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sábado, 7 de abril de 2012
MARIANHE JALIL, PERSONAJE DEL MES
Distinción de la revista española Letras TRL,
edición de abril,
originada por la exposición de poemas visuales que
Marianhe Jalil presentó el mes pasado en el
Teatro de la Reforma, Ciudad de Veracruz
viernes, 6 de abril de 2012
POR DELANTE, EL ÁNIMO DE GONZALO ROJAS
HAMBRE DE MÉXICO
Cada amanecer al saltar al Mundo desde la sábana digo en alta voz México. México, y no es por ritualidad ni por fijación sino por encantamiento. Ni es por el enigma de la equis que tanto fascinara a Valle-Inclán ni por incógnita algebraica de nada sino por la cruza genésica de esos dos palos disímiles, uno hacía acá y otro hacia allá, dos flechas disparadas y amarradas en el centro X como el sexo, una cruza casi animal, Oriente y Occidente, como pintan los niños el gran acorde de respirar el mundo. De eso vivo y sigo viviendo. Lo vi antes de verlo como nos pasa con el sol, mucho antes de la madre, a media asfixia de salir llorando. Aunque nuestro México adorado no es asfixia ni lo fue nunca sino Oxígeno y acaso el único oxígeno que nos queda, con otra vez la equis portentosa. Como el Amor que es el único mito que nos queda con esa M igualmente alta en el lenguaje insondable del murmullo.
México, así: con equis. ¿Y por qué no con el otro fonema en la otra prosodia, la dela Jota o de la iod de la eternidad? ¿Por qué no el otro Méjico que somos todos del Río Grande hasta la Antártica ?
Nademos hondo en ese oleaje. ¿Usted cree que es chileno por mistraliano?, ¿que es argentino por borgiano, cree usted?, ¿qué es peruano por vallejiano, que es dariano por antillano, martiano por cubano, guimaraesiano por fluminense, lautreamoniano por montevideano, costino o andino por mero azar, en burro o a caballo, paisano de la paisanería de estas patrias despedazadas, cree usted?
–No, mi señor, usted anda con su México a cuestas desde los grandes días presurosos desde hace tres milenios, su México en el seso y en el corazón, ese México que nos sigue naciendo todavía, el que le enseñó su ritmo al Mundo, el que aprendió en las mismísimas estrellas su número, su cero primordial; ese México único de la imaginación y del coraje, del coraje y la imaginación, que pintó la pintura como ninguno, cuyo ojo, cuya mano, cuya oreja con guitarrón y todo hicieron mil veces el planeta desde la tradición a la invención. Esa nariz siempre adivina de lo uno y lo múltiple de las cosas como los jónicos, y –aunque parezca irrisorio– hasta ese paladar que le enseñó el sabor de lo nutricio a los otros arribistas recién llegados de más arriba, ¡que coman bien alguna vez los viles mercaderes!
No es mía la nostalgia, pero siempre irán conmigo tantas figuras del gran México. Ahora mismo se me aparecen tres como si estuvieran aquí mismo escribiendo con mi mano o respirando con mi resuello:
1) Reyes regiomontano, sobre ese rápido abril del ‘59, cuando me abrió la puerta grande de su casa de Benjamín Hill en el DF y me puse a subir por la escala alfonsina ¡y se nos fue a morir en el diciembre oscuro de esa fecha!
Hablamos largo esa vez. Yo venía de China fascinado por mi diálogo con Mao Tse Tung, tan lozano y precioso como el suyo en ese instante. Le dije mi adicción más que mi adhesión a su obra caudalosa. –“Nunca tendremos uno como éste en nuestro Chile”, me pensé en un relámpago. Leer a Alfonso Reyes (Borges dixit) es aprender a escribir. ¿Qué más le debo a Reyes más allá de su cortesía y ese estado de gracia que era su diálogo y su maestrazgo? Hoy lo pienso: la poda, l’ostinato rigore que decía Leonardo.
