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lunes, 28 de mayo de 2012

PERMISO PARA MATAR

Soy uno de los millones de televidentes que vieron ayer un episodio de Poppy Montgomery (qué nombre más desafortunado) en el papel de la policía detective Carrie Wells en la serie Unforgettable (yo traduje inolvidable pero en Internet vi que algunos optaron por imborrable). Lo que vimos es que varios policías disparan y matan a un sospechoso. Recordé las viejas películas de vaqueros, donde un solitario policía de pueblo se enfrentaba en la calle principal, y única, con un bandido despiadado y que sabemos tiene puntería de campeón preolímpico.
          En aquellos tiempos la diferencia entre el bien y el mal se apoyaba en la puntería del personaje legal, que le gana al ilegal. Hoy eso parece no importar. Nerviosos, los policías, apenas los vemos, no recordaremos sus caras, disparan al ver un arma en manos de una persona temerosa y que tiene ganas de huir, y están a punto de matar al primo del sospechoso o a Carrie Wells, quien se lanza como en encuentro de futbol "americano" y salva al que está más cerca. Ambos salen sin agujeros.
          El primo, que además es pretendiente de Wells, es guapo. El sospechoso es feo y muerto, más. Ambos eran "no culpables" y no forma parte del relato el tema de enjuiciar a los policías que dispararon y casi matan a la detective Carrie y que han matado a un inocente. Imposible no pensar en la Guardia Fronteriza.
          Hemos visto en películas y series de televisión que la "justicia" de Estados Unidos permite perdonar a malos si éstos contribuyen a la captura de alguien más, alguien que es peor que el malo. Pero el miedo y el permiso para disparar sin más resuelve en Unforgettable el asunto, que no puede durar más porque comparte su tiempo con propaganda. Quizás con chalecos antibalas y cascos tendrían menos miedo los policías en situaciones de emergencia (el sospechoso se les estaba yendo).

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