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domingo, 16 de octubre de 2011

VINDICACIÓN...

Tercera parte. Final*
En las "Calaveras" se explota el morbo y se ensalza el vicio, hay un solaz en lo escatológico y además, de nuevo como en las fiestas carnestolendas, se construye un escenario barroco que se integra a cada página: aquí se invita a participar a las figuras emblemáticas mortuorias o a criaturas fantásticas de todas las tradiciones culturales. Por eso en las "Calaveras", junto a los personajes reales, vemos a una monstruosa fauna que los acompa ña, un bestiario bizarro que reúne en un mismo tiempo y espacio a centauros y chaneques, a esqueletos y vampiros, a brujas y quimeras, a nahuales y espectros góticos, a dioses y demonios de todas partes del orbe, quienes ejecutan una danza que semeja el Juicio Final en cuanto a que están todos reunidos, aunque el tiempo y la distancia los hayan separado.
     Un imposible e incoherente panteón rococó desfasado por completo, una visión pesadillesca de tintes multicolores, un calidoscopio insano forjado a través de los milenios.
     La relación entre gobernantes y gobernados se relaja y destensa a través de las páginas de las "Calaveras". En un proceso de sublimación e impostura, el lector se ríe del poderoso y, junto con el autor, le dice, de manera franca y graciosa, sus defectos, aún aquellos que quizás no posee pero que, en el contexto del festejo, le serían apropiados. El poderoso permite este teatro de sombras, de lámparas chinescas, porque sirve como catalizador de muchas emociones que, de no existir la risa, se dirimirían por la fuerza de las armas. Pero la risa no es menos inocua y en ocasiones la mordacidad hiere más que el acero.
     El autor de los epigramas debe ser un personaje informado de la realidad actual y, además, poseer el valor de la legitimidad que otorga el intento de ser justo: esto es, que todos deben ser tratados por igual. Tirios y troyanos deben "morir" a través de su pluma, aunque algunos mueran, como Aquiles y Héctor, de forma gloriosa, y otros, como Paris o Agamenón, consigan muertes indignas. De esta manera, el escritor es, como en otras ocasiones, un instrumento social, una extensión de los deseos, aspiraciones, frustraciones y complejos de esa masa que desea insultar o ensalzar, aunque sea simbólicamente, a aquellos a quienes envidia, detesta y admira. El epigramista es un termómetro social y por eso las "Calaveras" también revisten un valor sociológico: en ellas se dice, entre broma y broma, lo que la gente piensa de una situación o de un personaje determinado. Aquí, la plebe llama ladrón al que presume de rectitud, lujurioso al que ensalza su abstinencia, derrochador al que se asume modesto. Es, de cierta forma, un linchamiento que se organiza entre risas, y en el que la víctima acepta su sacrificio en ese altar laico que es la burla permitida. porque todos, incluso esa bulliciosa masa anónima, son, somos, corderos del sacrificio.
     Son una obra extensa e interminable formada por miles de epigramas que, pese a todo, caduca en poco tiempo, pues responde a la coyuntura, a un momento histórico y social irrepetible. Pero eso no impide que el ejercicio de libertad que implica seduzca cada año. Ninguna circunstancia impide la licencia anual que salta las barreras de la amistad o la enemistad, del respeto o la tolerancia, de la alianza o el enfrentamiento, del amor o el desamor, y que da por resultado que nos sentemos a la misma mesa en este inmenso funeral colectivo, donde todos asistimos como dolientes o enterradores, como difuntos o sacerdotes, como curiosos o malquerientes. Este inmenso camposanto, esta interminable procesión de filias y fobias, tienen su momento cumbre cuando consigue provocar una sonrisa o una franca carcajada en el lector que se asome a esos epigramas.
     La publicación de "Calaveras" en los periódicos es una tradición que se ha ido perdiendo de manera paulatina. En México, son pocos los medios que editan una edición especial cada año para albergar en sus páginas este tipo de materiales. Ver aparecer de nuevo una Edición Especial de Calaveras es motivo de celebración y festejo ante la resistencia contra el embate de una modernidad malentendida.

                                                                                                               cmcorp00@gmail.com

*Las dos partes anteriores están abajo, publicadas en los días anteriores. El nombre del autor se incluyó en la
primera parte.

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