2) A Rivera, Diego Rivera, me fue dado verlo en Concepción de Chile en un mercado de mariscos, alto y destartalado. Y pasó necesariamente lo increíble: mientras cuchareábamos en pie las delicias de piures y mariscos y otras centollas centelleantes en los platillos artesanales vino el estruendo de un terremoto (una de esas pulsaciones fuera de madre que estremecen la geología de Chile), y todo fue vaivén de cuchillos y vidrios por todas partes. –Vamos a la calle para mirar mejor, me dijo el gran mirón.
Y claro, la calle era otro sacudón interminable y menos flexible, una serpiente pavorosa, en la disnastía de aquella otra del DF allá por el ‘85.
¡México! Es que no se ha descubierto todavía. Ni apenas descifrado. Le nacen sus poetas, sus pintores, sus músicos pero no se ha descifrado el gran misterio. Aunque claro no habrá otra región más transparente y más secreta. A ella me encomiendo cada día.
Alguna vez oí que entre todos los pueblos-mundo del planeta, ése y no otro era el más pueblo-mundo. No sé y de lo que no se sabe más vale callar. Artaud sabía más, los otros no pasamos de aprendices y estoy hablando de los forasteros, los afuerinos, los pajueranos, como dicen en Chile con humor.
Pobres líneas las mías, No nací ahí, no merecí. Se me dieron otros volcanes. Pero ésa es mi morada y en cuanto a surrealismo, surrealismo para qué como dijo Breton. Ya todo anda ahí, del dragón al caracol, del laberinto de la soledad a lo monstruo que no perdona del gentío y que ya pide otra galaxia.
Nos vemos, ténganme por diáfano.
Cada amanecer al saltar al Mundo desde la sábana digo en alta voz México. México, y no es por ritualidad ni por fijación sino por encantamiento. Ni es por el enigma de la equis que tanto fascinara a Valle-Inclán ni por incógnita algebraica de nada sino por la cruza genésica de esos dos palos disímiles, uno hacía acá y otro hacia allá, dos flechas disparadas y amarradas en el centro X como el sexo, una cruza casi animal, Oriente y Occidente, como pintan los niños el gran acorde de respirar el mundo. De eso vivo y sigo viviendo. Lo vi antes de verlo como nos pasa con el sol, mucho antes de la madre, a media asfixia de salir llorando. Aunque nuestro México adorado no es asfixia ni lo fue nunca sino Oxígeno y acaso el único oxígeno que nos queda, con otra vez la equis portentosa. Como el Amor que es el único mito que nos queda con esa M igualmente alta en el lenguaje insondable del murmullo.
México, así: con equis. ¿Y por qué no con el otro fonema en la otra prosodia, la de
Nademos hondo en ese oleaje. ¿Usted cree que es chileno por mistraliano?, ¿que es argentino por borgiano, cree usted?, ¿qué es peruano por vallejiano, que es dariano por antillano, martiano por cubano, guimaraesiano por fluminense, lautreamoniano por montevideano, costino o andino por mero azar, en burro o a caballo, paisano de la paisanería de estas patrias despedazadas, cree usted?
–No, mi señor, usted anda con su México a cuestas desde los grandes días presurosos desde hace tres milenios, su México en el seso y en el corazón, ese México que nos sigue naciendo todavía, el que le enseñó su ritmo al Mundo, el que aprendió en las mismísimas estrellas su número, su cero primordial; ese México único de la imaginación y del coraje, del coraje y la imaginación, que pintó la pintura como ninguno, cuyo ojo, cuya mano, cuya oreja con guitarrón y todo hicieron mil veces el planeta desde la tradición a la invención. Esa nariz siempre adivina de lo uno y lo múltiple de las cosas como los jónicos, y –aunque parezca irrisorio– hasta ese paladar que le enseñó el sabor de lo nutricio a los otros arribistas recién llegados de más arriba, ¡que coman bien alguna vez los viles mercaderes!
No es mía la nostalgia, pero siempre irán conmigo tantas figuras del gran México. Ahora mismo se me aparecen tres como si estuvieran aquí mismo escribiendo con mi mano o respirando con mi resuello:
1) Reyes regiomontano, sobre ese rápido abril del ‘59, cuando me abrió la puerta grande de su casa de Benjamín Hill en el DF y me puse a subir por la escala alfonsina ¡y se nos fue a morir en el diciembre oscuro de esa fecha!
