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domingo, 13 de abril de 2014

JARA Y HUERTA

Los datos biográficos de Heriberto Jara Corona están en Internet, donde localicé un libro. Nació en Nogales, Veracruz, en 1879 y murió en la ciudad de México en 1968. Fue diputado al Congreso Constituyente (1916), gobernador de Tabasco, de Veracruz (1924-1927) y del D. F. Fue Inspector General del Ejército en el gobierno de Lázaro Cárdenas (1935). En 1939 fue presidente del Partido de la Revolución Mexicana. En el gobierno de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) fue el primer Secretario de Marina. En los años cincuenta fue presidente del Comité Nacional por la Paz y miembro del Consejo Mundial por la Paz.
            Mónica Mansur recogió en el libro de fotos y papeles de Efraín Huerta, Absoluto amor (1984, página 110), una carta de Heriberto Jara, de 1965:

“Aunque tarde, recibí por conducto de un buen amigo nuestro su “Fábula del Viejo León y del Cordero”, en la que todos deducen de qué León y de qué Cachorro se trata.
Mucho agradezco a usted su recuerdo y más en esa forma, que pone de manifiesto su afecto a este “viejo león” —que ya se quedó sin colmillos, que felizmente no le hacen falta porque nunca le ha agradado la ‘mordida’.
Marcho sin deseos voraces aunque a usted le parezco yo un león, pasos cansados, pero firmes, que quieren cortarme no sólo un cachorro sino otros falderillos; pero más que por mi sordera, que hace que me lleguen débiles los ladridos, apenas si me doy cuenta de su presencia por lo mucho que me cautiva esa radiante figura que se llama ‘libertad humana’, y hacia ella voy como un soldado en el Gran Ejército de Hombres que la aman y que luchan por ella.”

A lo que el poeta-periodista contestó en el Diario de México:

“Usted se merece todo el respeto; nada de un mínimo respeto. ¿Todo el respecto del mundo! En mi caso, al gran respeto que le tengo y le manifiesto, agrego el cariño. Soy, pues, un cachorro capaz de respetar a los viejos y magníficos leones, y soy también un cachorro con capacidad de sentir cariño por mis mayores. Otros cachorros no suelen ser como muchos de nosotros; antes bien, se portan a la altura de la tierra que rastrean y se engolosinan con el éxito de un momento; se meten en un lío tras otro, sin darse cuenta de los perjuicios que causan. ¿Inmadurez o impertinencia. ¿Fogosidad tropical o simple y llano exhibicionismo! Quién sabe.

El artículo es más extenso. Basta para recordar a dos grandes hombres de nuestro tiempo.

EFRAÍN HUERTA, CENTENARIO


Nicolás Guillén, Paul Eluard, Ángel Augier, Pablo Neruda, Efraín Huerta, Miguel Otero Silva. México, 1949. Foto incluida en el libro Absoluto amor, papeles y fotografías de Efraín Huerta, compilado por Mónica Mansur, Gobierno del Estado de Guanajuato, 1984.


Portada y contraportada diseñada por Richard Harte. Siglo xxi Editores, 1973.


Heriberto Jara Corona, al centro, en el Congreso Constitucionalista, 1916-1917. Jara fue Gobernador del Estado de Veracruz y primer Secretario de Marina. Le brindó su amistad a Efraín Huerta.


Sentados, Heriberto Jara y el ex Presidente de México Lázaro Cárdenas; en la orilla derecha, la señora Cárdenas (op. cit., Mónica Mansur, 1984). Efraín Huerta al frente, lee.


Efraín Huerta saluda al general Heriberto Jara.


