Vistas de página en total

viernes, 6 de abril de 2012

POR DELANTE, EL ÁNIMO DE GONZALO ROJAS

HAMBRE DE MÉXICO

Cada amanecer al saltar al Mundo desde la sábana digo en alta voz México. México, y no es por ritualidad ni por fijación sino por encantamiento. Ni es por el enigma de la equis que tanto fascinara a Valle-Inclán ni por incógnita algebraica de nada sino por la cruza genésica de esos dos palos disímiles, uno hacía acá y otro hacia allá, dos flechas disparadas y amarradas en el centro X como el sexo, una cruza casi animal, Oriente y Occidente, como pintan los niños el gran acorde de respirar el mundo. De eso vivo y sigo viviendo. Lo vi antes de verlo como nos pasa con el sol, mucho antes de la madre, a media asfixia de salir llorando. Aunque nuestro México adorado no es asfixia ni lo fue nunca sino Oxígeno y acaso el único oxígeno que nos queda, con otra vez la equis portentosa. Como el Amor que es el único mito que nos queda con esa M igualmente alta en el lenguaje insondable del murmullo.
     México, así: con equis. ¿Y por qué no con el otro fonema en la otra prosodia, la de la Jota o de la iod de la eternidad? ¿Por qué no el otro Méjico que somos todos del Río Grande hasta la Antártica?
     Nademos hondo en ese oleaje. ¿Usted cree que es chileno por mistraliano?, ¿que es argentino por borgiano, cree usted?, ¿qué es peruano por vallejiano, que es dariano por antillano, martiano por cubano, guimaraesiano por fluminense, lautreamoniano por montevideano, costino o andino por mero azar, en burro o a caballo, paisano de la paisanería de estas patrias despedazadas, cree usted?
     –No, mi señor, usted anda con su México a cuestas desde los grandes días presurosos desde hace tres milenios, su México en el seso y en el corazón, ese México que nos sigue naciendo todavía, el que le enseñó su ritmo al Mundo, el que aprendió en las mismísimas estrellas su número, su cero primordial; ese México único de la imaginación y del coraje, del coraje y la imaginación, que pintó la pintura como ninguno, cuyo ojo, cuya mano, cuya oreja con guitarrón y todo hicieron mil veces el planeta desde la tradición a la invención. Esa nariz siempre adivina de lo uno y lo múltiple de las cosas como los jónicos, y –aunque parezca irrisorio– hasta ese paladar que le enseñó el sabor de lo nutricio a los otros arribistas recién llegados de más arriba, ¡que coman bien alguna vez los viles mercaderes!
     No es mía la nostalgia, pero siempre irán conmigo tantas figuras del gran México. Ahora mismo se me aparecen tres como si estuvieran aquí mismo escribiendo con mi mano o respirando con mi resuello:
     1) Reyes regiomontano, sobre ese rápido abril del ‘59, cuando me abrió la puerta grande de su casa de Benjamín Hill en el DF y me puse a subir por la escala alfonsina ¡y se nos fue a morir en el diciembre oscuro de esa fecha!
Hablamos largo esa vez. Yo venía de China fascinado por mi diálogo con Mao Tse Tung, tan lozano y precioso como el suyo en ese instante. Le dije mi adicción más que mi adhesión a su obra caudalosa. –“Nunca tendremos uno como éste en nuestro Chile”, me pensé en un relámpago. Leer a Alfonso Reyes (Borges dixit) es aprender a escribir. ¿Qué más le debo a Reyes más allá de su cortesía y ese estado de gracia que era su diálogo y su maestrazgo? Hoy lo pienso: la poda, l’ostinato rigore que decía Leonardo.
     2) A Rivera, Diego Rivera, me fue dado verlo en Concepción de Chile en un mercado de mariscos, alto y destartalado. Y pasó necesariamente lo increíble: mientras cuchareábamos en pie las delicias de piures y mariscos y otras centollas centelleantes en los platillos artesanales vino el estruendo de un terremoto (una de esas pulsaciones fuera de madre que estremecen la geología de Chile), y todo fue vaivén de cuchillos y vidrios por todas partes. –Vamos a la calle para mirar mejor, me dijo el gran mirón.
     Y claro, la calle era otro sacudón interminable y menos flexible, una serpiente pavorosa, en la disnastía de aquella otra del DF allá por el ‘85.
     ¡México! Es que no se ha descubierto todavía. Ni apenas descifrado. Le nacen sus poetas, sus pintores, sus músicos pero no se ha descifrado el gran misterio. Aunque claro no habrá otra región más transparente y más secreta. A ella me encomiendo cada día.
     Alguna vez oí que entre todos los pueblos-mundo del planeta, ése y no otro era el más pueblo-mundo. No sé y de lo que no se sabe más vale callar. Artaud sabía más, los otros no pasamos de aprendices y estoy hablando de los forasteros, los afuerinos, los pajueranos, como dicen en Chile con humor.
     Pobres líneas las mías, No nací ahí, no merecí. Se me dieron otros volcanes. Pero ésa es mi morada y en cuanto a surrealismo, surrealismo para qué como dijo Breton. Ya todo anda ahí, del dragón al caracol, del laberinto de la soledad a lo monstruo que no perdona del gentío y que ya pide otra galaxia.
     Nos vemos, ténganme por diáfano.