Hablamos largo esa vez. Yo venía de China fascinado por mi diálogo con Mao Tse Tung, tan lozano y precioso como el suyo en ese instante. Le dije mi adicción más que mi adhesión a su obra caudalosa. –“Nunca tendremos uno como éste en nuestro Chile”, me pensé en un relámpago. Leer a Alfonso Reyes (Borges dixit) es aprender a escribir. ¿Qué más le debo a Reyes más allá de su cortesía y ese estado de gracia que era su diálogo y su maestrazgo? Hoy lo pienso: la poda, l’ostinato rigore que decía Leonardo.
2) A Rivera, Diego Rivera, me fue dado verlo en Concepción de Chile en un mercado de mariscos, alto y destartalado. Y pasó necesariamente lo increíble: mientras cuchareábamos en pie las delicias de piures y mariscos y otras centollas centelleantes en los platillos artesanales vino el estruendo de un terremoto (una de esas pulsaciones fuera de madre que estremecen la geología de Chile), y todo fue vaivén de cuchillos y vidrios por todas partes. –Vamos a la calle para mirar mejor, me dijo el gran mirón.
Y claro, la calle era otro sacudón interminable y menos flexible, una serpiente pavorosa, en la disnastía de aquella otra del DF allá por el ‘85.
¡México! Es que no se ha descubierto todavía. Ni apenas descifrado. Le nacen sus poetas, sus pintores, sus músicos pero no se ha descifrado el gran misterio. Aunque claro no habrá otra región más transparente y más secreta. A ella me encomiendo cada día.
Alguna vez oí que entre todos los pueblos-mundo del planeta, ése y no otro era el más pueblo-mundo. No sé y de lo que no se sabe más vale callar. Artaud sabía más, los otros no pasamos de aprendices y estoy hablando de los forasteros, los afuerinos, los pajueranos, como dicen en Chile con humor.
Pobres líneas las mías, No nací ahí, no merecí. Se me dieron otros volcanes. Pero ésa es mi morada y en cuanto a surrealismo, surrealismo para qué como dijo Breton. Ya todo anda ahí, del dragón al caracol, del laberinto de la soledad a lo monstruo que no perdona del gentío y que ya pide otra galaxia.
Nos vemos, ténganme por diáfano.
REINICIO
Nos disculpamos por la inactividad de este blog las semanas recientes y les informamos que ya estamos de vuelta. Agradecemos sus mensajes de apoyo y sobre todo sus visitas. Como en los teatros, vale decir: ¡comenzamos! Les agradecemos que corran la voz, pues quizás perdimos a algunos amigos lectores. Desde mañana avisaremos por correo electrónico que estamos retomando el trabajo.
A todos, gracias
A todos, gracias
jueves, 23 de febrero de 2012
LA MUJER QUE ESCAPABA DE NOCHE, DE GLENDA CASTILLO MUÑOZ / JAIME VELÁZQUEZ
La narrativa en la ciudad de Veracruz tiene muy pocos cultivadores. Y mujeres narradoras hay tres o cuatro (Norma Lazo, Lucía Deblock, Fernanda Melchor), por lo que el libro La mujer que escapaba de noche (CONACULTA-IVEC, 2010), de Glenda Castillo, es una joya. Glenda tardó años en decidirse a publicar y así lo hace constar en el prólogo Ursula Ramos, quien ha atendido el taller de Literatura del IVEC desde que éste abrió sus puertas, a fines de los años ochenta. Así que podemos asegurar que el tiempo de maduración de una escritora se parece al de la planta que termina siendo embriagante tequila, el maguey.
Frecuentador de los relatos escritos por hombres, he sentido especial curiosidad por la producción originada en las formas de ser de las mujeres. Hay que recordar que Aurore Lucile Dupin tuvo que dar a conocer sus obras bajo un seudónimo masculino, George Sand. Flaubert provocó la discusión más conocida en el siglo XIX a propósito de la señora Bovary. Pero los maestros en el retrato novelístico de las mujeres son muchos, el más notable es Leopoldo Alas, autor de la admirada Ana Ozores, en La regenta. Y por fin aparecieron las mujeres para escribir.