Portada del libro publicado por el Fondo de Cultura Económica, editado por Rodolfo Lara Ponte.

jueves, 10 de abril de 2014

EFRAÍN HUERTA, CENTENARIO

TEXTO INICIAL DE HOMENAJE, PUBLICADO AQUÍ EL 16 DE ENERO

El ruido que habrá este año por varios centenarios de nacimiento de escritores puede desviar nuestra atención de autores que son relevantes en la corriente de la literatura en español de la segunda mitad del siglo xx. Y hay libros que los lectores de hoy no recuerdan o no conocen. Proponemos la búsqueda, en bibliotecas o mercados de segunda mano, de libros que estuvieron al alcance de los lectores. Una primera edición vale hoy más que en el tiempo su publicación. Y sólo los coleccionistas saben su precio actual, sólo algunos lectores recuerdan lo que dijo Huerta en 1965. El dibujo de la portada es un autorretrato del poeta.


Aquellas conferencias, aquellas charlas
Instituto Cultural Hispano Mexicano, 1965.Prólogo de Mónica Mansour Textos de Humanidades 35Difusión cultural, UNAM, 1983, 113 págs.

TEXTOS PUBLICADOS EN ABRIL EN FACEBOOK: pcsur.veracruz

Absoluto amor es el título del primer libro de Efraín Huerta, de 1935, y es el poema que cierra el libro:

Como una limpia mañana de besos morenos / cuando las plumas de la aurora comenzaron / a marcar iniciales en el cielo. Como recta / caída y amanecer perfecto. // Amada inmensa / como un violeta de cobalto puro / y la palabra clara del deseo. // Gota de anís en el crepúsculo / te amo con aquella esperanza del suicida poeta / que se meció en el mar / con la más grande de las perezas románticas. // Te miro así / como mirarían las violetas una mañana / ahogada en un rocío de recuerdos. // Es la primera vez que un absoluto amor de oro / hace rumbo en mis venas. // Así lo creo te amo / y un orgullo de plata me corre por el cuerpo.”

Con los poemas de ese libro, Efraín Huerta toma distancia de la poesía del pasado y abre nuestro tiempo actual.
Para 1944, Rafael Solana, nacido en la ciudad de Veracruz e inmigrante en la capital del país, escribió un prólogo, con recursos que haría suyos (manierismo crítico) el joven Octavio Paz. El libro se llamó Los hombres del alba, y fue el tercero de los poemarios de Huerta. Allí, Solana muestra su entusiasmo:

“… Efraín Huerta aparece como un altísimo poeta, de grandes vuelos, de vigorosa personalidad, de exquisita pureza, de novedad sorprendente. […] carece por completo del sentido del humor; es el más duro, el más inflexible, el más sin sonrisa de todos nuestros poetas […] Es el poeta sin sonrisa, el poeta despiadado, y, sin embargo, no es un poeta triste, ni un poeta amargo, ni un poeta de lo sucio y lo bajo…”

Hay que seguir poniendo fechas y edades. Rafael Solana nació en agosto de 1915, un año y días después de Huerta. Fundador de revistas e impulsor de las letras mexicanas, Solana publicó los tres primeros libros de Huerta. Agrego el fragmento de una nota de Claudio R. Delgado (Siempre!, 12 de agosto de 2011):

“De entre los miembros de Taller, esencialmente poetas y ensayistas, Rafael Solana fue el que dejó una abundante producción narrativa, y quien a fines de 1938 invitó a comer a Efraín Huerta, a Quintero Álvarez y a Octavio Paz, con el fin de comunicarles su decisión de transformar Taller poético [1936] en una ‘revista literaria más amplia en la que se publicasen también cuentos, ensayos, notas críticas (como se venía haciendo ya desde la anterior revista) y traducciones.”

La nueva revista se llamaría Taller [1938].
Hacia el final del prólogo anotado arriba, Solana escribió:

“Efraín Huerta es uno de los poetas más puros, más finos, más elevados, y de calidad más exquisita entre todos los mexicanos, y quedará clasificado como uno de los espíritus poéticos más delicados de nuestro tiempo.”