REINICIO

Nos disculpamos por la inactividad de este blog las semanas recientes y les informamos que ya estamos de vuelta. Agradecemos sus mensajes de apoyo y sobre todo sus visitas. Como en los teatros, vale decir: ¡comenzamos! Les agradecemos que corran la voz, pues quizás perdimos a algunos amigos lectores. Desde mañana avisaremos por correo electrónico que estamos retomando el trabajo.


A todos, gracias

jueves, 23 de febrero de 2012

LA MUJER QUE ESCAPABA DE NOCHE, DE GLENDA CASTILLO MUÑOZ / JAIME VELÁZQUEZ

La narrativa en la ciudad de Veracruz tiene muy pocos cultivadores. Y mujeres narradoras hay tres o cuatro (Norma Lazo, Lucía Deblock, Fernanda Melchor), por lo que el libro La mujer que escapaba de noche (CONACULTA-IVEC, 2010), de Glenda Castillo, es una joya. Glenda tardó años en decidirse a publicar y así lo hace constar en el prólogo Ursula Ramos, quien ha atendido el taller de Literatura del IVEC desde que éste abrió sus puertas, a fines de los años ochenta. Así que podemos asegurar que el tiempo de maduración de una escritora se parece al de la planta que termina siendo embriagante tequila, el maguey.