En 2007 llegó a Veracruz el libro Atrapadas en la madre, que unió a Elena Garro, Rosario Castellanos e Inés Arredondo, nacidas en los años veinte, con escritoras que deben haber empezado sus carreras literarias en los años cincuenta o sesenta. Los cuentos de Glenda Castillo muy bien podrían aparecer en un volumen que incluyera a escritoras de las nuevas generaciones, por la calidad de su escritura y por el mundo que describe.
El libro de Glenda trata asuntos con finales abiertos. Son diecisiete textos que tienen como personajes principales a mujeres, excepto dos. Hay en todos un movimiento que le da carácter al libro, imagen de lo que está pasando en la sociedad actual.
El libro empieza en la playa y llega al desierto, a Ciudad Delicias, recorre urbes y lo que hay que preguntarse es por qué se están yendo las mujeres, o a dónde van. Uno de los cuentos se llama “La mudanza”, lo cual remarca esta movilidad. Puede tratarse del impulso que las está llevando a Estados Unidos, o a la muerte. Hay en nuestros días, y en la escritura de Glenda, una violencia contenida y una fuerza que se manifiesta rompiendo el pasado conocido, que acecha en cada página, incluso en el cuento infantil del final, “De princesas y dragones”.
En el primer cuento leemos:
“Los diminutos pies descalzos dejaron un leve rastro en la arena que la marea borró por completo”.
Así abre Glenda su libro, abre las puertas de un mundo cuyos orígenes quedan fuera de la historia. Más adelante, la mujer dice:
“No tengo a dónde ir.”
Y acerca de su nombre, afirma:
“Yo me siento como si tuviera todos” (los nombres).
Entonces la narradora redondea su intención:
“Él no conocía ningún detalle de su vida, nunca preguntaba de dónde venía, ni qué hacía aquella noche en la playa”.
El final, las huellas, la marea, confirman la delicada naturaleza de la mujer, un ser evanescente.
El prodigio del encuentro, como si se tratara de la aparición de una sirena, es también un drama: “el mar bota lo que ya no sirve”, dice el pescador. Encuentro este ambiente, resuelto con trazos rápidos, paralelo al de Las pirañas aman en cuaresma, de Hugo Argüelles, en una versión inesperada.
Cinco personajes no tienen nombre en el libro, lo que incrementa la validez social de los asuntos tratados. En uno de los relatos, la mujer que acude a consulta con un sicólogo insiste: “Díganme Pily”. Vuelvo a la mujer del pescador del primer cuento, de quien se nos dice que “se había acostumbrado al cambio de nombre”, ya que “su nueva vida requería (…) renovada identidad”.
Esto, la búsqueda de identidad, es una de las claves que ofrece Glenda para hablarnos de lo que están haciendo las mujeres en estos tiempos. La señal primera de su nueva condición empieza con el nombre.
Al lado, el hastío masculino, quizás cierto cansancio histórico, descuida la mágica feminidad y –pienso– pierde a Eva, la primera mujer sin nombre de nuestra cultura. Quedamos de esta manera frente a una nueva historia: no habrían sido dos los expulsados del paraíso, sino uno, el huraño, el díscolo hombre.
En otro cuento, “Lo perdí cuando…”, el varón abusivo morirá, a pesar de que “eran otros tiempos, un hombre podía matar a su mujer y nadie decía nada, estaba bien, para eso era suya”, cuenta la nieta. Al huir, cuando era joven la abuela, se pierde al no distinguir en el monte “los caminos de hombre”. Queda claro. La mujer al irse hace un camino nuevo.