Entonces Huerta tenía 29 años y Solana 28.
Destaco entonces la intervención de la fortuna. Huerta nació en Guanajuato; Solana, en Veracruz. Coincidieron en la entonces pequeña ciudad de México. Ambos hicieron de su futuro un tiempo que les debe mucho. Uno fue poeta, y padre de poetas (David y Raquel); el otro fue un dramaturgo que deberíamos recordar.

MEMORIA, OLVIDO

Uno debe anotar todo lo que pueda de lo que vive, lo de adentro y lo de afuera. Quizás nada le sirva a otras personas, y qué tal que sí, porque quede allí algo que completa la vida de otra persona. Por lo pronto, Pablo Neruda y Efraín Huerta no ayudan. Y los historiadores, los que están ocupados en otros temas no cuentan, van publicando las investigaciones que les llevan años, becas y congresos, y los que faltan, que prefirieron estudiar profesiones bien remuneradas, quedan huecos inmensos.
En el capítulo siete del libro de memorias de Pablo Neruda, Confieso que he vivido, publicado pocos meses después de su muerte por Matilde Neruda y Miguel Otero Silva, quienes “cuidaron la ordenación definitiva del original” en 1974, titulado “México florido y espinudo”, el poeta escribe sobre los años 40: “Mi gobierno me mandaba a México”. Vino como cónsul. Copio unas cuantas líneas:
“La vida intelectual de México estaba dominada por la pintura.”
“El México de aquel tiempo era más pistolista que pistolero. Había un culto al revólver, un fetichismo de la ‘cuarenta y cinco’. Los pistolones salían a relucir constantemente.”
“La sal del mundo se había renido en México. Escritores exilados de todos los países habían acampado bajo la libertad mexicana, en tanto la guerra se prolongaba en Europa.”
[Aclara, página 223, el porqué de su apellido.]
“Llegaban a mi casa los españoles Wenceslao Roces […] y León Felipe, Juan Rejano, Moreno Villa […] Todo esto llenaba a México de un interés multinacional y a veces mi casa, vieja quinta del barrio de San Ángel, latía como si allí estuviera el corazón del mundo.”
“Terminé por fatigarme y un día cualquiera renuncié para siempre a mi puesto de cónsul general”
“Además me di cuenta de que el mundo mexicano, reprimido, violento y nacionalista, envuelto en su cortesía precolombiana, continuaría tal como era sin mi presencia ni mi testimonio. Cuando decidí regresar a mi país comprendía menos la vida mexicana que cuando llegué a México.
Las artes y las letras se producían en círculos rivales, pero hay de aquél que desde afuera tomara partido en pro o en contra de alguno o de algún grupo: unos y otros le caían encima.”
“Todo podía pasar, todo pasaba. El único diario de la oposición era subvencionado por el gobierno. Era la democracia más dictatorial que pueda concebirse.”
 [Páginas 213 – 231]
El género memorias, a juzgar por estos pasajes, requiere un esfuerzo que pocos están dispuestos a hacer, porque habría que anotar en un diario los pequeños sucesos de cada día, de donde saldrá el dato que ayudará al propio autor o a quienes quieran convertirlo en parte de libros muy necesarios.
En el libro de fotografías y papeles de Efraín Huerta hay un cartel de 1942 que invita a participar en un homenaje a los defensores de Stalingrado, un martes 29 de septiembre, organizado por varios sindicatos. A los oradores Roberto Ocampo González, Juan Manuel Elizondo, José Mancisidor, acompañarían dos poetas: Pablo Neruda y Efraín Huerta. Dato curioso, se pedían 50 centavos para entrar.
El cartel que acompaña la foto que reprodujimos aquí, ayer, dice “Homenaje al poeta Pablo Neruda de los artistas y escritores de México. Recital y protesta. Teatro del Sindicato Mexicano de Electricistas” Los nombres de los poetas que participarían son: Enrique González Martínez, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia, Juan Rejano, Clemente López Trujillo y AlíChumacero. Los nombres que están bajo la palabra “Protesta” son: Alfonso Reyes, José Mancisidor, Andrés Henestrosa, Efraín Huerta, Roberto Gómez Araujo, José Revueltas. Abajo hay más de cien nombres de artistas y escritores que se adhieren al acto y la leyenda: “Se suplica asistencia puntual a causa de las limitaciones en el cupo del teatro”. También participarían Princesa Nicté-Ha y Pituka de Foronda. Fecha: jueves 12 a las 20:00 hrs. No dice mes ni año. Pero Mónica Mansur anotó la fecha: 1948.
En una nueva inserción recordaremos a Lázaro Cárdenas y a Heriberto Jara Corona, por lo que adelantamos las fotos, aquí arriba.

