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miércoles, 12 de octubre de 2011

EL TIEMPO REAL Y EL ARTE LITERARIO

La gente común vive sujeta al presente. Duerme con una idea fija: despertar. De día no piensa que se está acabando su tiempo real y al anochecer sabe que tendrá un día renovado unas horas después. Día tras día, una mañana se encuentra con el día de su cumpleaños. Y si contaramos un año cada veinticuatro meses, al cumplir 25 el viejo calendario le habría dicho que ya tiene 50.
     Nada de esto es importante. Uno sabe cómo viven el tiempo los niños, los jóvenes, los viejos y podríamos cambiar los números por letras, diríamos "Hoy cumplí M años". Todos sabrían, como pasó con la numeración romana en la antigüedad, que M es igual a tres décadas, seis lustros, o que M es igual a M. El paso del tiempo en el rostro le diría a los interlocutores "este tipo tiene más que M, pero se hizo cirugía", porque somos tozudos.
     Vivimos un tiempo manipulado por la publicidad: nadie quiere un coche fabricado hace G años, porque ya salió el nuevo modelo, un espléndido A. Sabemos que hay coleccionistas que tienen modelos S, o T o U que son joyas, que funcionan bien y que no están en un museo, que son poco usados porque las refacciones son un tesoro.
     Y así todo lo demás: la ropa, la música... La casa de los abuelos, ¿para qué conservarla? Hay que venderla, es vieja y hay que repartir entre los herederos. ¡Sí, sí, sí!
     La gente contrata viajes para ir a ver casas viejas, monumentos, palacios, templos. Y les toman fotos que sepultarán en álbumes. No hay nada mejor que ver ruinas después de un viaje y conversaciones y comidas y cenas. En realidad, no hacía falta trasladarse porque hay libros con fotografías mejores que las que tomamos nosotros con el celular. Reconocemos que más bien buscábamos compañía.
     Entonces veo el libro Sobre la piel de toro. Vistas aéreas de España. Tiene un sello en la portadilla con un nombre y un domicilio: Sixto Lorenzo, Juan de Herrera, 18-7a izqda., Santander. Es del año 1965 y las fotos fueron tomadas por Sergio Palao, Francisco Perales y José Soler Roig, de la Compañía Trabajos Aéreos y Fotogramétricos; el editor fue Ayná, de Barcelona. Y un hallazgo: Julián Marías escribió el prólogo.
     Este libro de excelentes fotografías, con una fina impresión en papel que ha resistido muy bien el clima adverso de Veracruz, es ahora, además, una celebración de los fotógrafos queen 1965 tenían dieciocho años de experiencia de fotografía en helicóptero y más de cincuenta mil negativos.
     Un viaje largo, de Barcelona a Santander a Veracruz, y su travesía sigue. La poeta Isabel Lorenzo acaba de ponerlo en custodia en la Biblioteca del Colegio Hispano Mexicano. Esa misma biblioteca recibió, del arquitecto Joaquín Segarra Idiazabal, en otro tiempo, una extensa colección de revistas National Geographic que fue leyendo y guardando su padre, el arquitecto Enrique Segarra.
     Libros como este muestran que el tiempo real es mucho más amplio que el tiempo en versión reducida de la publicidad, con su degenerado insistir en que sólo lo nuevo vale, que lo viejo es desechable.

Otros datos
Tres autores escribieron para este libro: Pierre Deffontaines, profesor de Geografía; Luis Monreal y Tejada, historiador y tratadista de arte; Luis Romero, novelista y periodista. Participaron el piloto Mario Santa-Cruz, el piloto Valentín Marcos Clavero, y los fotógrafos Enrique Tarrida Quiroga, Narciso Parera Ferrán y el técnico fotógrafo Salvador Sanvicens Marfull. La realización técnica la hizo Oda Zantop de Serra. Y faltan datos: ¿cuántos ejemplares se imprimieron?, ¿quiénes redactaron los comentarios de cada foto?, ¿quiénes son los autores del mapa -una maravilla-, de los índices (de ilustraciones y alfabético de ilustraciones)?, ¿cuánto costó este libro de 178 páginas? A lo que agrego mi curiosidad personal: ¿cuánto cuesta hoy en un mercado de libros "viejos"?


    

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