En el cuento infantil y en el que trata acerca de una familia, “Casa ajena”, la escritora plantea esperanzas y soluciones. En uno, la princesa no será rescatada eficazmente por un príncipe, aunque sí recibe la ayuda que él le dará, ya que “todas las princesas son rescatadas” –dice la madre a su hija–, pero no para ser adornos de sus palacios sino porque saben “amarse mucho a sí mismas”. El cuento mil veces contado es actualizado con un humor escaso en la literatura: el príncipe le regala una grabadora con pilas “del gato negro” y cassettes de Serrat y Perales, y la princesa pondrá un spa para atender a las damas del reino. Sin embargo, la narradora revelará que fueron felices para siempre, “pero cada quien por su lado”. En la primera ausencia del príncipe, que tiene que ir a ver a una ogra que lo retiene, éste al regresar no encuentra a la princesa: “¿qué pasó con ella?”, pregunta la niña que escucha el cuento. Los lectores deben saberlo. La narradora lo plantea así: si una mujer encuentra al verdadero amor, toma la forma de éste. Ella no espera al príncipe porque “se habría convertido en ogra”.
En “Casa ajena”, el más extenso de los cuentos, una familia llega a un pueblo abandonado y ocupa la casa más habitable, a la que llegará la hija de la difunta propietaria.
“–El pueblo se está muriendo –dijo el hombre–, sólo hay viejos y mujeres; los niños nada más crecen tantito y se van, las chamacas de sirvientas y los varones al otro lado a buscar al padre que hace tiempo no manda nada, ni siquiera una carta, y luego, cuando las mujeres se ven solas sin hijos y sin marido ¿a qué se quedan?... También agarran camino, sólo hay algunos viejos, no se van porque si los desarraigan se mueren, apenas sobreviven con lo poco que algunos envían…” (pág. 31).
Hay aquí una curiosa idea de la narradora. El padre de su relato, un “capitalino”, no conocía la tierra porque había pasado su vida en un departamento y en una fábrica de cemento. Había conocido la arena de Acapulco, pero nada más. La única tierra que recuerda es la que vio de niño en una maceta.
Lo demás lo adelanto aquí porque es otra clave del libro. Los lectores nos preguntamos, a lo largo del libro de Glenda Castillo, ¿a dónde van las mujeres que escapan? Es posible que en “Casa ajena” esté la respuesta.
En dos momentos distintos (en las páginas 31 y 41) surge la interrogante: “¿a dónde vamos?”. Y hay que saber responderla para evitar la separación de la familia. En un viejo vehículo va la abuela paterna, el papá, la mamá, dos hijos jóvenes y dos hijos niños, gemelos. Hay otros personajes: Eustacio, su hija Blanca y Eduviges, la heredera de la casa. Un relato maravilloso, escrito con maestría, ya un clásico para la literatura veracruzana y para México.
miércoles, 22 de febrero de 2012
5º ÍNDICE, 20 ENERO-22 FEBRERO
20 Índice dic. 2011 – 19 ene. 2012
Tlatlatok Tetl
Heliotropo / Pilar Campos Velázquez
21 Número 1, Caimán ediciones
Ejército enemigo, Alberto Olmos (El placer de la lectura)
22 Domus XX. El olfato: cuentos. Glenda Castillo Muñoz
México ausente. Festival de Cine Sundance
23 Concurso Punto de partida 43
Respiración bajo mar / Luis Gerardo Pulido 1
24 Sin poesía no hay cambio posible / Tito Alvarado
Carta invitación de Tito Alvarado, Proyecto Cultura Sur
A la raíz. Múcar en Museo de Antropología de Xalapa
Premio Cervantes, el de Querétaro
Cine club USBI-Mocambo
Respiración bajo mar / Luis Gerardo Pulido 2
25 Gelman en el Palacio / José Ángel Leyva
Dr. Antonio Rodríguez Alvarado
El colectivo Múcar en el MAX
Respiración bajo mar / Luis Gerardo Pulido 3
26 Ana de la Reguera en Paraíso travel
