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viernes, 28 de marzo de 2014

EL DUELO POR AMADO NERVO

EL HONOR DE PERTENECER A LAS GLORIAS LITERARIAS DE HISPANOAMÉRICA

El cortejo fúnebre que todo marino desearía para sí mismo.

Por Eduardo García Guerrero


En aquel lejano año de 1893, la sede de la Escuela Náutica de Mazatlán era el cañonero México, el cual había sido amarrado como pontón en el Estero del Astillero, a fin de poder cumplir con esa noble tarea pedagógica. Durante una visita visita al barco, desempeñando su labor de reportero para el prestigioso diario mazatleco “El Correo de la Tarde”, el poeta nayarita Amado Nervo quedó impresionado con el cambio de actividad de la antigua nave de guerra, la cual estaba ahora abocada a su pacífica labor educativa.
Esto escribía el poeta en su artículo, al otro día de su visita:

….Un buque que fue de guerra, pero que ahora es de paz, y en cuyo recinto no se escucha ya el clarín que ordena zafarrancho de combate. En cambio, la voz del maestro repercute sonora y, en el lugar en que antes mostraba su boca amenazante un cañón de acero, ahora se levanta erguido, sobre tripie de palo, el pizarrón donde los estudiantes de matemáticas, escriben fórmulas algebraicas…

Qué lejos estaba de imaginar el poeta, en aquellos días de su gozosa estancia en tierras mazatlecas, que su travesía final sería en una nave similar, en el tornaviaje de repatriación de sus restos mortales, en el cual sería objeto de innumerables honores. En ese entonces, aún le quedaban muchas aguas por navegar.
En Mazatlán estuvo escasos dos años, pero la convivencia con sus habitantes y el ambiente festivo del puerto, le marcaron el espíritu para bien y afinaron su vena poética. Cuenta don Genaro Estrada:

Cuando Amado Nervo salió de Mazatlán, ya todo el espíritu del poeta esencial y antonomásico había cuajado en él, con planos y perfiles de tan acusada personalidad que lo único que hacía falta era echar a andar -a volar- aquella finísima susceptibilidad a la poesía, que era la poesía misma en pie, entre apenas la leve materia que aprisionaba un temperamento todo puesto al servicio del arte.

Al culminar esa significativa estancia en Mazatlán y, tras una breve escala en la bella Tepic, su tierra natal, para visitar a su familia, Amado se radicó en Ciudad de México, donde colaboró en numerosas publicaciones y se relacionó con escritores y poetas del país y del resto de Latinoamérica. Es en estos años cuando su hermano Luis, quien también era poeta, se suicida. Este hecho le afecta grandemente y le imprime a su poesía un toque de tristeza. En 1900 viajó a París como corresponsal del periódico El Imparcial, para atender la Exposición Universal. En esta época afianza una relación amistosa -casi filial- con el poeta nicaragüense Rubén Darío. También su vida sentimental sufre un cambio sustancial, al conocer a la que se convertiría en el gran amor de su vida; la francesa Ana Cecilia Luisa Dailliez.

A fines de 1905 entra a la carrera diplomática y es nombrado secretario de la embajada de México en Madrid, lugar donde se radica por muchos años, en compañía de Ana Cecilia y la pequeña hija de ésta, Margarita, habida en un anterior matrimonio de la bella francesa. En 1912, Ana Cecilia contrae tifoidea y, tras una penosa agonía, muere en la casa matritense que compartía con Amado Nervo. Esta muerte marcaría al poeta para el resto de su vida, y el dolor de la separación, sería el motivo que le impulsaría a escribir su estupendo poemario La amada inmóvil. Margarita ya era su hija adoptiva y, con ella, en 1914, emprende el retorno a la patria.
                                                                               
