplina del escritor se activa escribiendo desde las seis de la mañana con un café a mano. Después de tres o cuatro horas se va a su otro trabajo, de investigador en la Universidad Autónoma de México, una labor que le gusta y además le pagan.

Yo: A Marín le faltó decir en qué parte de la Universidad. La Facultad de Filosofía y Letras le queda más cerca, Medicina no. Como sea, el trayecto no está para hacerse a pie, por los peligros viales de una avenida de gran velocidad en esa zona, un pedregal deshabitado, y de posible delincuencia:

Marín: “Hasta allí se desplaza a veces caminando, un lujo en una ciudad monstruosa donde muchos tardan hasta tres horas en llegar a su destino.

Yo: Los periodistas suelen descansar en palabras que les parece abarcan la complejidad de algunos temas. La ciudad de México no merece el calificativo de “monstruosa”. Está crecidita, sí, pero… Uno no diría que en las pequeñas ciudades europeas viven apretados.

De Paz, Morábito repite un lugar común, que dicen todos los escritores, narradores o poetas, en México: “De la poesía [Yo: y otros géneros] no puede vivir nadie. Octavio Paz agotaba sus ediciones de tres mil ejemplares en cuatro años”.

Yo: No somos inspectores de Comercio, pero recuerdo haber visto libros de Paz en las librerías, primeras ediciones, diez años después de su primera salida. Una frase más precisa hubiera sido: ni los libros de Paz se vendían cuando él vivía, quizás por eso los escritores buscan con afán recibir algún premio, para incrementar un poco las ventas de sus obras —si acaso eso les preocupa.


Una parte del asunto que me interesa especialmente quedó al margen en la entrevista de Bernardo Marín con Fabio Morábito. Los migrantes se alejan de sus familias y adoptan a sus amigos y a la familia de su cónyuge, mujer u hombre. ¿Y los hijos? Para ellos la vida es tal, y no le buscan raíces. Y para los nietos también. Pero el padre migrante seguirá dividido entre lo que pudo ser su vida y no fue. En Veracruz hay descendientes de españoles (que llegaron antes del exilio republicano) que todavía viajan a España para saludar a sus parientes. Muchas familias han dejado perder sus vínculos familiares. Conocí a un hijo de uruguayos que fue a conocer a sus parientes a los cuarenta años de edad. A un italiano casado con veracruzana que dejó Venezuela por dejar de ser éste el lugar ideal para sus negocios de importación. Y dejemos para otra ocasión lo que ocurre con los mexicanos que se fueron a Estados Unidos; qué, con sus hijos.

TALLERES LITERARIOS

Quizás las opiniones de Andrés Hax sean útiles para quienes gustan leer notas breves en periódicos. La sabiduría volcada en unas líneas escritas casi sin respirar, exprimiendo la memoria, mostrando mundo y lecturas.
            En el artículo “El fraude de los talleres literarios” (Clarín, 7 de marzo), Hax se pasa de lanza, o de rosca, como la escribió Juan Marsé. Interesado en el tema, podría escribir un libro de más de cien páginas. Sería inútil. Igual que escribir a favor o en contra de premios y concursos literarios. Ya todo está dicho y no cuesta nada repetir algo en los periódicos, aunque también parezca un fraude.
            Exhibe a Hanif Kureishi y a la Iowa Writers Workshop (IWW), “cuya matrícula —dice Hax— cuesta unos 40 mil dólares (por dos años). Lo de Kureishi lo toma de una nota periodística reciente sobre un festival en Bath, Inglaterra, donde el novelista dijo que “las cátedras de escritura creativa no sirven para nada”. Y lo califica de hipócrita porque es profesor de lo mismo en la Universidad de Kingston, con un costo por alumno de entre 10 mil y 20 mil dólares, si el solicitante procede de la Unión Europea, si es extranjero, si el curso dura un año o dos.
            La mención del programa de la IWW le permite aportar un dato: en 1936 fue fundada “la más prestigiosa escuela de escritura creativa y el modelo de los talleres literarios como se practica mayormente hoy”. Sí, la gente de EU siempre sabe hacer buenos negocios.
            Nada más queda por agregar que no puede ser entendida como un fraude. Serviría de algo mencionar algo de lo que ha pasado en México. El Centro Mexicano de Escritores (CME) cerró en 2006, según apuntó José Manuel Recillas, ver http://jmrecillas.blogspot.mx/2006/04/sobre-la-desaparicin-del-centro.html . Funcionaba como taller literario. Yo vi a Carlos Montemayor descansar mientras los becarios trataban de entender qué hacían los demás; por ejemplo, un poeta tenía que opinar sobre dramaturgia. Y así. Entró al quite Porfirio Martínez Peñalosa, por lo que Montemayor pudo descansar más, acariciando su pipa.
            El Instituto Nacional de Bellas Artes proporcionaba a sus becarios sesiones con un tutor de prestigio. Otra historia de desengaños, que no fraudes. A partir de los años setenta, los talleres literarios amparados por institutos de cultura se fueron extendiendo. Uno de los más recientes es el que ha ofrecido una Fundación no gubernamental que lleva el nombre de Octavio Paz. Otros preocupados por la producción literaria son quienes administran la Sociedad General de Escritores de México, que a su giro principal, de tipo sindical, abrió una escuela de escritores que ha cumplido veinticinco años de actividad. Y ha habido otras modalidades, como la de Caza de Letras, patrocinado por la UNAM, que era al mismo tiempo taller por Internet y concurso.

En la actualidad podemos decir, en honor de la brevedad, que los talleres literarios han sido útiles de muchas formas. Que la trayectoria profesional de cada ex tallerista (hubo becarios de nombre Rulfo o Sabines o Bonifaz Nuño en el CME) requeriría otro centro, otra escuela, otros concursos y mil ceremonias para repartir distinciones, Nobel incluido, cursos para saber cómo proponer candidatos a este premio. Una de las materias a tratar sería cómo convencer a un Gigante Editor Transnacional para que lea los textos que le mandan cientos de desconocidos. Por algo han prosperado las editoras independientes en todo el mundo. Como sea, no se trata de un fraude.