            Frecuentador de los relatos escritos por hombres, he sentido especial curiosidad por la producción originada en las formas de ser de las mujeres. Hay que recordar que Aurore Lucile Dupin tuvo que dar a conocer sus obras bajo un seudónimo masculino, George Sand. Flaubert provocó la discusión más conocida en el siglo XIX a propósito de la señora Bovary. Pero los maestros en el retrato novelístico de las mujeres son muchos, el más notable es Leopoldo Alas, autor de la admirada Ana Ozores, en La regenta. Y por fin aparecieron las mujeres para escribir.
            En 2007 llegó a Veracruz el libro Atrapadas en la madre, que unió a Elena Garro, Rosario Castellanos e Inés Arredondo, nacidas en los años veinte, con escritoras que deben haber empezado sus carreras literarias en los años cincuenta o sesenta. Los cuentos de Glenda Castillo muy bien podrían aparecer en un volumen que incluyera a escritoras de las nuevas generaciones, por la calidad de su escritura y por el mundo que describe.
            El libro de Glenda trata asuntos con finales abiertos. Son diecisiete textos que tienen como personajes principales a mujeres, excepto dos. Hay en todos un movimiento que le da carácter al libro, imagen de lo que está pasando en la sociedad actual.
            El libro empieza en la playa y llega al desierto, a Ciudad Delicias, recorre urbes y lo que hay que preguntarse es por qué se están yendo las mujeres, o a dónde van. Uno de los cuentos se llama “La mudanza”, lo cual remarca esta movilidad. Puede tratarse del impulso que las está llevando a Estados Unidos, o a la muerte. Hay en nuestros días, y en la escritura de Glenda, una violencia contenida y una fuerza que se manifiesta rompiendo el pasado conocido, que acecha en cada página, incluso en el cuento infantil del final, “De princesas y dragones”.
            En el primer cuento leemos:
            “Los diminutos pies descalzos dejaron un leve rastro en la arena que la marea borró por completo”.
Así abre Glenda su libro, abre las puertas de un mundo cuyos orígenes quedan fuera de la historia. Más adelante, la mujer dice:
“No tengo a dónde ir.”
            Y acerca de su nombre, afirma:
            “Yo me siento como si tuviera todos” (los nombres).
            Entonces la narradora redondea su intención:
            “Él no conocía ningún detalle de su vida, nunca preguntaba de dónde venía, ni qué hacía aquella noche en la playa”.
            El final, las huellas, la marea, confirman la delicada naturaleza de la mujer, un ser evanescente.
            El prodigio del encuentro, como si se tratara de la aparición de una sirena, es también un drama: “el mar bota lo que ya no sirve”, dice el pescador. Encuentro este ambiente, resuelto con trazos rápidos, paralelo al de Las pirañas aman en cuaresma, de Hugo Argüelles, en una versión inesperada.
            Cinco personajes no tienen nombre en el libro, lo que incrementa la validez social de los asuntos tratados. En uno de los relatos, la mujer que acude a consulta con un sicólogo insiste: “Díganme Pily”. Vuelvo a la mujer del pescador del primer cuento, de quien se nos dice que “se había acostumbrado al cambio de nombre”, ya que “su nueva vida requería (…) renovada identidad”.
            Esto, la búsqueda de identidad, es una de las claves que ofrece Glenda para hablarnos de lo que están haciendo las mujeres en estos tiempos. La señal primera de su nueva condición empieza con el nombre.
            Al lado, el hastío masculino, quizás cierto cansancio histórico, descuida la mágica feminidad y –pienso– pierde a Eva, la primera mujer sin nombre de nuestra cultura. Quedamos de esta manera frente a una nueva historia: no habrían sido dos los expulsados del paraíso, sino uno, el huraño, el díscolo hombre.
            En otro cuento, “Lo perdí cuando…”, el varón abusivo morirá, a pesar de que “eran otros tiempos, un hombre podía matar a su mujer y nadie decía nada, estaba bien, para eso era suya”, cuenta la nieta. Al huir, cuando era joven la abuela, se pierde al no distinguir en el monte “los caminos de hombre”. Queda claro. La mujer al irse hace un camino nuevo.
            En el cuento infantil y en el que trata acerca de una familia, “Casa ajena”, la escritora plantea esperanzas y soluciones. En uno, la princesa no será rescatada eficazmente por un príncipe, aunque sí recibe la ayuda que él le dará, ya que “todas las princesas son rescatadas” –dice la madre a su hija–, pero no para ser adornos de sus palacios sino porque saben “amarse mucho a sí mismas”. El cuento mil veces contado es actualizado con un humor escaso en la literatura: el príncipe le regala una grabadora con pilas “del gato negro” y cassettes de Serrat y Perales, y la princesa pondrá un spa  para atender a las damas del reino. Sin embargo, la narradora revelará que fueron felices para siempre, “pero cada quien por su lado”. En la primera ausencia del príncipe, que tiene que ir a ver a una ogra que lo retiene, éste al regresar no encuentra a la princesa: “¿qué pasó con ella?”, pregunta la niña que escucha el cuento. Los lectores deben saberlo. La narradora lo plantea así: si una mujer encuentra al verdadero amor, toma la forma de éste. Ella no espera al príncipe porque “se habría convertido en ogra”.
            En “Casa ajena”, el más extenso de los cuentos, una familia llega a un pueblo abandonado y ocupa la casa más habitable, a la que llegará la hija de la difunta propietaria.
            “–El pueblo se está muriendo –dijo el hombre–, sólo hay viejos y mujeres; los niños nada más crecen tantito y se van, las chamacas de sirvientas y los varones al otro lado a buscar al padre que hace tiempo no manda nada, ni siquiera una carta, y luego, cuando las mujeres se ven solas sin hijos y sin marido ¿a qué se quedan?... También agarran camino, sólo hay algunos viejos, no se van porque si los desarraigan se mueren, apenas sobreviven con lo poco que algunos envían…” (pág. 31).
            Hay aquí una curiosa idea de la narradora. El padre de su relato, un “capitalino”, no conocía la tierra porque había pasado su vida en un departamento y en una fábrica de cemento. Había conocido la arena de Acapulco, pero nada más. La única tierra que recuerda es la que vio de niño en una maceta.
            Lo demás lo adelanto aquí porque es otra clave del libro. Los lectores nos preguntamos, a lo largo del libro de Glenda Castillo, ¿a dónde van las mujeres que escapan? Es posible que en “Casa ajena” esté la respuesta.
En dos momentos distintos (en las páginas 31 y 41) surge la interrogante: “¿a dónde vamos?”. Y hay que saber responderla para evitar la separación de la familia. En un viejo vehículo va la abuela paterna, el papá, la mamá, dos hijos jóvenes y dos hijos niños, gemelos. Hay otros personajes: Eustacio, su hija Blanca y Eduviges, la heredera de la casa. Un relato maravilloso, escrito con maestría, ya un clásico para la literatura veracruzana y para México.