JAIME SABINES, EFRAÍN HUERTA
UN GRANDE CON UN GRANDE

“A mí me da mucho gusto participar en un homenaje público a Efraín Huerta. Hace mucho tiempo que mi amistad le rinde homenaje cotidianamente. El hecho de ser uno de los mejores poetas de México no ha sido obstáculo para que sea también un hombre generoso y limpio, de dulce corazón, dulcísimo. No quiero decir que Efraín esté emparentado con las melazas tradicionales. Afortunadamente es inteligente y tiene un gran sentido del humor. Creo que esto es lo que ha aportado a la poesía mexicana: inteligencia sensible y caliente, humor lleno de salud, además de ser un combatiente y de ponerse rabioso algunas veces, es sobre todo, a lo largo de sí mismo, un hombre ensimismado, abismado, abrumado. Es gentil en la ternura y elegante y discreto en la desesperación. Pocas veces he visto a un hombre tan bien educado, tan contenido, tan aboradado. Pone su altura al ras, su profundidad a flor, su extensión a la mano. Nunca lo he visto gimotear ni ofender, pero sí constantemente, apiadarse.
Ando desnudo de tanto dar el alma, y es frágil y es comestible como un buen trozo de pan. Todas las mujeres se enamorarían de Efraín si no fuese tan feo el pobrte. Le faltó un retrato que envejeciera y aun así… Pero los hombres, ninguno que lo conozca, puede evitar quererlo. Es una vacina, y al mismo tiempo, es una espada de cristal, una hoja de alegría punzocortante ya.
Los años felizmente no lo han llevado a la serenidad. La experiencia en él no es amargura. El conocimiento no es resignación. Sigue siendo tan joven, tan incipiente, tan principiante de todo, que uno piensa a veces que es su propio hijo., Que bueno que salga de sus mismos escombros como una rata voladora o un dios arrastrándose o un ave desplumada. Siempre he pensado en el ave fénix como en un pajarraco muy jodido y muy terco.

Ojalá que esta declaración de amor le sirva a nuestro Efraín como un buen trago. Un cosquilleo caliente en el estómago le quita a uno un buen rato el frío y la soledad."

viernes, 4 de abril de 2014

FESTIVAL DE POESÍA, 8 DE ABRIL


















Claudia Elizabeth Castillo Velasco


















                                Ramón Hernández Olivares
            Director de Alas de Cristal, revista virtual


Luz María Olivares Aldana

Glenda Castillo Muñoz

Mary Carmen Gerardo


                                                               Hiram Flores Ovando

                                                                                       Dafne Yarah Jiménez Hernández

Declamadores: Alfredo Jiménez Torres / Miguel Ángel Llinas González

MARTES 8 DE ABRIL, 18:00 HRS. / Biblioteca Municipal / Centro Histórico / Ciudad de Veracruz