27 Entre vecinos / Gastón Segura
Atenta lectura / Ladislao Aguado
Micaela García Gálvez. Reconocimiento
28 Gaceta on line, núm. 58
TV Azteca engaña niños
29 Nexos, déficit en información literaria
Leer, escribir, así pasan los días (Revista Nexos)
Autores por conocer, libros por leer (Rev. Nexos)
Novelistas, cuentistas
Agregue autores mexicanos a su biblioteca personal
30 Centro Veracruzano de las Artes (El carnaval)
Fernando Sorrentino, desde Buenos Aires
Esta semana (anuncios)
31 Týr y las crónicas de los dioses guerreros
Daisy Medel
El libro de las maravillas, de Clemont / Pepe Rodríguez
FEBRERO
1 Cumplemeses
Venta en el ex Torremar
MVS: Mono Blanco raja de show falso
La bienal internacional de cartel en México
Sánchez Robayna y las traducciones / Ricardo Martínez
2 La novela de Fernández Fe / Benito Garrido
Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca
Diplomado en Creación Literaria
Jorge Cuesta por Evodio Escalante. Libro definitivo
3 Libros de EU. Febrero
Poesía visual en México. Samuel Gordon, editor
Micaela García Gálvez. Reconocimiento
4 Domínguez Cuenca, Vigil y Guiochins
Rafael García Sánchez, director de Quorum
En el Weso
David Martín del Campo en Mazatlán
Por vez primera / Ramón de Jesús Hernández Olivares
Jesús Garrido, “La dolce vita”
5 Fiestas de la Candelaria, Tlacotalpan
Gabriel Fuster en Tlacotalpan. Minicrónica de Gabriel Fuster
Librado Basilio en inglés
Es domingo 5, Violeta Parra
6 Tàpies, un grande de Cataluña
Wallace Stevens, Harold Bloom, Jeanette L. Clariond
También mañana, más poesía en el D.F.
7 Quorum
De “El jazz de una década” / Ladislao Aguado
Libros de ayer y de hoy
Cine club USBI-Mocambo
Reconocimiento a Raúl Hernández Viveros
8 Poetas en Tlacotalpan
Tàpies, texto y poema de Jesùs Garrido
Desempleo en el IVEC por renuncia del director general
Música, festival un año de duración para 2013 en Londres
9 Cartas de Baltasar y María Garzón
5,000 entradas
IAGO, El ocaso de los dioses
Poesía teatral
Travesía / Jonathan Alexander España Eraso
10 Requiem / Alejandra del Valle Abraham, argentina
Collar de perlas / Ramón de Jesús Hernández Olivares
Péreztejada en la Casa del Lago
Jorge Salvador Lara: historiador, cronista, diplomático de Ecuador
Yves Trémoin – La derivée mexicaine
11 Instituto Veracruzano de Cultura. Carta abierta / Jaime Velázquez
El dolor del olvido
Segundo número de Caimán Ediciones
Taller de novela / CEVART
Concurso Ediciones Traspiés
12 El tango / María del Pilar Campos Velázquez
Almadia. 72 migrantes, de Alma Guillermoprieto, comp.
13 Sincretismo carnestolendo / Ivonne Moreno Uscanga
¡Ay, Dominga! / Verónica Parra
14 Cine club USBI-Mocambo
Proceso de Julio Scherer García
IAGO
Al pie de la letra / Edmundo López Bonilla
El agravio / Edmundo López Bonilla
Movimiento Ciudadano de Cultura, Xalapa
15 Gabriel Zaid, policía
17 Horacio Guadarrama, medalla Rivera Avila
Alejandro Mariano Pérez en la dirección general del IVEC
La ceiba gráfica
Libros por leer
David Owen, En el poder y en la enfermedad
Caminata de luz por los árboles
18 Carnaval Las Palmas de Gran Canaria
Carnaval Brasil 2012
Río de Janeiro: carnaval de fuego, de Ruy Castro
Concurso de narrativa y verso
19 Presentación Gaceta 59 La otra, febrero 2012
Noticias de Italia
20 Librería Porrúa, libro de Ricardo Homs
Cortometraje de dibujos animados
Cuento inédito / Carlos Roberto Morán
Los cuadernos de un amante ocioso
21 Busto de Fernando Benítez por Sergio Peraza / Marcela Danemann
Nadie sabe cómo va a ser / Fátima Garrido García
Entusiasmo por Fernando Benítez
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