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viernes, 7 de febrero de 2014

ISMAEL AURELIO


TRECE RELATOS
Portada de Claudio Cortés

Gente de México Ediciones, D.F., 2013

"Ismael Aurelio es un escritor minucioso. Apela a la misma precisión con la que un relojero ordena los mecanismos donde danza el tiempo. Ismael Aurelio hace danzar a las palabras en una sujeción de líneas ordenadamente impecables. No son textos desbocados, perturbados, ni mucho menos discordantes. Responden y acuden al cumplimiento de una exquisita partitura."

jueves, 6 de febrero de 2014

EXPO SUSPENDIDA


RECURRENCIA AL TESTIMONIO DE LA MEMORIA. JOSÉ EMILIO PACHECO

Ivonne Moreno Uscanga

La importancia de citar o concitarnos para hacer alusión a la obra de José Emilio Pacheco no puede ni debe ser para recordarlo, sino para dar constancia de la vida diaria, ese estar en el presente, tiempo de fugas, andantes y arpegios, tras lides campales en el desierto.
José Emilio poseyó la sensibilidad de desmenuzar lo cotidiano a guisa de recuperar lo efímero pero simultáneamente sustancial para la existencia humana: VIVIR.
Así sin sentencia maniqueas, sus personajes en la narrativa se desenvuelvan como son, personas en concordancia con su tipología y circunstancia.
El mérito en su prosa consiste en esa aparente trivialidad de hombres y mujeres, provisto de un entorno de sosegado destino, pero no desprovistos de sórdidas sorpresas, tal vez por ello la trascendencia de Mariana, Mariana, convalidada por la eterna adoración, subconsciente ingrávido del amor o primer deslumbramiento físico por medio de los clásicos Carlitos.
Pero el encuentro de José Emilio con la palabra va más allá del relato y por ello me permito un párrafo de Umberto Eco de su libro En búsqueda de la lengua perfecta, apropiado para connotar los significados de su vasta comunicación:
“Una lengua natural no se basa en una sintaxis y en semántica. Se basa también en una pragmática, es decir se basa en una reglas de uso, que se ocupan de analizar, las circunstancias y los contextos de emisión, y esas mismas reglas de uso establecen la posibilidad de los usos retóricos de la lengua, gracias a los cuales palabras y construcciones sintácticas pueden adquirir significados múltiples, como sucede por ejemplo con las metáforas.
           E hilvano con ello uno de sus más hermosos poemas, escrito en la edad de las tinieblas, cuya construcción sintáctica hace alusión a significados múltiples, como pueden ser el de logros y declives de las grandes civilizaciones o pensadores, o la reflexión de un día más en nuestro existir:
Hace milagros este amanecer. Inscribe en su página de luz en el cuaderno oscuro de la noche. Anula nuestra desesperanza, nos absuelve de nuestra locura, comprueba que el mundo no se disolvió en las tinieblas como hemos temido a partir de aquella tarde en que, desde la caverna de la prehistoria, observamos por vez primera el crepúsculo.
Ayer no resucita. Lo que hay atrás no cuenta. Lo que vivimos ya no está. El amanecer nos entrega la primera hora y el primer ahora de otra vida. Lo púnico de verdad nuestro es el día que comienza.”

Milagro es vivir, la oscuridad y la noche se asocian a sucesos turbios, qué realmente nos absuelve de la locura, y detrás de la tinieblas… cuántas metáforas para dirimir o disfrutar en un poema… y sobre todo recuperamos la constante en Pacheco: la importancia del hoy, concatenado probablemente a una dualidad novelística, en la sentencia de Elena Garro: recuerdos del porvenir.
Pacheco es un escritor cuyos significados son múltiples por su agudeza y aparente sencillez gráfica, y me vuelvo a remitir a Eco, quien nos asevera: “una lengua natural pretende ser omninefable, es decir capaz de dar cuenta de toda nuestra experiencia, física y mental, y capaz de poder expresar percepciones, abstracciones, hasta llegar a la pregunta de por qué existe el Ser y no la Nada”.
José Emilio Pacheco, el poeta de la dialéctica de la rotación, de las pesquisas de los días y las noches, de la diatriba entre el ayer y el hoy, sólo puede apreciarse en el verso, en la traducción , en el cuento de la obnubilación de Cronos como panacea de lo concluido, de lo resuelto, tal como lo escribió en su “Contraelegía”:

Mi único tema
es lo que ya no está…
y mi obsesión
se llama lo perdido
Mi punzante estribillo
es más nunca
y sin embargo amo
Este cambio perpetuo
este variar, segundo tras segundo
porque sin él lo que llamo
lo que llamo vida… sería piedra…

Texto leído ayer, 5 de febrero, en el Teatro Clavijero, de la Ciudad de Veracruz, durante el homenaje a José Emilio Pacheco que le rindió el H. Ayuntamiento de Veracruz. También participaron Beatriz Melo, Josué Martínez, Jaime Velázquez y Jorge Alberto González.

miércoles, 5 de febrero de 2014

ISAAC DE VEGA, 1920 - 3 de febrero de 2014

Víctor Alamo de la Rosa (El País, 4 de febrero) acerca al narrador de Canarias, Isaac de Vega, quien murió el lunes pasado, con Rulfo: "por eso es fácil pensar, por ejemplo, en un Juan Rulfo si queremos buscarle a De Vega parecidos razonables, sobre todo porque el canario compartirá con el mexicano esa hermosa facilidad para sublimar un territorio (Igueste de San Andrés), un paisaje y un paisanaje, y extraer el caudal de literatura universal que brota de esa sabrosa savia de lo local".