sábado, 29 de marzo de 2014

PAZ, LA FAMA OCULTA AL SER HUMANO

El no siempre acertado Comité Nobel de Literatura está sirviendo en México para que el canal público de cultura, el 22, transmita una conmemoración del Colegio Nacional a uno de sus integrantes, el abogado y escritor Octavio Paz, quien desde su juventud mantuvo posturas de derecha en gobiernos surgidos del PRI, que trabajó en gobiernos del PRI y que hacia el final de su vida apostó por el fin del PRI y colaboró con el PAN.
Paz criticó a Gustavo Díaz Ordaz por las decisiones que tomó con el Movimiento Estudiantil de 1968 y se mostró acrítico con Luis Echeverría Álvarez, corresponsable de las decisiones del presidente Díaz Ordaz. Paz trabajó con uno de los más nocivos periodistas de la compañía de televisión Televisa y aceptó la ayuda del PAN para la subsistencia de su revista Vuelta.
El Nobel está sirviendo para borrar grandes partes de la biografía de uno de sus controvertidos premiados. Sería bueno que el Gobierno Federal recordara a los escritores no premiados, incluso los que han muerto fuera del territorio mexicano, a los que han trabajado a la derecha y a la izquierda del escenario político mexicano desde antes de que existiera el premio Nobel, lo que podría hacer sin elevar el gasto destinado a la promoción de la cultura. Recuerda a uno y olvida a ¿cuántos? cada año.
Algunos fieles integrantes del clan Paz dicen que éste hablaba con la verdad, lo que produce personas que quedan fuera del lado de una verdad única, tanto los que piensan diferente como los radicales que quemaron una efigie de Paz frente a la embajada de Estados Unidos en la ciudad de México. Se les olvida que tanto a la izquierda como a la derecha de la política hay extremistas. Cuando un mismo partido ganaba las elecciones, también había derecha e izquierda y extremistas a ambos lados dentro del propio partido.
En su laberinto, Paz repartía entre sus fieles los puestos que le ofrecían. Los que le gritaban en la calle quedaban excluidos, también los que opinaban diferente. Quizás un día haya un líder cultural que sepa mantenerse en el justo medio. Paz no lo fue. En un libro llamó “ogro filantrópico” al partido y sus ganadores electorales, cuyos miembros hoy lo están homenajeando. Claro, como globo que se desinfla y se infla, el México político actual es y no es —diría Paz— lo que el hoy recordado conoció, pero… Las nuevas generaciones de lectores quizás no han leído sus artículos políticos y no saben quién fue “en verdad” Octavio Paz en los ritos políticos de cada día.
Además, falta en los estudios literarios la vida privada de los escritores. Octavio Paz fue un hombre autoritario. Su ex esposa Elena Garro así lo describió. Su hija, Elena Paz, fue recluida en asilo después de la muerte de su madre. Y el encuentro de Paz con quien lo acompañó al final de su vida seguirá silenciado por quienes no quieren ver que en las obras literarias, por magníficas que sean, hay gente común y corriente, desconocida por quienes admiran sólo una parte de la historia.
Todo homenaje, para ser creíble, debe incluir a los críticos. En el caso de Paz, propongo leer o releer a Jorge Aguilar Mora y a Tarcisio Herrera Zapien. Sin embargo, las reuniones de amigos que hablan bien de sus amigos van a seguir porque están enraizadas en las costumbres de nuestra época. Saber quién fue realmente un personaje famoso requiere dejar que disminuya su fama con el tiempo. Como sea, el futuro siempre pone a la gente en su lugar.

PAZ, NERVO, URBINA

Luis G. Urbina murió en España en noviembre de 1934 y en diciembre de ese año el ataúd con su cadáver llegó al puerto de Veracruz, donde la gente lo recibió con entusiasmo, menos entusiasta que el tributado a Amado Nervo en 1919. (Ver remembranza aquí, entrada anterior.) Durante el traslado por ferrocarril Urbina también fue objeto de alabanzas. Y también fue enterrado en la Rotonda de las Personas Ilustres, en la ciudad de México.
Me pregunto por qué han disminuido las manifestaciones de duelo público en México. En la despedida fúnebre a Carlos Fuentes se impidió el paso de la gente a la ceremonia que fue todo lo envarada que guste y mande el lector. Y, lo peor, ¿por qué el porcentaje de fama define la atención y el ceremonial organizados por los gobiernos mexicanos?

viernes, 28 de marzo de 2014

EL DUELO POR AMADO NERVO

EL HONOR DE PERTENECER A LAS GLORIAS LITERARIAS DE HISPANOAMÉRICA

El cortejo fúnebre que todo marino desearía para sí mismo.