miércoles, 22 de febrero de 2012

5º ÍNDICE, 20 ENERO-22 FEBRERO

20       Índice dic. 2011 – 19 ene. 2012
            jesculturas@hotmail.com
            Tlatlatok Tetl
            Heliotropo / Pilar Campos Velázquez
21       Número 1, Caimán ediciones
            Ejército enemigo, Alberto Olmos (El placer de la lectura)
22       Domus XX. El olfato: cuentos. Glenda Castillo Muñoz
            México ausente. Festival de Cine Sundance
23       Concurso Punto de partida 43
            Respiración bajo mar / Luis Gerardo Pulido 1
24       Sin poesía no hay cambio posible / Tito Alvarado
            Carta invitación de Tito Alvarado, Proyecto Cultura Sur
            A la raíz. Múcar en Museo de Antropología de Xalapa
            Premio Cervantes, el de Querétaro
            Cine club USBI-Mocambo
            Respiración bajo mar / Luis Gerardo Pulido 2
25       Gelman en el Palacio / José Ángel Leyva
            Dr. Antonio Rodríguez Alvarado
            El colectivo Múcar en el MAX
Respiración bajo mar / Luis Gerardo Pulido 3
26       Ana de la Reguera en Paraíso travel
27       Entre vecinos / Gastón Segura
            Atenta lectura / Ladislao Aguado
            Micaela García Gálvez. Reconocimiento
28       Gaceta on line, núm. 58
            TV Azteca engaña niños
29       Nexos, déficit en información literaria
            Leer, escribir, así pasan los días (Revista Nexos)
            Autores por conocer, libros por leer (Rev. Nexos)
            Novelistas, cuentistas
            Agregue autores mexicanos a su biblioteca personal
30       Centro Veracruzano de las Artes (El carnaval)
            Fernando Sorrentino, desde Buenos Aires
            Esta semana (anuncios)
31       Týr y las crónicas de los dioses guerreros
            Daisy Medel
            El libro de las maravillas, de Clemont / Pepe Rodríguez