El próximo día 20 se celebra el Día de las Letras Canarias, con un homenaje a Agustín Millares Sall (1917-1989).

lunes, 3 de febrero de 2014

EN HONOR DE JEP


FÉLIX GRANDE VISITA A ORY

Ayer releí los Apuntes sobre poesía española de posguerra (Taurus, 1970), de Félix Grande (1937-2014), una manera de pensar que el tiempo del poeta sigue presente. Una nota inicial avisa que los apuntes fueron publicados con el título “1939. Poesía en castellano. 1969”, en el número catorce, extraordinario, de Cuadernos para el Diálogo, una revisión de treinta años de literatura, en mayo de 1969. Aclara el autor que en abril de 1965 escribió esos apuntes para una conferencia: “consulté libros, recuerdos y amigos” —dice y agrega— que “el texto es una refundición y actualización”.  Son setenta páginas y unos apéndices. Me propuse enlistar los nombres de los poetas que recordó y agregarles fechas de nacimiento, fechas de ediciones de sus libros, para ver mejor qué pasó en esos años. Félix Grande estudia lo que ocurrió después de 1945.
            En la página 21 una nota al pie me dirigió al primero de los apéndices, en la página 79: “Carlos, Carlos…” (Carlos Edmundo de Ory, 1923-2010) Y dados los días recientes, las muertes de Juan Gelman, José Emilio Pacheco y el mismo Félix Grande, comparto aquí algunas líneas que tratan precisamente de la muerte.
            “España vivía una posguerra dilatada. Nuestra cultura, en ese tiempo, tiene pocas rendijas. (…) Oculta su debilidad bajo aseveraciones y anatemas. Toda mi generación se ha lamentado de haber vivido la infancia durante aquellos años: si hubiéramos sido adolescentes, el trauma no habría sido menor.”
            “… aquel ágora sombrío. No culpo a nadie: era una situación. Reconocer en la imaginación y el enfebrecimiento y el temblor y la risa algo que veinticinco años más tarde buscarían muchos jóvenes desengañados —o afortunados— y resueltos a respetar de verdad la grandeza de la poesía, era algo notoriamente complicado en el extenuado Madrid de mil novecientos cuarenta y cinco.”
            “Nuestra posguerra no quiso —tal vez quepa decir: no pudo— integrar aquella risa solar, ni aquella tristeza lúdica y boreal” [se refiere a De Ory]. La posguerra y Ory fueron intrusos el uno para el otro.”
            En septiembre de 1966, Félix Grande visitó a Ory en Francia [¿en Thézy-Glimont, Picardía, donde murió Ory?; Grande también estuvo en Austerlitz].
            “Poco antes de regresar visito a Ory y le cuento esos días. Me mira con piedad. Él dice que el cansancio hace inocentes a los hombres: no sé si lo discuto, lo lamento, lo aplaudo. Ory tiene ojeras históricas. Algo después de ese año se separará de su esposa. Tal vez está ya en él sonando esa separación, como la carcoma en la puerta. Salimos a la calle.”
            Ory lee un titular en un periódico, “con letras enormes, informa de una muerte ofensiva”.
            “Al leer, Ory se queda pálido. Se apoya contra una pared. Llora uno o dos minutos. Luego seguimos caminando. ‘Mi vida está señalada por los cadáveres.’ No digo nada.” (…) ‘Desde hace años la muerte no me deja en paz.’ Sigo callado. ‘Se me mueren todos.’ Se aprieta los ojos con los dedos. ‘Los años. Qué animales extraños.’ Siento el deseo de volver a mi casa, tocar a mi mujer, mirar dormir a mi hija –y sigo en silencio. Ory continúa viviendo en voz alta: ‘Cada año tengo más frío.’ Es el veintiocho de septiembre. Hace unas horas ha muerto alguien que mencionan los titulares. Junto a esas letras negras y vanamente gigantescas, una fotografía de André Breton.” (1896-1966)


Ory entonces tenía cuarenta y tres años. Y de vuelta a nuestro 2014, qué puedo hacer, yo y quienes sientan lo mismo, sino aumentar un enojo que ya se vuelve permanente, porque “la muerte no me deja en paz”, “se me mueren todos”, y sentir más frío en este invierno en Veracruz que unos días ha marcado 11° en los aparatos, nada para quienes viven en regiones nevadas.