Por Eduardo García Guerrero


En aquel lejano año de 1893, la sede de la Escuela Náutica de Mazatlán era el cañonero México, el cual había sido amarrado como pontón en el Estero del Astillero, a fin de poder cumplir con esa noble tarea pedagógica. Durante una visita visita al barco, desempeñando su labor de reportero para el prestigioso diario mazatleco “El Correo de la Tarde”, el poeta nayarita Amado Nervo quedó impresionado con el cambio de actividad de la antigua nave de guerra, la cual estaba ahora abocada a su pacífica labor educativa.
Esto escribía el poeta en su artículo, al otro día de su visita:

….Un buque que fue de guerra, pero que ahora es de paz, y en cuyo recinto no se escucha ya el clarín que ordena zafarrancho de combate. En cambio, la voz del maestro repercute sonora y, en el lugar en que antes mostraba su boca amenazante un cañón de acero, ahora se levanta erguido, sobre tripie de palo, el pizarrón donde los estudiantes de matemáticas, escriben fórmulas algebraicas…

Qué lejos estaba de imaginar el poeta, en aquellos días de su gozosa estancia en tierras mazatlecas, que su travesía final sería en una nave similar, en el tornaviaje de repatriación de sus restos mortales, en el cual sería objeto de innumerables honores. En ese entonces, aún le quedaban muchas aguas por navegar.
En Mazatlán estuvo escasos dos años, pero la convivencia con sus habitantes y el ambiente festivo del puerto, le marcaron el espíritu para bien y afinaron su vena poética. Cuenta don Genaro Estrada:

Cuando Amado Nervo salió de Mazatlán, ya todo el espíritu del poeta esencial y antonomásico había cuajado en él, con planos y perfiles de tan acusada personalidad que lo único que hacía falta era echar a andar -a volar- aquella finísima susceptibilidad a la poesía, que era la poesía misma en pie, entre apenas la leve materia que aprisionaba un temperamento todo puesto al servicio del arte.

Al culminar esa significativa estancia en Mazatlán y, tras una breve escala en la bella Tepic, su tierra natal, para visitar a su familia, Amado se radicó en Ciudad de México, donde colaboró en numerosas publicaciones y se relacionó con escritores y poetas del país y del resto de Latinoamérica. Es en estos años cuando su hermano Luis, quien también era poeta, se suicida. Este hecho le afecta grandemente y le imprime a su poesía un toque de tristeza. En 1900 viajó a París como corresponsal del periódico El Imparcial, para atender la Exposición Universal. En esta época afianza una relación amistosa -casi filial- con el poeta nicaragüense Rubén Darío. También su vida sentimental sufre un cambio sustancial, al conocer a la que se convertiría en el gran amor de su vida; la francesa Ana Cecilia Luisa Dailliez.

A fines de 1905 entra a la carrera diplomática y es nombrado secretario de la embajada de México en Madrid, lugar donde se radica por muchos años, en compañía de Ana Cecilia y la pequeña hija de ésta, Margarita, habida en un anterior matrimonio de la bella francesa. En 1912, Ana Cecilia contrae tifoidea y, tras una penosa agonía, muere en la casa matritense que compartía con Amado Nervo. Esta muerte marcaría al poeta para el resto de su vida, y el dolor de la separación, sería el motivo que le impulsaría a escribir su estupendo poemario La amada inmóvil. Margarita ya era su hija adoptiva y, con ella, en 1914, emprende el retorno a la patria.
                                                                               