Después de pasar algunos años en México, sorteando las vicisitudes de las revueltas revolucionarias, por fin, en 1918, con Venustiano Carranza en el poder, Amado Nervo es nombrado ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay. Sin embargo, el destino se encargaría de no dejarlo disfrutar por mucho tiempo las mieles de este nuevo cargo diplomático.
Su llegada a la región del Río de la Plata es precedida por su prestigio y marcada por una serie de actos en su honor, otorgados más por su calidad de representante de la intelectualidad mexicana que por su investidura oficial.
Sobre su muerte, al poco tiempo de su llegada a Uruguay, existen muchas versiones. Lo cierto es que, tras el asesinato de Venustiano Carranza en Tlaxcalantongo, el gobierno de México volvió a quedar al garete y los diplomáticos mexicanos diseminados por el mundo, fueron dejados a la buena de Dios. La burocracia, ya de por sí indolente, se debatía en el caos de una nueva revuelta militar y, a duras penas podían ver por ellos mismos. Nervo se quedó sin recursos, a miles de millas náuticas de su patria.
La causa oficial de su muerte fue por uremia y ocurrió el 24 de mayo de 1919. Apenas tenía 48 años de edad.

Su deceso conmocionó a toda América Latina y los homenajes a su memoria no se hicieron esperar. El gobierno uruguayo le organizó funerales de ministro de estado y se dispuso que sus restos fueran depositados en el Panteón Nacional, mientras se hacían los arreglos para conducirlo a México, donde sería su descanso final.
Su féretro estuvo expuesto durante dos días en la Sala de Actos de la Universidad de Uruguay. Hasta ese lugar desfilaron cientos -si no es que miles- de personas, que llenaron de flores el lugar donde reposaba el poeta, cuyo ataúd estaba cubierto por las banderas de México y Uruguay.
A las tres de la tarde del día 26 de mayo, el féretro descendió las escalinatas de la Universidad, en hombros de los profesores universitarios. Al pie lo esperaba el ministro de instrucción pública, quien pronunció, a nombre del gobierno de Uruguay, una oración fúnebre donde exaltaba las virtudes y el genio de Amado Nervo.
En el trayecto de la Universidad a la necrópolis de Montevideo, la gente arrojaba flores desde los balcones, al paso del cortejo.
En el cementerio, en una ceremonia presidida por el presidente de Uruguay en persona, Baltasar Brum, tuvieron lugar numerosas oraciones fúnebres oficiales, de parte de ministros de Uruguay, Argentina, Brasil e Italia. La alocución más sentida, sin embargo, fue la del poeta Juan Zorrilla de San Martín, quien enalteció la obra del poeta mexicano.
El cadáver quedó depositado en la cripta donde se encuentran los restos de José Artigas y demás prohombres de Uruguay.
No fue sino hasta fines de octubre cuando quedaron terminados los arreglos para el traslado del cuerpo al que sería su postrero lugar de descanso. El ataúd, con los restos del poeta, fue embarcado a bordo del crucero Uruguay.


La República de Argentina envió al crucero Nueve de julio, para que formara parte del cortejo fúnebre y, en el transcurso de su navegación lo acompañaron, en algunos segmentos del viaje, buques brasileños y venezolanos. El presidente de Cuba, Mario García Menocal, solicitó que el cortejo entrara a La Habana, para rendirle un homenaje al bardo mexicano. Una vez atracado el Uruguay en los muelles de la capital de la mayor de las Antillas, se llevó a cabo una ceremonia luctuosa en la que varios oradores elogiaron la memoria de Amado Nervo y numerosas damas colocaron guirnaldas de flores sobre su ataúd.
El presidente Menocal había dispuesto que el crucero Cuba se uniera al cortejo fúnebre naval, en el último tramo del viaje de repatriación de los restos. A la comitiva se unió también el buque escuela Zaragoza, enviado por el gobierno mexicano a La Habana, para escoltar a tan ilustres emisarios.
La comitiva naval zarpó de La Habana el 9 de noviembre. Abría el convoy el Uruguay que era el encargado de la honrosa tarea de transportar los restos de Amado Nervo, lo seguían el argentino Nueve de julio, después el Cuba y, cerrando el cortejo, el Zaragoza.