FEBRERO
1          Cumplemeses
Venta en el ex Torremar
MVS: Mono Blanco raja de show falso
La bienal internacional de cartel en México
Sánchez Robayna y las traducciones / Ricardo Martínez
2          La novela de Fernández Fe / Benito Garrido
            Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca
            Diplomado en Creación Literaria
            Jorge Cuesta por Evodio Escalante. Libro definitivo
3          Libros de EU. Febrero
            Poesía visual en México. Samuel Gordon, editor
            Micaela García Gálvez. Reconocimiento
4          Domínguez Cuenca, Vigil y Guiochins
            Rafael García Sánchez, director de Quorum
            En el Weso
            David Martín del Campo en Mazatlán
            Por vez primera / Ramón de Jesús Hernández Olivares
            Jesús Garrido, “La dolce vita”
5          Fiestas de la Candelaria, Tlacotalpan
            Gabriel Fuster en Tlacotalpan. Minicrónica de Gabriel Fuster
            Librado Basilio en inglés
            Es domingo 5, Violeta Parra
6          Tàpies, un grande de Cataluña
            Wallace Stevens, Harold Bloom, Jeanette L. Clariond
            También mañana, más poesía en el D.F.
7          Quorum
            De “El jazz de una década” / Ladislao Aguado
            Libros de ayer y de hoy
            Cine club USBI-Mocambo
            Reconocimiento a Raúl Hernández Viveros
8          Poetas en Tlacotalpan
            Tàpies, texto y poema de Jesùs Garrido
            Desempleo en el IVEC por renuncia del director general
            Música, festival un año de duración para 2013 en Londres
9          Cartas de Baltasar y María Garzón
            5,000 entradas
            IAGO, El ocaso de los dioses
            Poesía teatral
            Travesía / Jonathan Alexander España Eraso
10       Requiem / Alejandra del Valle Abraham, argentina
            Collar de perlas / Ramón de Jesús Hernández Olivares
            Péreztejada en la Casa del Lago
            Jorge Salvador Lara: historiador, cronista, diplomático de Ecuador
Yves Trémoin – La derivée mexicaine
11       Instituto Veracruzano de Cultura. Carta abierta / Jaime Velázquez
            El dolor del olvido
            Segundo número de Caimán Ediciones
            Taller de novela / CEVART
            Concurso Ediciones Traspiés
12       El tango / María del Pilar Campos Velázquez
            Almadia. 72 migrantes, de Alma Guillermoprieto, comp.
13       Sincretismo carnestolendo / Ivonne Moreno Uscanga
            ¡Ay, Dominga! / Verónica Parra
14       Cine club USBI-Mocambo
            Proceso de Julio Scherer García
            IAGO
            Al pie de la letra / Edmundo López Bonilla
            El agravio / Edmundo López Bonilla
Movimiento Ciudadano de Cultura, Xalapa
15       Gabriel Zaid, policía
17       Horacio Guadarrama, medalla Rivera Avila
            Alejandro Mariano Pérez en la dirección general del IVEC
            La ceiba gráfica
            Libros por leer
            David Owen, En el poder y en la enfermedad
            Caminata de luz por los árboles
18       Carnaval Las Palmas de Gran Canaria
            Carnaval Brasil 2012
            Río de Janeiro: carnaval de fuego, de Ruy Castro
            Concurso de narrativa y verso
19       Presentación Gaceta 59 La otra, febrero 2012
            Noticias de Italia
20       Librería Porrúa, libro de Ricardo Homs
            Cortometraje de dibujos animados
            Cuento inédito / Carlos Roberto Morán
            Los cuadernos de un amante ocioso
21       Busto de Fernando Benítez por Sergio Peraza / Marcela Danemann
            Nadie sabe cómo va a ser / Fátima Garrido García
            Entusiasmo por Fernando Benítez

KAPITOLI / TEDDY WAYNE

Kapitoil es la novela que da carpetazo al Nuevo (viejo ya) Orden Mundial surgido después de la caída del Muro de Berlín y finiquitado tras el 11-S. Esa década en la que todo parecía ser posible, la paz, la integración, la fraternidad entre los pueblos fue sólo un deslumbrante flaxazo que cegó a unos cuantos impidiéndoles ver la podredumbre y la hipocresía político-económica de siempre. Destapar todo eso basándose en una única historia con un personaje de tercera división teórica es uno de sus principales activos.

Estamos en 1999, Karim es un joven matemático e informático qatarí cuya empresa le envía a Estados Unidos para ocuparse del Efecto 2000. Huérfano de madre, con un padre profundamente musulmán y una hermana pequeña que deja estudiando allá se adentra en Norteamérica sin saber prácticamente moverse en el mundo occidental.

Entretenido con sus cálculos y programas crea una aplicación capaz de predecir las variaciones del precio del petróleo basándose en unos curiosos logaritmos. Informa a su empresa de ella, lo que le permite ascender estratosféricamente en la compañía y codearse con el magnate principal de la misma y su esposa. De repente allí, desde esa posición elevada, tendrá que ir decidiendo si se queda con los valores conocidos, cultura, familia, religión o si sucumbe en cuerpo y alma al poder económico arrojando en brazos del capitalismo más radical.

En una vía de dos direcciones Teddy Wayne, su autor, construye situaciones en las que el método prueba-error se reproduce tanto en el comportamiento de Karim hacia otros como en sentido inverso reflejando las ganas y las reticencias del choque intercultural en una vorágine autodestructiva.