Después de pasar algunos años en México, sorteando las vicisitudes de las revueltas revolucionarias, por fin, en 1918, con Venustiano Carranza en el poder, Amado Nervo es nombrado ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay. Sin embargo, el destino se encargaría de no dejarlo disfrutar por mucho tiempo las mieles de este nuevo cargo diplomático.
Su llegada a la región del Río de la Plata es precedida por su prestigio y marcada por una serie de actos en su honor, otorgados más por su calidad de representante de la intelectualidad mexicana que por su investidura oficial.
Sobre su muerte, al poco tiempo de su llegada a Uruguay, existen muchas versiones. Lo cierto es que, tras el asesinato de Venustiano Carranza en Tlaxcalantongo, el gobierno de México volvió a quedar al garete y los diplomáticos mexicanos diseminados por el mundo, fueron dejados a la buena de Dios. La burocracia, ya de por sí indolente, se debatía en el caos de una nueva revuelta militar y, a duras penas podían ver por ellos mismos. Nervo se quedó sin recursos, a miles de millas náuticas de su patria.
La causa oficial de su muerte fue por uremia y ocurrió el 24 de mayo de 1919. Apenas tenía 48 años de edad.

Su deceso conmocionó a toda América Latina y los homenajes a su memoria no se hicieron esperar. El gobierno uruguayo le organizó funerales de ministro de estado y se dispuso que sus restos fueran depositados en el Panteón Nacional, mientras se hacían los arreglos para conducirlo a México, donde sería su descanso final.
Su féretro estuvo expuesto durante dos días en la Sala de Actos de la Universidad de Uruguay. Hasta ese lugar desfilaron cientos -si no es que miles- de personas, que llenaron de flores el lugar donde reposaba el poeta, cuyo ataúd estaba cubierto por las banderas de México y Uruguay.
A las tres de la tarde del día 26 de mayo, el féretro descendió las escalinatas de la Universidad, en hombros de los profesores universitarios. Al pie lo esperaba el ministro de instrucción pública, quien pronunció, a nombre del gobierno de Uruguay, una oración fúnebre donde exaltaba las virtudes y el genio de Amado Nervo.
En el trayecto de la Universidad a la necrópolis de Montevideo, la gente arrojaba flores desde los balcones, al paso del cortejo.
En el cementerio, en una ceremonia presidida por el presidente de Uruguay en persona, Baltasar Brum, tuvieron lugar numerosas oraciones fúnebres oficiales, de parte de ministros de Uruguay, Argentina, Brasil e Italia. La alocución más sentida, sin embargo, fue la del poeta Juan Zorrilla de San Martín, quien enalteció la obra del poeta mexicano.
El cadáver quedó depositado en la cripta donde se encuentran los restos de José Artigas y demás prohombres de Uruguay.
No fue sino hasta fines de octubre cuando quedaron terminados los arreglos para el traslado del cuerpo al que sería su postrero lugar de descanso. El ataúd, con los restos del poeta, fue embarcado a bordo del crucero Uruguay.


La República de Argentina envió al crucero Nueve de julio, para que formara parte del cortejo fúnebre y, en el transcurso de su navegación lo acompañaron, en algunos segmentos del viaje, buques brasileños y venezolanos. El presidente de Cuba, Mario García Menocal, solicitó que el cortejo entrara a La Habana, para rendirle un homenaje al bardo mexicano. Una vez atracado el Uruguay en los muelles de la capital de la mayor de las Antillas, se llevó a cabo una ceremonia luctuosa en la que varios oradores elogiaron la memoria de Amado Nervo y numerosas damas colocaron guirnaldas de flores sobre su ataúd.
El presidente Menocal había dispuesto que el crucero Cuba se uniera al cortejo fúnebre naval, en el último tramo del viaje de repatriación de los restos. A la comitiva se unió también el buque escuela Zaragoza, enviado por el gobierno mexicano a La Habana, para escoltar a tan ilustres emisarios.
La comitiva naval zarpó de La Habana el 9 de noviembre. Abría el convoy el Uruguay que era el encargado de la honrosa tarea de transportar los restos de Amado Nervo, lo seguían el argentino Nueve de julio, después el Cuba y, cerrando el cortejo, el Zaragoza.