     Foto desde el puente de mando del Uruguay con las siluetas de los demás barcos del convoy funerario.

El convoy llegó frente a Veracruz el 10 de noviembre a las tres de la tarde. El espectáculo que entonces contemplaron los veracruzanos fue grandioso; al ver avanzar con tanta majestuosidad las cuatro naves, formando un cortejo digno de un rey o un emperador. Cada nave que entraba a puerto disparaba una salva de 21 cañonazos, mismos que eran contestados por las baterías del fuerte de San Juan de Ulúa.

                                          Buque escuela Zaragoza

Ese día, debido al mal tiempo no se pudo hacer el traslado de los restos a tierra.
Al día siguiente, 11 de noviembre, a las diez de la mañana y en presencia del licenciado Salvador Diego Fernández, representante del gobierno mexicano para recibir los restos, y con la presencia de las oficialidades de los cuatro barcos, el capitán del Uruguay hizo entrega formal de los despojos mortales. El acto fue sumamente conmovedor; el féretro se encontraba colocado en el alcázar de popa, custodiado por oficiales de los cuatro barcos, en su uniforme de gala, mismos que constituían la guardia de honor. El capitán del Uruguay, tras dirigir un sentido mensaje, donde testimonió el inmenso respeto y cariño de todos los pueblos de Latinoamérica por el poeta y el gran pesar por su repentina muerte, terminó su discurso con estas palabras:

…Ahí lo tenéis, os entrego lo único que se puede entregar del poeta muerto: sus restos mortales. En cuanto al Amado Nervo inmortal, no puedo entregároslo, porque también nos pertenece; porque pertenece a las glorias literarias de Hispanoamérica.

Sus restos permanecieron un día más en Veracruz, donde fueron velados en una capilla ardiente instalada en el Teatro Principal. Esa misma noche se efectuó una velada literaria en su honor. Todo mundo recordaba sus escritos y, sobre todo, su historia, a despecho de las predicciones negativas del mismo Nervo, quien había escrito años atrás:

¿Versos autobiográficos? Ahí están mis canciones, allí están mis poemas: yo, como las naciones venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada, no tengo historia: nunca me ha sucedido nada, ¡oh, noble amiga ignota!, qué pudiera contarte. Allá en mis años mozos adiviné del Arte la armonía y el ritmo, caros al musageta, y, pudiendo ser rico, preferí ser poeta. -¿Y después? -He sufrido, como todos, y he amado. ¿Mucho? -Lo suficiente para ser perdonado

(Te confieso, estimado lector, que cuando leí este verso, yo tampoco sabía lo que era un musageta. Según el diccionario es el que conduce a las musas o que tiene trato con ellas.)

Al día siguiente, el féretro fue embarcado en un tren especial a la Ciudad de México. Durante todo el trayecto fue objeto de manifestaciones populares de duelo; la mayor de ellas, a su llegada a la capital, donde fue sepultado con todos los honores en la Rotonda de los Hombres Ilustres, antes de que ésta se llamara la Rotonda de las Personas Ilustres.
Por fin, después de casi seis meses de haber fallecido, el poeta descansaba en su patria, esa patria a la que tanto amó, a pesar de tantas desilusiones y desencantos, a pesar de tanto luchar por hacer de ella una mejor nación. En este caso, sus predicciones, cuando escribió el poema Mi México, se cumplieron:

Nací de una raza triste,
de un país sin unidad,
ni ideal ni patriotismo;
ni optimismo
es tan sólo voluntad;
obstinación en querer,
con todos mis anhelares,
un México que ha de ser,
a pesar de los pesares,
…y que yo ya no he de ver.

Ojalá y a nosotros si nos toque ver ese México que Amado Nervo sólo vislumbró en sus anhelares.

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