Obra sencilla, agradable, fácil de leer pero con un profundo significado y un trasfondo inmenso ubicada en una horquilla de tiempo irrepetible, pervive como símbolo de lo que pudo haber sido y no fue.
                                                              MARC CANELA


Más información: prensa@elplacerdelalectura.com

QUÉ PUEDO HACER / JULIÁN WERNER

Qué puedo hacer
con este necio amor
si tu recuerdo
lo  llevo conmigo

Qué puedo hacer
con tu recuerdo
si a todos lados
lo llevo con amor

Qué puedo hacer conmigo
si amarte es mi castigo
y qué más castigo
el que no estés conmigo

Qué puedo hacer
si te evoco con mi recuerdo
y cuando no te recuerdo
es porque simplemente
estás conmigo

Qué puedo hacer
si te añoro cuando estás lejos
pero cuando estás cerca
ya no te añoro
porque simplemente te adoro

Qué puedo  hacer
con este loco amor
que solo es loco
¿Acaso hay amores que no lo son?
¿O acaso ser loco
no es perder la razón?

Qué me importa estar loco
si son designios de mi corazón
y mi amor es un volcán de pasión.

                                              Canadá, febrero de 2012

martes, 21 de febrero de 2012

BUSTO DE FERNANDO BENÍTEZ POR SERGIO PERAZA / MARCELA DANEMANN

Homenaje escultórico realizado por Sergio Peraza en el centenario del nacimiento del autor de Los indios de México. 

Cumple Peraza siete años de presentar una efigie anual en el Palacio de Minería durante el encuentro literario.

Sergio Peraza fue elegido una vez más por el comité organizador de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, D.F., para realizar el busto escultórico que en esta edición XXXIII recordará a Fernando Benítez, quien fue profesor de la Unam. El busto será develado mañana a las 12:00 hrs. y está  emplazado en las escalinatas del imponente Palacio de Tolsá.
Fue un arduo trabajo realizado en un plazo muy corto. Sus manos moldearon a Benítez en una obra que partió de unas pocas fotografías de archivo. Al escultor Sergio Peraza Ávila (D. F., 1966) le bastaron quince días para lograr su más reciente retrato escultórico, el busto del periodista cultural más relevante del siglo XX en México, Fernando Benítez, que mide 70 centímetros de altura y es de resina epóxica con pátina broncínea.
Los bustos que ha realizado Sergio Peraza desde 2005 han representado a un escritor: Italo Calvino, Federico García Lorca, Amado Nervo, Gabriela Mistral, Ramón López Velarde y Concha Urquiza en el 2010. El año pasado el Estado de México fue el invitado de honor en la FIL de Minería y fue presentada una figura artesanal.
Ser un escultor retratista no es simplemente “copiar de la realidad”, para Sergio Peraza las imágenes no son únicamente material de consulta y trabajo, hay que ir más allá, como lo explica el escultor:

“Durante más de veinte años, en los cuales he venido trabajando el rostro humano en la escultura, en paralelo a mi obra personal, he descubierto que no basta que una obra “se parezca”, es importante que la escultura emane personalidad, vigor, fuerza y  bonhomía; eso  es lo que pretendo cuando me encierro en mi estudio a modelar una cara. Para lograrlo primero debo sentir alguna empatía con el personaje.”
Antes de tener la plastilina en mis manos reflexiono mucho sobre lo que voy a interpretar, en la forma y textura que le voy a conferir a un busto. No sigo fórmulas predefinidas; en cada busto que hago parto de cero. Para los bustos que he realizado durante estos años por encargo de la FILPM he tenido libertad creativa.

Soy creador plástico, me regocijo ante la posibilidad de mostrar mi trabajo a miles de visitantes en este gran escaparate anual  y comparto una de mis pasiones, la de los libros, con gente muy sensible, con autores reconocidos, con poetas jóvenes y con gente sencilla y compleja que visita la FILPM. Es una verdadera fiesta cultural y me enorgullezco de ser parte de la misma. Tengo muchas anécdotas curiosas, y también admito que al mostrar mi trabajo allí me han llegado encargos y exposiciones. Considero que exhibir mi obra cada año en el Palacio de Minería me coloca en un escalafón de la cultura mexicana de primer orden, en el que me siento muy contento por mi edad y por tener los apoyos de la Facultad de Ingeniería y toda la UNAM, mi alma Mater.”

Marcela Danemann es columnista del suplemento cultural
del periódico El Vigía, de Ensenada, Baja California.

Palacio de Minería, Tacuba 5, Centro Histórico Ciudad de México
Mayor información y entrevistas con Sergio Peraza,
 prensa y comunicación: Romina Bulhosen : 044 55 17 03 38 87
artesergioperaza@gmail.com