     Foto desde el puente de mando del Uruguay con las siluetas de los demás barcos del convoy funerario.

El convoy llegó frente a Veracruz el 10 de noviembre a las tres de la tarde. El espectáculo que entonces contemplaron los veracruzanos fue grandioso; al ver avanzar con tanta majestuosidad las cuatro naves, formando un cortejo digno de un rey o un emperador. Cada nave que entraba a puerto disparaba una salva de 21 cañonazos, mismos que eran contestados por las baterías del fuerte de San Juan de Ulúa.

                                          Buque escuela Zaragoza

Ese día, debido al mal tiempo no se pudo hacer el traslado de los restos a tierra.
Al día siguiente, 11 de noviembre, a las diez de la mañana y en presencia del licenciado Salvador Diego Fernández, representante del gobierno mexicano para recibir los restos, y con la presencia de las oficialidades de los cuatro barcos, el capitán del Uruguay hizo entrega formal de los despojos mortales. El acto fue sumamente conmovedor; el féretro se encontraba colocado en el alcázar de popa, custodiado por oficiales de los cuatro barcos, en su uniforme de gala, mismos que constituían la guardia de honor. El capitán del Uruguay, tras dirigir un sentido mensaje, donde testimonió el inmenso respeto y cariño de todos los pueblos de Latinoamérica por el poeta y el gran pesar por su repentina muerte, terminó su discurso con estas palabras:

…Ahí lo tenéis, os entrego lo único que se puede entregar del poeta muerto: sus restos mortales. En cuanto al Amado Nervo inmortal, no puedo entregároslo, porque también nos pertenece; porque pertenece a las glorias literarias de Hispanoamérica.

Sus restos permanecieron un día más en Veracruz, donde fueron velados en una capilla ardiente instalada en el Teatro Principal. Esa misma noche se efectuó una velada literaria en su honor. Todo mundo recordaba sus escritos y, sobre todo, su historia, a despecho de las predicciones negativas del mismo Nervo, quien había escrito años atrás:

¿Versos autobiográficos? Ahí están mis canciones, allí están mis poemas: yo, como las naciones venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada, no tengo historia: nunca me ha sucedido nada, ¡oh, noble amiga ignota!, qué pudiera contarte. Allá en mis años mozos adiviné del Arte la armonía y el ritmo, caros al musageta, y, pudiendo ser rico, preferí ser poeta. -¿Y después? -He sufrido, como todos, y he amado. ¿Mucho? -Lo suficiente para ser perdonado

(Te confieso, estimado lector, que cuando leí este verso, yo tampoco sabía lo que era un musageta. Según el diccionario es el que conduce a las musas o que tiene trato con ellas.)

Al día siguiente, el féretro fue embarcado en un tren especial a la Ciudad de México. Durante todo el trayecto fue objeto de manifestaciones populares de duelo; la mayor de ellas, a su llegada a la capital, donde fue sepultado con todos los honores en la Rotonda de los Hombres Ilustres, antes de que ésta se llamara la Rotonda de las Personas Ilustres.
Por fin, después de casi seis meses de haber fallecido, el poeta descansaba en su patria, esa patria a la que tanto amó, a pesar de tantas desilusiones y desencantos, a pesar de tanto luchar por hacer de ella una mejor nación. En este caso, sus predicciones, cuando escribió el poema Mi México, se cumplieron:

Nací de una raza triste,
de un país sin unidad,
ni ideal ni patriotismo;
ni optimismo
es tan sólo voluntad;
obstinación en querer,
con todos mis anhelares,
un México que ha de ser,
a pesar de los pesares,
…y que yo ya no he de ver.

Ojalá y a nosotros si nos toque ver ese México que Amado Nervo sólo vislumbró en sus anhelares.